Preocupadísimo anda el alcaldito de Calarcá, Sebastián Ramos. Y no es para menos: asegura que un político venido desde Nariño pretende invadirle su «territorio», en especial el corregimiento de Barcelona, como si fuera el mismísimo señor feudal defendiendo su castillo. Al parecer, según Ramos, nadie puede pisar suelo calarqueño sin su bendición. Pobrecito. Tan ingenuo es, que cree que con un comunicado en Facebook puede ordenar a la ciudadanía abstenerse de reunirse con el supuesto “invasor político”. Y claro, abusando de su cargo, soltó esta joya: “…En los próximos días, la politiquería incendiaria con intereses de pasar de un cargo de elección popular del departamento al congreso, llegará a convocar y decirle a la gente que conseguirá que Barcelona sea municipio de la mano de un senador de Nariño…”.

Al alcaldito habría que recordarle que los ciudadanos de Barcelona no son súbditos, sino personas libres. Y si quieren hablar con un senador de Nariño, con un vendedor de aguacates o con el Papa, pueden hacerlo sin pedirle permiso. De paso, qué bueno sería que algún día Barcelona se convierta en municipio del departamento del Quindío, y deje de estar atada a los caprichos centralistas de Calarcá.
Lo que de verdad le preocupa a Ramos es que, si Barcelona llega a tener autonomía administrativa, ya no podrá justificar el despilfarro de recursos públicos bajo la gastada excusa del “beneficio para todos”. Ha convertido las fiestas de Barcelona en una vitrina del derroche, utilizando argumentos como este para defender lo indefendible: “…desde la subsecretaria, reconocemos la importancia de realizar actividades culturales y festividades tradicionales del centro poblado y los corregimientos de Calarcá…”. Las fiestas de 2024, por ejemplo, se las entregó sin pudor al Fondo Mixto de Etnocultura y Desarrollo Social (FONPACÍFICO), con sede en el Valle del Cauca, por la módica suma de $619.500.000. Para las fiestas del centro poblado de La Virginia ese mismo año, repitió fórmula y contrató nuevamente a FONPACÍFICO por $402.310.277 (contrato interadministrativo 001 de 2024). Curiosamente, en 2025, para las fiestas del mismo corregimiento, el presupuesto se redujo drásticamente a $80.600.000. ¿Qué pasó? ¿Milagro de austeridad? ¿O en 2024 pagamos humo?

Lo que queda claro es que entre el alcaldito de Calarcá y los supercontratistas del Valle —FONPACÍFICO incluido— hay una relación más estrecha que la rendija de un sobre sellado. Quizá por eso tanto escándalo ante la posibilidad de perder el control sobre un territorio que, a todas luces, considera suyo. Pero lo público, señor Ramos, no es su finca. Y más temprano que tarde, la gente también se dará cuenta de eso.