La entrada: “No podremos olvidar el dolor que sentimos por tu pérdida, pero tampoco olvidaremos la maravillosa experiencia de haberte tenido en nuestras vidas”. (En dedicatoria por los fallecidos en trágicos y fatales accidentes esta semana en el Quindío).
1.- LA LÍNEA MARCANDO SU TERRITORIO.
Por alguna razón, los gobiernos nacionales desde el año 1902, empezaron a hablar de la construcción de un túnel que atravesara la cordillera Central de Los Andes. Su altitud, velocidad lenta subiendo y rauda bajando, el volcamiento de los carros directo hacia los precipicios, y la pérdida de vidas humanas y dinero, fueron las causas que impulsaron su construcción. Cien años después, y cuando todo parecía que finalmente no se haría tal obra, además por costosa, el presidente Iván Duque decidió entregar gran cantidad de plata para hacerla, siendo en su momento, la obra de ingeniería civil más grande de Latinoamérica con 8.650 metros atravesando el alma de una cordillera, que se sentía altiva y lejos de tocarse.
La idea original data del año 1902 y fue del ingeniero Luciano Battle, la cual fue retomada en el año 1913 como proyecto de túnel para un ferrocarril, habiéndose llegado a erigir para ello una estación en Boquía, cerca del actual Salento. En el año 1925 se alcanzaron a perforar 300 metros de dicho túnel ferrocarrilero, por parte de una empresa francesa. Desde los años sesenta, estudios de técnicos japoneses indicaron que el túnel debía construirse a 2.500 metros de altura sobre el nivel del mar.
Los residentes de Calarcá y Cajamarca, sabemos que son miles las veces que el ulular de las sirenas de los carros ambulancias y de bomberos y la sirena avisando a los bomberos voluntarios para acudir en el rescate de posibles vidas en estado crítico, se repiten constantemente. Con la construcción del moderno puente helicoidal, en la entrada a Calarcá, las víctimas que primero eran uno o dos, ya son por decenas en cualquiera de los dos sentidos, porque las caídas de los carros sobre el asfalto, bajando a Calarcá o hacia Cajamarca, se han hecho incontrolables y fatales.
La declaratoria de pedir una revisión al puente helicoidal, bajando a dos kilómetros del casco urbano de Calarcá, es buena, aunque tardía, pero necesaria. Algo anda mal en ese sector; o no es lo suficientemente avisado el peligro para carros, buses y camiones cargados, o no está técnicamente desarrollada la vía para que pueda ser transitada sin peligro.
Toda la vida, los residentes en Calarcá hemos oído que “La Línea es de respeto”, pero un respeto hacia el buen conducir, al lento paso sin exagerarlo, a la obligada revisión del estado actual del vehículo, en preparar todo lo necesario, como un avión que aunque no tendrá carretera por muchos y miles kilómetros, deberá tener el debido cuidado para no dañar su viaje por causas humanas.
En el trayecto de La Línea, es necesario culpar a alguien o algo técnico, para que se reduzca el peligro y la amenaza de su cruce. Eso con un buen trabajo técnico de revisión, algo positivo sucederá.
En la bitácora de Bomberos de Calarcá, debe haber una extensa lista de registros de accidentes, después de inaugurado el túnel de La Línea, el 4 de septiembre de 2020. Pueden consultar.
Según informaciones periodísticas, desde su inauguración, hace 57 meses, esta carretera ha vivido 62 accidentes de tránsito, un accidente cada menos de treinta días.
Falta señalización vial, falta mayor información a los conductores y que podrían entregarla desde el peaje, falta ilustrar a los conductores del peligro de esa llegada al helicoidal, falta saber en que condiciones están los carros (recuerden que muchos le huyen a las revisiones técnico mecánicas), y creo yo, que a ese helicoidal le faltó construirle una curva más, pues no hay razón para que al llegar a ese sector, todos los carros tomen más velocidad, como si la carretera los arrastrara hacia abajo.
Como todos los quindianos y muchos colombianos, lamentamos el accidente horroroso del sábado 23 de mayo de 2025, que sufrieron 23 estudiantes y 3 profesores universitarios, falleciendo nueve estudiantes y un profesor de la universidad Alexander Von Humboldt. Esperamos que la bondad de Dios se haga más grande y los reciba bien.
2.- EL DÍA SIN CARRO, EN ARMENIA.
En cumplimiento de órdenes emanadas de los Acuerdos del Concejo municipal de Armenia, se llevan a cabo en los últimos años, dos días sin carro y sin motos, con el propósito altruista de mejorar el ambiente, disminuir los gases, eliminar los pitos, y hacer menos cansón el tráfico automotor.
Se supone entonces que habrá menos carros y motos, la circulación de carros no será tan apretada ni rápida, los pitos serán mucho menos ruidosos y menos, y la ciudad respirará otro ambiente, es decir, más tranquila. Qué bueno.
Sin embargo, ese día sin carro se utilizan buses, busetas y automóviles de servicio al público, muchos de esos buses y busetas expidiendo ese humo negro, que muestra que no le hacen revisión técnico mecánica a esos carros, y si usted va a pie o en carro, verá que el propósito del día sin carro no se cumple.
Voy a dar una idea: Preguntaremos cuántas busetas y buses fueron sancionados por los guardas de tránsito el día sin carro, por llevar esas chimeneas ambulantes; la respuesta será que ninguno, porque los dueños de esos carros se enojan con el alcalde y con el secretario de SETTA y se pierden por ahí unos voticos.
En Armenia, el día sin carro que además afecta a todo el Quindío, no debería hacerse, no aprovecha a nadie, y manifestarse que cumplió los objetivos, suena como “que no te creo”.
Por lo menos, es muy distinto de los propósitos lo que yo observo, que generalmente es muy distinto a los programadores y patrocinadores de esta idea. Cumplir la orden, es lo que me hace ver la cantidad de inconsistencias y lo absurdo de la norma.
Esperaremos el día sin carro; nos toca obedecer las normas, aunque sea un día perdido para el comercio, ese sí bastante afectado por una orden que, en Armenia, no mejora el ambiente ni medio poquito.
3.- LA PROPUESTA DE REFORMA LABORAL.
Anteayer, se radicó en el Congreso de la República la ponencia mayoritaria de la reforma laboral en Colombia, encabezada por la senadora Angélica Lozano, actuando como presidente de la Comisión Cuarta del Senado.
En esta ponencia llamó la atención el artículo 12, sobre la jornada máxima legal, que propone una jornada laboral no mayor a cuatro días a la semana. Por acuerdo entre trabajadores y empleadores, se podría ampliar la jornada diaria para que permita trabajar los cuatro días y descansar tres, y si hay trabajo por fuera de lo pactado, ese tiempo suplementario será considerado horas extras.
Se trata de concertar en un acuerdo que los actualmente cinco días laborales, sean cuatro días, y descansar tres días.
También se busca establecer que la jornada nocturna esté comprendida entre las 7:00p.m. y las 6:00a.m, a diferencia de hoy, que es de 9:00p.m. a 6:0 a.m., y queda establecido que los dominicales se pagarán con el 100% por 100% de recargo, y los festivos con el 75% de recargo.
Los recargos se irán implementando, así: El recargo dominical al 100% se implementaría gradualmente, así: a partir del primero de julio de 2025, se incrementará a 80% (desde el 75% actual); a partir del primero de julio de 2026, a 90%; y a partir del primero de julio de 2027, se haría en su totalidad.
Además, se crearía el subsidio de conectividad para quienes trabajan desde casa, reemplazando así el subsidio de transporte.
4.- POR UNA LIBRA DE ARROZ.
Contrario a lo manifestado por el ministro Alberto Carrasquilla, cuyo comentario sobre el valor de una docena de huevos por “mil ochocientos pesos ($1.800.oo)” le costó que el país prácticamente lo hiciera renunciar del puesto de ministro de Hacienda, a nuestro gobernador quindiano Juan Miguel Galvis una libra de arroz le cuesta 20 mil pesos, cuando las libras de arroz su precio va desde 2.500 hasta 7.000 pesos o un poquito más, pero poquito.
No debe extrañar a nadie que el gobernador Galvis pague por una libra de arroz 20.000 pesos. Según varias denuncias públicas de meses anteriores, el gobernador Galvis acostumbra pagar más por ejemplo en un contrato de sándwiches, o paga muchísimo más en un contrato para una exposición del Quindío en Bogotá, o pagar muchísimo más por la vía Circasia – Montenegro, o por la construcción de los coliseos para los juegos nacionales; es decir, generalmente termina pagando mucho más de lo que cualquier parroquiano pagaría. De manera que si el gobernador dice que una libra de arroz vale 20.000 pesos hay que creerle; los sobrecostos en su gobierno no han sido poco comunes, al contrario, se suponen siempre altos. En defensa pues del mandatario seccional, diré que si le creo cuando afirma pagar productos más costosos de lo que realmente cuestan.
Aporte de los lectores: “Históricamente, el Renault 4 ha sido lo más vendido en Colombia, superado solamente por Roy Barreras”. (D.R.A.).