Henry González Mesa
“La lucha contra la estupidez es una lucha por la dignidad humana”. (José Ortega y Gasset)
A propósito de las decisiones de la Comisión Séptima y de la Plenaria del Senado de la República, al hundir la Reforma Laboral, la primera, y de no aprobar la Consulta Popular, la segunda, y además con la pública, pedante y alborozada celebración por parte de los senadores de la oposición, vale la pena referirnos a la estupidez que demostró esa célula legislativa, como también a la de aquellos colombianos que estuvieron de acuerdo con tan absurdas decisiones.
Sí, en efecto, hubo tamaña estupidez. Primero, porque el Senado quedó en evidencia como un acendrado enemigo de los derechos de los trabajadores, los mismos que habían sido conculcados a instancias de Álvaro Uribe Vélez, durante su primer gobierno; segundo, porque la torpeza del Senado le impidió darse cuenta que estaba atentando contra el desarrollo económico del país, como quiera que al haber mayor ingreso para los trabajadores, indudablemente la economía se dinamiza porque la mayor capacidad de compra conlleva a elevar la demanda, y, por ende, a una mayor producción, lo que a la larga implicará ganancias superiores para los empresarios, tanto los grandes como los medianos y pequeños.
La filósofa Hannah Arendt, en su libro La Condición Humana, nos dice que “la estupidez es un estado de irreflexión y falta de capacidad para pensar críticamente…La estupidez es no solo la ignorancia o falta de inteligencia, sino la incapacidad de discernir sobre el bien y el mal, de comprender las consecuencias de las acciones y ponerse en lugar del otro”.
Las consideraciones de la alemana Arendt encuadran perfectamente en las actividades de los parlamentarios atrás mencionados, los que la ciudadanía ya tiene plenamente identificados y consecuencialmente los castigará en las próximas elecciones, negándoles su apoyo electoral, para así derrotarlos en sus propósitos reeleccionistas.
Y qué decir de los ciudadanos de a pie que cohonestan con las estupideces de los parlamentarios de marras.
Claro está que su condición de estupidez no tiene las mismas causas, pues ellas están asociadas a la ignorancia de que hacen gala y a la alienación en la que están sumergidos, gracias a los medios de comunicación privados, ya sean alquilados o de propiedad de quienes detentan el poder que les es inherente a sus abultadas riquezas.
No advierten los colombianos que comparten las actuaciones torticeras de los parlamentarios que actúan ajenos a las realidades nacionales, y que, si su postura fuera diferente, contribuirían positivamente a disminuir esas enormes desigualdades de todo tipo que persisten en nuestro suelo colombiano, desigualdades que sin lugar a dudas son el origen, en gran medida, de la violencia que nos ha aquejado por tantos años.
Terminemos refiriéndonos a lo que, en resumen, afirma la mayoría de los filósofos, sociólogos y analistas políticos progresistas: “La estupidez es el enemigo más peligroso de toda sociedad”.
P-D. Parece ser que la estupidez continúa puesto que en este momento el Senado de la República pretende aprobar una reforma laboral que es absolutamente regresiva.