El chisme o escándalo de hoy tiene que ver con que Sarabia entregó nuevo audio sobre Armando Benedetti, ante la fiscalía, el cual contiene conversaciones que lo involucran en posibles maniobras políticas y judiciales; según cuentas, la canciller solicitó una nueva audiencia con la Fiscalía para ampliar su declaración; todo esto le “azara” la plaza a Petro, quien, de acuerdo con las malas lenguas, le ha pedido la renuncia a su funcionaria, circunstancia que se llevaría a cabo después de Semana Santa, una vez doña Laura regrese del Japón.
Según Blu Radio, “Benedetti menciona su supuesta influencia en la Fiscalía y su capacidad para obtener nombramientos dentro del Gobierno: “me dicen que me pueden nombrar de lo que sea, que no pasa absolutamente nada de nada… Ahora (…) con el número uno y con Jaimes, y me dijeron que no pasa un culo (sic), que me pueden nombrar de lo que tú quieras”. No se sabe con precisión, a quién se refiere, posiblemente, al fiscal general, Francisco Barbosa y al exfiscal delegado ante la Corte Suprema, Gabriel Jaimes.
Sea lo que sea, este pleito se constituye en un verdadero desafío para el Ejecutivo (léase, Petro); es, realmente, una controversia política en Colombia que ha involucrado a estos dos personajes públicos y la situación se desencadenó por un escándalo relacionado con el trato a una empleada doméstica y que tuvo consecuencias políticas significativas:
- La renuncia de Laura Sarabia a la Dirección del Departamento Administrativo de la Presidencia.
- Investigaciones y procesos judiciales.
- Deterioro de la relación entre Sarabia y Benedetti.
- Impacto en la imagen del gobierno de Gustavo Petro.
- Cambios en los cargos gubernamentales.
Las preguntas del millón: ¿por qué el presidente ha tenido que sostener en diferentes cargos a estos dos personajes? ¿Qué pena o qué favor está pagando don Gustavo? ¿Es verdad que le da susto que don Armando suelte la lengua y le ponga a bailar el trompo en la uña?
De todas maneras, esto dificulta más la gobernabilidad y deteriora mucho más la escuálida imagen de la administración; así no se llega a ninguna parte. Es indispensable que exista un estado de equilibrio en el ejercicio del poder político, derivado de la solución de demandas sociales y la capacidad del gobierno de atender estas de forma eficaz, estable y legítima.
Como decía mi abuela: “El palo no está para cucharas”.