Los antiguos griegos y romanos competían para anexar regiones mediante una combinación de conquista militar, alianzas, tratados, colonización y establecimiento de ciudades, propaganda, diplomacia, economía y comercio; según nuestros historiadores de cabecera, esas alianzas y tratados duraban poco e inmediatamente se iban a la guerra; en ciertos momentos, el imperio romano fijaba límites hasta donde se lo permitía Grecia o, al contrario esta se achicaba hasta donde se lo exigían los romanos; era un “tire y afloje” fundamentado, generalmente, en la fuerza.
La relación entre estos dos “poderosos” (imperialistas) fue compleja y cambió a lo largo del tiempo, por ejemplo, en el siglo II a. C. los romanos conquistaron Grecia y la convirtieron en una provincia romana, de esta manera, los griegos se sintieron sometidos y perdieron su independencia; los griegos se integraron en la sociedad romana y muchos de ellos alcanzaron posiciones de poder, sin embargo, la cultura romana no tuvo más remedio que adoptar elementos de la cultura griega por su fuerza e influencia; en palabras de algunos, los romanos universalizaron lo que los griegos habían creado.
Después de la Primera Guerra Mundial, el mundo experimentó un cambio político, cultural, económico y social; como si fuera poco, se derrumbaron cuatro imperios: el alemán, el austrohúngaro, el ruso y el otomano; se crearon nuevos países (Polonia, Checoslovaquia y Yugoslavia); se rediseñaron las fronteras de Alemania, Francia, Bélgica y otros países. Algo para mencionar es el surgimiento de Estados Unidos como una potencia militar y económica.
Luego de la Segunda Guerra Mundial se dieron cambios geopolíticos significativos: división de Alemania, creación de la Cortina de Hierro, Formación de la OTAN; ascenso de las superpotencias (Estados Unidos y la Unión Soviética), surgimiento de la Guerra Fría, descolonización de nuevos países, reorganización de Asia y creación del Estado de Israel.
Al finalizar cada guerra los poderosos, o ganadores en ese momento, se han sentado a la mesa para repartirse el mundo, crear, suprimir o fragmentar estados; nada se mueve o se cambia sin su permiso.
En estos últimos días Trump y Putin han sacudido el orden mundial en una semana; “han puesto en jaque el equilibrio de poderes en el tablero de la política internacional”. Una llamada, el 12 de febrero, fue la oportunidad para comprometerse a restaurar las relaciones bilaterales y buscar una solución a la guerra en Ucrania; Europa y Ucrania quedaron atónitos, pues estos líderes los dejaron sin voz en unas negociaciones que pretenden determinar su futuro. La pregunta que me hago es: ¿estamos ante un nuevo orden mundial?
No será sorpresa que se fumen “la pipa de la paz” y se repartan todo lo que queda para que quedemos como antaño. Como decía mi abuela: Los que reparten se llevan la mejor parte”.