Carlos Alberto Agudelo Arcila
TINTA Y ACEITE en la receta del poema imposible de escribir.
LANZAR EL LAZO hasta cazar el azulgris del firmamento.
SILENCIO Y VINO añejo para celebrar la despedida de nadie.
HARAPOS EN EL alma de la noche, suspendidos bajo los hilos de la luna ausente.
A TRAVÉS DEL agujero en una hoja seca, el reloj perdido vislumbra la hora exacta cuando todo y nada se fusionan.
PALABRAS AGUJEREADAS POR sueños sin alas.
APAGAR FAROLES CON soledades incrustadas en la memoria de la ventana ciega del pasillo.
EN EL PASADO incierto sembrar la noche de cascabelesen luciérnagas encendidas.
DESDE LA PIEL escabrosa del universo, olores de dioses podridos se derraman sobre el alero en el otro lado del mediodía.
DESECHOS DE LUZ y sombra en el banquete donde la eternidad es invitada especial.
VERDADES EXTRAÑAS SALTAN del verdeembalsamado.
SE DESEQUILIBRA EL aullido del lobo en la cuerda deviento.
ESPEJOS ROTOS EN el espejismo del marco por donde la mano del hombre invisible rescata el gemido del agonizanteen el desierto.
LA SED MASCULLA evocaciones del hombre en el río.
ENVEJECEN GOTAS DE lluvia al caer en la piedra recién nacida.
VESTIDURAS IMPALPABLES Y miedos al roto en la antesala del adiós.
ESCALINATAS DE CENIZAS conducen al sueño apócrifode La Bella Durmiente.
TEJE AUSENCIAS Y el tiempo a manera de una corona de espinas ensangrentada en el siglo primero.
FUNDE EL DEVENIR en un péndulo donde se desdobla la pausa última del suicida.
SUSPIROS VENDEN TRANSPARENCIAS de botellas sin vidrio.