Cilia Flores, la primera dama de Venezuela, se mueve a ritmo de cumbia, salsa y merengue
Por Germán Rojas Arias
Los dobles carriles de la calle 21 con carrera 23 en el sector del viejo y abandonado parque El Bosque de Armenia, son el escenario donde Juan Diego Velandia Sánchez y su muñeca Cilia Flores bailan al compás de las luces rojas de los cuatro semáforos que controlan el congestionado tráfico vehicular del importante cruce que conduce al occidente de la ciudad.
Todos los días, incluso los domingos, este artista nacido hace 63 años en Armenia, llega a las 8:00 de la mañana con su pareja a su “camerino” ubicado a la entrada del parque El Bosque. La tapia o base que soporta la enorme cabeza del presidente de Estados Unidos Abraham Lincoln, monumento símbolo de la fallida avenida de las Américas, es el espacio donde Juan Diego se maquilla, se viste y se prepara con su compañera para empezar la faena diaria, actividad que le genera los recursos para sobrevivir.
Artista

Juan Diego Velandia llegó a su ciudad natal hace cinco años procedente de Venezuela. En el vecino país permaneció por más de 20 años. En Armenia su niñez transcurrió en el tradicional barrio El Recreo, urbanización que linda con su “oficina” el parque El Bosque. Estudió su primaria en la escuela Ecuador, centro docente cubierto por la sombra de inmensos árboles que estaba ubicado a pocos metros de la plaza de Toros. Terminó su bachillerato en el colegio Inem e inició estudios profesionales en el conservatorio del Tolima donde estuvo cuatro años, pero tuvo que abandonar sus estudios por falta de recursos económicos.
Este hombre que a diario se pinta la cara y se viste de payaso para bailar con la esposa del presidente Maduro en las calles de Armenia, tiene una larga trayectoria en el teatro y en la música. Cuando regresó de Ibagué hizo parte de la Banda Departamental de Músicos del Quindío dirigida en ese entonces por el inolvidable maestro Luis Ángel Ramírez Alzate. “Ensayábamos en el último piso del edificio de los bomberos que destruyó el terremoto”.
Trabajó en la alcaldía de Armenia con títeres y como payaso antes del terremoto. Estuvo vinculado con la administración municipal y los grupos de teatro de la ciudad y del Quindío. “Siempre haciendo teatro y música, esa ha sido mi pasión”.
La selva

Ante un llamado de su hermano, que es enfermero, partió de su terruño para Puerto Leguízamo, donde lo contrata la alcaldía de ese municipio para trabajar con los niños y hacer recreación con personas de la tercera edad. En las selvas del Putumayo hasta logró ser cofundador de una emisora comunitaria en la que tuvo un programa donde alertaba a los jóvenes sobre el perjuicio del alcoholismo y la drogadicción. Los paramilitares lo consideraron persona no grata. “Me amenazaron y expulsaron. Mi trabajo no era bien visto por ellos”.
Chávez

Juan Diego, que ya compartía con la mujer de su vida, decide irse para Venezuela a buscar otras oportunidades. “Nos fuimos por los llamados caminos verdes, yo me presenté inmediatamente en el ministerio de Relaciones Exteriores y conté mi caso. Cáritas de Venezuela empezó a ayudarme. Me dieron hotel, comida, llevábamos un niño que era hijo de ella. Conseguí trabajo vendiendo café, luego barrí calles en Caracas y terminé haciendo cultura en los cerros con el gobierno venezolano. Increíble pero cierto. Mi esposa es pintora entonces hacíamos recreación, títeres, les enseñábamos a pintar a los niños. El gobierno de Chávez apenas iniciaba. Él montó misiones con cubanos en atención médica, de cultura. En esta última me conocieron y contrataron para trabajar directamente con el gobierno venezolano de Chávez quien convirtió la plaza de toros en centro artístico y hasta fundó una sinfónica, pero esto poco a poco fue decayendo. Yo vivía en un refugio en el que permanecí cerca de un año, luego me dieron apartamento en pleno centro de Caracas, amoblado y muy bonito. Subió Maduro al poder y hasta ahí nos duró la dicha”.
Cilia
Empezó a trabajar en las calles de Caracas con la muñeca, con Cilia Flores a quien llamaban “la primera combatiente” en esa época. “Le puse ese nombre a la muñeca porque hacía oposición con los muchachos de la universidad y la gente de cultura. El nombre de Cilia Flores se fue grabando en la gente. Hacía mi trabajo en los lugares concurridos, en el metro, en los semáforos, me iba muy bien. Teníamos buena comida, buena ropa, trabajo y apartamento”.
Cuenta con nostalgia que con Maduro la situación se puso “pesada”. Decide venirse cuando ya era imposible conseguir comida en Venezuela. “Llegó la época de las colas, vendían un mercadito muy pequeño, comprar dos panes era una odisea, empezó el hambre, la hambruna. Me tocaba ir a Cúcuta cuando se podía pasar el puente en La Parada me iba en bus urbano de San Antonio del Táchira a Cúcuta donde trabajaba una semana y subía comida a Caracas para mí esposa y mis hijas”.
Regreso
Se separa de su compañera y de sus dos hijas. Hace cinco años regresó a Colombia, al Quindío, a su querida Armenia. “Volví solo y vivo solo. Con la muñeca y la cumbia que es lo que más me gusta, me gano la vida”.
Un bafle, su muñeca, las pinturas y la ropa de payaso son las herramientas de Juan Diego Velandia. Su trabajo diario en los semáforos de El Bosque inicia a las 8:00 de la mañana, desde esa hora se prepara y adecua a su muñeca. “A las 9:00 llego a la “oficina” y no me voy hasta las 5:00 ó 6:00 de tarde según el clima, de ello depende las ganancias”.
Sin afanes
Este artista de Armenia que a pesar de los años conserva su alegría, vive en una pieza del pequeño hotel El Reposo ubicado detrás de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (iglesia de piedra) en donde paga 20 mil pesos diarios, dice que allí tiene todas las comodidades. Se gana diario 70, 80 y hasta 100 mil pesos. A veces recibe ayuda de una de sus hijas que trabaja en Noruega como chef internacional.
Juan Diego a sus 63 años, a pesar de las circunstancias de tener que salir a las calles a rebuscarse el pan diario, no da su brazo a torcer. Tiene el objetivo de ahorrar algún dinero para viajar al Perú donde lo espera su hermano, que ya le tiene un empleo fijo en un hotel. Con su corazón y cuerpo de artista se tomará el tiempo necesario para llegar al país inca. Proyecta hacer escala en las principales capitales del sur del país en las que bailará con Cilia, su inseparable pareja. “No tengo afán. El futuro es incierto. Mientras tanto, hay que bailar, gozar para mantener el alma viva”.