En la vereda La Ceiba, la mañana trae consigo un rumor de hojas anchas, de guaduales que crujen con el viento, de insectos que despiertan entre los helechos. Bajo un cielo cubierto, la humedad del suelo levanta un olor espeso, mezcla de barro, musgo y cultivos cercanos de plátano y guanábana. El terreno, en el pasado silenciado por el conflicto y el abandono, recibe huellas de botas campesinas que abren un nuevo camino en estas tierras de paz, en el municipio de Montenegro, Quindío.
Lo que por más de 20 años fue parte del patrimonio ilícito del cartel del Norte del Valle, hoy se transforma en semilla de justicia: un acto concreto de reparación colectiva y de dignificación de la lucha para 20 familias de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), que recibieron un predio por parte de la Agencia Nacional de Tierras —ANT— en articulación con la Sociedad de Activos Especiales (SAE).
“Como campesinos hemos sido históricamente ignorados y estigmatizados. Esta entrega nos demuestra que las cosas están cambiando, que ahora sí hay voluntad de un gobierno progresista”, aseguró José Naudier Alzate, presidente de la ANUC en el Quindío y directivo nacional. “Es un orgullo saber que iniciamos el cumplimiento de los acuerdos de reparación por la zona occidente. Esto trae también una gran responsabilidad: cultivar este predio en colectivo”.
La ANUC fue fundada en 1971 y priorizada desde el Acuerdo de Paz de 2016. Con presencia en más de 850 municipios y 28 departamentos, exigía acceso a la tierra y una reforma agraria justa para el campesinado y víctimas del despojo. Desde entonces ha enfrentado asesinatos de líderes, desplazamientos, persecuciones y un abandono institucional sistemático.
Aunque la ANUC fue reconocida como sujeto de reparación colectiva en 2015, tras una larga exigencia social y jurídica, solo hasta ahora, con el Gobierno del presidente Gustavo Petro, se da un paso contundente hacia la reparación y una justicia histórica para este movimiento campesino.

Esta entrega significa más que tierra: es una acción política y social que les devuelve la dignidad y el lugar a estas 20 familias campesinas que, por décadas, han sostenido el campo colombiano. Entre sus planes inmediatos, como nuevos propietarios del predio, están la siembra de plátano y café, cultivos emblemáticos del paisaje rural quindiano.
Pero más allá de la agricultura, lo que crece allí es la reconstrucción del tejido social, el fortalecimiento organizativo comunitario y el retorno seguro del campesinado a la centralidad del desarrollo rural.
“Este espacio simboliza un sueño que llevamos años sembrando. La ANUC ha dado una lucha ardua para que la tierra vuelva al campesinado. Esta entrega demuestra que tenemos un presidente que protege los pueblos rurales y está garantizando una Reforma Agraria equitativa para todos”, expresó Alirio Ibarra, líder de la organización.
Pero este camino no termina allí. Ahora, la Agencia Nacional de Tierras está acompañando a las 20 familias campesinas de la ANUC en la formulación de proyectos productivos para que sean beneficiarias del programa Sembrando Vida, y en procesos de gobernanza comunitaria con el fin de fortalecer la autonomía campesina y sembrar un presente desde la soberanía alimentaria.