El día 2 de abril que el soberbio y autoritario Donald Trump denominó el de la liberación y la independencia económica, de manera temeraria inició la guerra comercial mundial al imponer unilateralmente aranceles a más de 150 países. A China acumulados del 54%, Japón 24%, Europa 20% y 10% a la mayoría de países de América Latina, entre otros. Los aranceles son impuestos que amenazan la inversión, la capacidad productiva de las cadenas de suministro y la capacidad de competir frente a otras naciones.
Estados Unidos el abanderado de las libertades, libre comercio, iniciativa privada y la apertura económica, gira hacia el proteccionismo y el nacionalismo, motivado en el sofisma de la seguridad nacional y para poner fin a una supuesta explotación e intercambio desigual de que es víctima. Cuando ha competido con producciones subsidiadas y con dumping.
Consolidó su desarrollo gracias al uso de las armas que le permitieron colonizar y explotar las riquezas de los continentes africano y americano, y expandir su territorio con gran parte de lo que era México. También, gracias a los precios bajos que paga por las materias primas y la mano de obra de los migrantes; que hoy expulsa y trata de delincuentes.
Como no quiere perder la hegemonía mundial y se está viendo sobrepasada por China, que le gana la competencia económica porque produce a menores costos y tiene una balanza comercial deficitaria en más de 295.000 millones de dólares; aspira con estas disruptivas medidas atraer la inversión de capitales, el retorno de las empresas a suelo norteamericano y el renacimiento industrial. Igualmente, busca equilibrar la deficitaria balanza comercial con el mundo, hoy de más de 1.2 billones de dólares, según la Comisión Internacional de Comercio de los Estados Unidos.
No esperaba la retaliación de China imponiendo aranceles recíprocos del 34% a las importaciones provenientes de Estados Unidos, ni las restricciones a las exportaciones de elementos de tierras raras, ni las demandas ante la OMC por violación a los tratados de libre comercio. Por eso, dice que China entró en pánico y se equivocó, amenazándolo con imponer otro arancel adicional del 50%, que lo llevaría a un total del 104%. Al perder competitividad y participación en los mercados internacionales, el matón del barrio, quiere recuperarlos a la fuerza y con amenazas.
El resultado ante la turbulencia y la incertidumbre inducida en los mercados, hizo que se desplomaran los indicadores bursátiles en Europa, Asia y América, con grandes pérdidas. Los índices de la Bolsa de New York cayeron así: Standard & Poors 500 el 10%, el Nasdaq el 9.5% y el Dow Jones el 8.5%. Y el petróleo el 12%. Las pérdidas de las más grandes empresas en la primera semana eran de 7 billones de dólares. Las peores desde la pandemia.
De mantenerse la escalada de los aranceles, la dimensión del impacto sobre la economía es impredecible. Pero la lógica indica como ocurrió en la gran depresión de 1930, que a corto plazo habrá inflación, aumento de la tasa de interés, menor inversión, desempleo, disminución del crecimiento económico que podría llevar a una recesión, configurándose el fenómeno de la estanflación. En esta guerra no habrá ganadores, todos serán perdedores, productores y consumidores en especial los más vulnerables.
El mercachifle y ególatra Trump que solo piensa en acumular riqueza, afirma que con sus políticas arancelarias se viene el boom económico, que es el gran momento para los inversionistas de hacerse ricos. Por eso, ofrece la Gold Card con su imagen, que otorga ciudadanía exprés a quien invierta U.S.$5 millones en su país.
Con esas erráticas decisiones está poniendo en riesgo la estabilidad económica del planeta. Como un emperador romano está incendiando el mundo. Su megalomanía lo lleva a anunciar que aspirará a ser elegido por tercera vez, a pesar que está prohibido por la constitución, lo que acabaría con la democracia.
La volatilidad en el precio de las acciones por anuncios de nuevos aranceles o pausas o aplazamiento de los mismos, induce a la especulación financiera, que solo puede ser aprovechada por los magnates que disponen de liquidez, comprando acciones a bajos precios y esperando que a mediano plazo aumenten de precio, para obtener grandes ganancias.
En Colombia se presenta un doble efecto negativo, por un lado se presenta devaluación de la moneda, que significa pérdida del poder adquisitivo y encarecimiento del servicio a la deuda externa; por otro lado la disminución del precio del petróleo trae disminución de los ingresos monetarios, que agravan la crisis fiscal vigente.
Si con el capitalismo y su fase superior el neoliberalismo, de globalización y cooperación económica, no se logró eliminar el desempleo, la miseria, el hambre y la concentración de la riqueza, que sigue en aumento; con el proteccionismo y las restricciones comerciales, los resultados serán peores. El manejo de la economía no es un juego, ni un casino. Requiere de sensatez, prudencia, responsabilidad, sindéresis y ecuanimidad.
P.S. La EDEQ está incumpliendo la circular externa No 7 del 2017 de la Superintendencia de Industria y Comercio, que estableció que las vueltas tienen que correctas y exactas. Está cobrando valores superiores a los establecidos en la factura de servicios. La SIC debe proceder a aplicar las sanciones correspondientes. El gobierno del “cambio” no ha sido capaz de solicitar al Banco de la Republica acuñar monedas con denominaciones inferiores a $50, para impedir este robo continuado, que en el año representan miles de millones de pesos en contra de los colombianos.