José A. Soto
Todo Juicio es una confesión. Mario Alonso Puig
En un municipio de Cundinamarca, mundialmente famoso por cuidar a personas que sufrían un tipo de enfermedad que obligaba al aislamiento extremo y a sumir en la vergüenza las familias del que la padecía, se revivieron recuerdos de un colegio de Armenia. En ese municipio, cuna del más grande de los músicos colombianos, un pequeño grupo de muchachos muy adultos tuvo la oportunidad de compartir o revivir (incluido domingo de resurrección) momentos maravillosos, dolorosos y exitosos. Drama y comedia se juntaron para narrar lo que siempre se narra en estos encuentros.
Y es que dicen que uno no elige a los compañeros del colegio, pero es cierto que algunos terminan siendo como hermanos. En esos pasillos llenos de tareas, regaños y recreos eternos, nacen amistades que se quedan para siempre. Son los que te ayudaban a responder el examen (con disimulo, claro), los que se reían contigo hasta por cualquier tontería, o los que inventaban cualquier excusa para no entrar a clase de educación física.
¡Cómo olvidar al que siempre tenía chicle, al que llevaba el juguito más rico o al que organizaba los juegos en el recreo como si fuera un entrenador profesional! Y sí, también estaban los intensos que estudiaban todo el tiempo… pero hasta a ellos uno les tenía cariño.
En el colegio compartimos los primeros triunfos, los primeros fracasos y hasta los primeros amores (aunque duraran solo una semana). Nos apoyamos en los trabajos en grupo, sufrimos juntos cuando no entendíamos nada en matemáticas, y celebramos como si ganáramos un mundial cuando cancelaban una clase.
Los amigos del cole son esos con los que puedes no hablar por años, pero basta una conversación para volver a reír como antes. Son los que saben cómo eras cuando todavía usabas la mochila más grande que tú y soñabas con terminar el colegio para “ser libre” (¡qué ilusos!).
Hoy, aunque la vida nos lleve por caminos distintos, es bonito mirar atrás y saber que esas locuras compartidas, esos recreos interminables y esas conversaciones a escondidas del profe, construyeron amistades reales y eternas.
Porque si algo es cierto, es que los amigos del colegio no son solo parte del pasado… ¡son parte de los mejores recuerdos de la vida! esos que no se olvidan.