Según Jessika Rodríguez (Portafolio: 2025), “Los datos más recientes de los que, hasta el momento, se tienen registros corresponden a 2023. Según la información del WGC, China se mantiene en la cima de la lista como el principal productor de oro; tan solo representó alrededor del 10 % de la producción mundial total al alcanzar las 378,2 toneladas (ton).
En el segundo lugar de esa clasificación se encuentra Rusia, con una producción aproximada de 321,8 toneladas al cierre del 2023. A este país le siguen Australia (293,8 ton), Canadá (191,9 ton) y Estados Unidos (166,7 ton). A nivel Latinoamérica, la producción la encabeza México, con 139, 2 toneladas de oro. Seguido por Perú, con 99,7 toneladas; Brasil, con 86,3, y Colombia, con 61,3.”
Los datos de Colombia, como es lógico suponer, no tienen en cuenta el contrabando, el cual es un problema significativo; según un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, el 73% de la explotación de oro de aluvión en el país es ilícita y afecta más de 63.000 hectáreas, especialmente, en los departamentos de Chocó, Antioquia y Nariño; al sacudir más el informe, uno se da cuenta de que casi la mitad de la actividad minera se realiza en áreas protegidas, incluyendo zonas de reserva forestal. Esto es sumamente grave y está incentivado por la codicia de la delincuencia organizada, a partir de interés que despiertan los minerales más valiosos, como el oro, para toda su cadena de suministros: extracción, transporte, refinado y comercialización.
¿Y qué pasa en nuestras fronteras? La frontera con Brasil es una de las zonas más afectadas por la minería ilegal de oro; los ríos de la Amazonía sufren al ser explotados ´por dragas mineras industriales que aspiran en el río en busca de oro, causando destrucción ambiental y afectando la vida de las comunidades locales e indígenas; si en la Amazonía llueve, en el departamento de Guainía no escampa; allí se encuentra la Reserva Natural Nacional Puinawai; aquí se explota, ilegalmente, oro y coltán, trayendo como consecuencia deforestación y desplazamiento de hábitat de flora y fauna, un verdadero ecocidio.
¿Qué actores están involucrados? Las disidencias de las FARC y el ELN; cobran comisiones ilegales a los mineros y también se encargan de la comercialización de este mineral precioso.
Pero, la llaga es más grande: hay autoridades corruptas que permiten la explotación ilegal de oro y coltán. De otra parte, es bueno saber que esa minería ilegal a la cual me he referido, genera un grave impacto ambiental: deforestación, contaminación del agua y pérdida de biodiversidad; así mismo, las comunidades indígenas y locales asisten a la destrucción de sus territorios y formas de vida.
Me da la impresión de que las zonas apartadas de la civilización no existen para nosotros ni para el Estado; a veces, se aplican baños de agua tibia, pero la rueda vuelve a rodar ante nuestra indiferencia y olvido.