Alberto de la Espriella
Colombia para. No por convocatoria ciudadana sino por un inoportuno y caprichoso deseo de quien la gobierna. Mientras el absurdo bélico en Gaza y Kiev avanza y nosotros, como hace tiempos, estamos hoy, a 57 años de mi primera comunión, esperando qué pasa. Y de todo lo que pasa, poco nos damos cuenta, como el ciego de amor o el renuente a reconocer que el mundo conocido está a punto de desaparecer. Y no hay de otra que estallar en esa prosa lírica que antes nos hacía soñar y ahora nos hace temer.
Ya no estás en mi mente como en aquellos tiempos ficticios
cuando queríamos vivir en paz
Donde el uno siempre pensare en los otros
Aunque no siempre los otros pensaran como el uno
El olvido devora los tiempos
Hoy todo fue irreal
Es la historia de una decepción general
De fiestas agitadas y conciertos sin par
De guerras ajenas, libertades prohibidas
De miseria voraz por aquí y por allá
Es la historia terrible que aún no termina
La muerte campea en Gaza y Ucrania
Poderes enfermos de interés perverso
alimentan de dominio inhumano sus egos,
A mala hora paridos por la megalomanía
Son líderes descastados en una pelea sucia
por la posesión del universo
El hambre continental crece entretanto.
Flota la pregunta en el firmamento contaminado
¿Y contra esto quién?