domingo 10 May 2026
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Vuelve y juega

16 abril 2025 11:21 pm
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El chisme o escándalo de hoy tiene que ver con que Sarabia entregó nuevo audio sobre Armando Benedetti, ante la fiscalía, el cual contiene conversaciones que lo involucran en posibles maniobras políticas y judiciales; según cuentas, la canciller solicitó una nueva audiencia con la Fiscalía para ampliar su declaración; todo esto le “azara” la plaza a Petro, quien, de acuerdo con las malas lenguas, le ha pedido la renuncia a su funcionaria, circunstancia que se llevaría a cabo después de Semana Santa, una vez doña Laura regrese del Japón.

Según Blu Radio, “Benedetti menciona su supuesta influencia en la Fiscalía y su capacidad para obtener nombramientos dentro del Gobierno: “me dicen que me pueden nombrar de lo que sea, que no pasa absolutamente nada de nada… Ahora (…) con el número uno y con Jaimes, y me dijeron que no pasa un culo (sic), que me pueden nombrar de lo que tú quieras”. No se sabe con precisión, a quién se refiere, posiblemente, al fiscal general,  Francisco Barbosa y al exfiscal delegado ante la Corte Suprema, Gabriel Jaimes.

Sea lo que sea, este pleito se constituye en un verdadero desafío para el Ejecutivo (léase, Petro); es, realmente, una controversia política en Colombia que ha involucrado a estos dos personajes públicos y la situación se desencadenó por un escándalo relacionado con el trato a una empleada doméstica y que tuvo consecuencias políticas significativas:

  • La renuncia de Laura Sarabia a la Dirección del Departamento Administrativo de la Presidencia.
  • Investigaciones y procesos judiciales.
  • Deterioro de la relación entre Sarabia y Benedetti.
  • Impacto en la imagen del gobierno de Gustavo Petro.
  • Cambios en los cargos gubernamentales.

Las preguntas del millón: ¿por qué el presidente ha tenido que sostener en diferentes cargos a estos dos personajes? ¿Qué pena o qué favor está pagando don Gustavo? ¿Es verdad que le da susto que don Armando suelte la lengua y le ponga a bailar el trompo en la uña?

De todas maneras, esto dificulta más la gobernabilidad y deteriora mucho más la escuálida imagen de la administración; así no se llega a ninguna parte. Es indispensable que exista un estado de equilibrio en el ejercicio del poder político, derivado de la solución de demandas sociales y la capacidad del gobierno de atender estas de forma eficaz, estable y legítima.

Como decía mi abuela: “El palo no está para cucharas”.

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