Un valor espiritual que se rescata de la tradición de la celebración de la Semana Mayor es la oportunidad que se nos brinda al generarse un ambiente de reflexión y recogimiento. Aquí no es tan determinante la religión que se profese, aceptando que el rito y la devoción pertenecen a los católicos: como en época de navidad, el entorno se comparte sin distingos. Todos celebran la navidad, así como todos de alguna manera se contagian de la solemnidad que en el contexto se respira cada año en los días “santos”. Sin importar el credo o la creencia, el ser humano debe darse un tiempo para el recogimiento, la reflexión y la humildad, puesto que son muchas las pasiones, los ilusorios ídolos, las tentaciones y los “pasos en falso” a los que se expone por el solo hecho de existir, convivir, compartir. Entre señales de amor, traición, dolor, muerte y resurrección como marco principal transcurren estos días que se repiten cada año. La historia cuenta una vida y el tiempo se parte en dos pues el legado que dejo Jesucristo ha logrado sobrevivir a través del tiempo, a pesar de infinidad de enemigos, unos por miedo, otros por abuso, otros por ignorancia, permanecen al acecho intentando aniquilarlo. Una religión mal enfocada, que intenta sobrevivir a través de la culpa y la manipulación es un doloroso concepto de “fuego amigo”, pero otras arremetidas salidas de las entrañas de pensadores que fomentan ideologías – en las que la persona es un numero más, un instrumento manejado como títere, desde el poder del estado; considerando a la familia un peligro y no una inmensa fortaleza – es simplemente la prueba de que el ser humano, en si mismo, sin criterio, sin reflexión profunda y sin objetividad termina convirtiéndose en su propio enemigo. Hace apenas una semana, un ministro de nuestra amada Colombia se atrevió a manifestar que la patria potestad de los menores le pertenece al Estado – salida en falso abrumadora pero muy diciente del entorno en el que ese caballero se mueve y la clase de contexto en el que el poder político colombiano se empecina para debilitar las bases de nuestra sociedad y así conducirnos al abismo del totalitarismo: en todas partes se intenta colar el enemigo de los sanos principios, de la familia, de la sociedad y eso no ocurre por amor al hombre sino por idolatría al poder. También la historia lo ha mostrado: no existe mayor alienación que la de eso regímenes en los que la mentira es la esencia en la que se construye el andamiaje: ¿o es que el estilo de vida de Petro y su mujer Verónica, o el de Maduro en Venezuela, el de los Castro en Cuba, por mencionar lo mas cercano, es congruente con sus discursos? Aunque en toda actividad humana hay errores, hay delitos, hay injusticia que se deben identificar y castigar, creo que no hay mayor cinismo cuando con el discurso mesiánico se intenta hacer creer que llego el redentor de la sociedad. Llevamos casi tres años de escándalos, mal ejemplo, contradicciones vergonzosas y lo que es mas asustador: el derrumbe de la calidad y pertinencia en el sistema de salud, un sistema educativo gravemente herido y con un piloto errático; un sistema productivo en pánico y desesperanza y un ambiente moral contaminado de aires sucios en los que la deslealtad, los escándalos, la impunidad, los falsos testimonios, el derroche, la planificación sociopática mal intencionada y advertida; calculada para la destrucción (llámese “shu shu shu”), el pésimo manejo de la intimidad y sus excesos por parte del presidente, la arrogancia y el criminal discurso de odio y división, han sido las innegables constantes. Bueno, pero hoy es viernes santo y vale una tregua. Hay que defender a la familia, hay que desconfiar del que predica odio, hay que rescatar y redireccionar. [email protected]