Ha cobrado inusitada fuerza por estos días, los llamados de los médicos especialistas y generales y con mayor ahínco los pediatras y psicólogos clínicos sobre la salud mental, teniendo en cuenta los cuadros y manifestaciones sorprendentes e inéditas que se evidencian en la población infantil de los distintos estratos sociales, altos, intermedios y bajos, incluidos los de la pobreza, o miserias exageradas, o extremas. Hay múltiples factores generadores de los “nuevos e indescifrables y delicados comportamientos y reacciones”, tanto individuales, como familiares y sociales. Sin el ánimo de causar pánico, debemos indicar que la sociedad de hoy está enferma…
Basta con observar la inseguridad urbana y rural, abuso sexual y hasta asesinatos de los niños, los alcances de los feminicidios, muertes de señoras embarazadas. Los asaltos de cada madrugada y a plena luz del día. La altanería de los hijos con sus padres. La pérdida alarmante de la autoridad en los hogares. Los hijos de hoy, atropellando a padres y abuelos, porque los medios modernos de la actualidad, les han enseñado y estimulado el desprendimiento de sus hogares, mediante el sofisma de la total independencia y desarrollo de su personalidad.
Los antisociales especializados en descuartizar los cuerpos de sus víctimas. Los funcionarios públicos y privados, magistrados, abogados, profesionales y empíricos de todas las clases, colores y tamaños, los infiltrados en todos los sistemas de la sociedad, y amigos de los narcotraficantes untados y practicantes de la corrupción. La conformación de las barras bravas, especialmente del fútbol, que son más antisociales que hinchas, o seguidores de un equipo. Reina entre nosotros una descomposición social, reflejada en los comportamientos y actuaciones anómalas de las personas como la beligerancia, la intolerancia y la ceguera emocional y hasta cognitiva, que pide a gritos un proyecto, o programa especial de atención y tratamiento de parte del gobierno central y el nuevo sistema de salud que se nos avecina. Por esto les comparto el texto de un formador espiritual, de quien no conozco su nombre, cuyo enunciado:” los hijos mueren en sus cuartos” nos ubica casi, en un epitafio, digno de observar con cuidado.
“Antes perdíamos a los hijos en los ríos, en los matorrales, en los mares, o quizás en los campos de entretenimiento. Cuando jugaban en los patios oíamos sus voces, escuchábamos sus fantasías y al oírlas en la distancia, sabíamos lo que pasaba en sus mentes. Cuando entraban a casa no existía un televisor en cada habitación, ni dispositivos electrónicos en sus manos. Hoy no escuchamos sus voces, no oímos sus pensamientos. Los chicos están ahí, dentro de sus habitaciones, y por eso pensamos que están seguros. ¡Cuánta ingenuidad humana!
Ahora se quedan con sus auriculares encerrados en sus mundos, perdiendo literalmente la vida, aún vivos sus cuerpos, pero muertos en sus relaciones con sus padres, encerrados en un mundo de tecnológico que en nada contribuye a la formación de niños seguros y fuertes para tomar decisiones moralmente correctas y de acuerdo con los valores familiares.
Dentro de sus habitaciones perdemos a nuestros hijos con las drogas, las conversaciones con malos amigos, con desconocidos, la pornografía, como seducción incontenible inmersos en un mundo de irrealidades y fantasías. Muertos de su identidad familiar.
Se convierten en una mezcla de todo aquello por lo que han sido influenciados y los padres no siempre saben lo que sus hijos son, o en lo que se están convirtiendo.
Saca a tus hijos de la habitación, de las tabletas, del celular, del ordenador, del auricular. Te invito a comprar juegos de mesa, tableros y al menos dos días establecidos en tu habitación. Juegas, diviértete con ellos, escucha sus voces, sus palabras, sus risas. Nos están hablando en su mundo, encerrados en sus silencios. no seamos cómplices de su muerte. Reflexionemos. Aún estamos a tiempo. Que los avances tecnológicos, no nos sorprendan por falta de preparación. estudio y consulta. Prevenir es una ley de la vida.