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¿Al garete?

8 mayo 2025 10:28 pm
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No recuerdo una sola época de paz en nuestra patria, desde que tengo uso de razón. La violencia entre conservadores y liberales, las guerrillas, los grupos paramilitares, los narcotraficantes, la degeneración de la guerrilla y su fusión a las mafias de las drogas y la explotación ilícita de recursos naturales, madera, oro, platino, el robo de hidrocarburos, el secuestro, la destrucción de miles de hectáreas de selvas y bosques, la contaminación de recursos hídricos, el terrorismo; la conformación de las “bacrim” y más recientemente la proliferación de bandas criminales de todo tipo además con tentáculos internacionales y con la anuencia impensable de más de un político en ejercicio dentro de nuestras instituciones “democráticas”. El increíble “arropamiento” a actores del crimen incluyendo alianzas para armar una “revolución” a través del odio, la polarización y la manipulación de algunos grupos bien escogidos que no entienden de que se trata todo esto y solo afirman apoyar un cambio, pero no son capaces de verbalizar cual es realmente el contexto de porque marchan, odian, arengan y protestan. ¿será que aquí lo que existe es un serísimo problema de ignorancia instrumentalizada? ¿será que la autoridad, la sana y real autoridad ha dejado de existir en Colombia? Aquí ya es muy poco el respeto y se llega a extremos gravísimos porque la lentitud de la justicia, en muchos casos su ineficiencia y en otros más y tristemente, la contaminación de algunos jueces y fiscales ya sea por corrupción, miedo, constreñimiento, ha dado al traste con un ambiente de respeto, principios claros y rigurosidad, donde debe haberla. “El mono sabe en que palo trepa” reza el sabio refrán popular y es sencillo entenderlo: un compatriota de esos que agrede a la policía se enfrenta con la autoridad, la amenaza, la manosea… ahora, observemos a ese mismo individuo en una fila de inmigración en Europa o Estados Unidos a ver si es capaz de hacer lo mismo al sentirse presionado. Claro, donde hay autoridad de verdad eso no ocurre pues ya se saben las consecuencias. Tenemos un gobierno impregnado de escándalos como nunca; amigo del desorden, una democracia muy enferma, casi agonizante, padecemos de una desesperanza grave, no estamos defendiendo con honor nuestro tesoro: la democracia, pues en la esquina por donde se vea, predomina el ego, el egoísmo, el amor por el poder, el dinero y no la patria: lo sentimos en todos los escenarios. Grandes empresas asustadas claudicando, políticos trashumantes convertidos en comodines, muchos corruptos, un presidente delirante, que azuza, además provocador, sin importar el riesgo para nuestras relaciones con Estados Unidos, en un maquiavélico juego. Y lo horrible: la indiferencia de muchísimos colombianos. No podemos dejar de alzar la voz pues Colombia así será inviable muy pronto. No nos llamemos a engaño. el riesgo ya es inmenso. [email protected]    

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