sábado 6 Dic 2025
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LOS LIBROS SIGUEN VIVOS (7)

20 enero 2025 9:23 pm
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EL DESVANECIENTE MEDIODÍA

Juan Restrepo

Poesía

Tercer Mundo Editores,

Bogotá, marzo de 2000. 

Diseño de portada, Héctor Prado.

Referencias bibliográficas y críticas en ambas solapas y contracarátula.

Dedicado a la poeta argentina Olga Orozco.

104 páginas

“Y la antorcha era el alba. /Piadosos rayos eran/ guiando las bellas sombras/ hasta el entendimiento”. Este breve libro contiene 58 poemas en el característico, casi impenetrable estilo del notable poeta quindiano. Nació en Montenegro en 1930 y por un accidente cerebrovascular que sufrió en el año 2012, falleció el 2 de noviembre de 2014. Único poeta del Quindío al cual un Nobel de literatura se ha referido con admiración. Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel en 1967, le escribió a Restrepo: “Sepa ya que su poesía me parece magnífica y que debe usted refugiarse en ella lo más posible”. Está sepultado en el Cementerio Libre de Circasia. No es cómoda, ni tampoco para pasatiempo poético de cualquier superficial lector, la poesía de Restrepo. Encontrarse con su lenguaje y descifrar el sentido discursivo y metatextual de sus imágenes, es semejante a entrar al complejo mundo poético de Lezama Lima. Se me parecen mucho. No sé si el quindiano leyó y de alguna manera su estilo fue influido por la obra del gran cubano. No hay que buscar en este libro y sus modos de exponer un tema o exteriorizarnos un paisaje, una idea, un evento determinado, sentimientos y espacios del espíritu, todo aquello que estamos acostumbrados a encontrar en la poesía quindiana tradicional. Al final de sus años y en plena madurez estética de su obra parece que Restrepo, si uno lee sus libros con atención y deleite, sin sorprenderse con el lenguaje, este poeta trató de refinar al máximo sus imágenes haciéndolas metáforas de extrema complejidad literaria. Cualquier detalle que reflejan sus palabras, se transforma en otra entidad poética, en una aparición literaria nada común. Juan fue en todos sus libros un explorador surreal del lenguaje, con otras maneras de ver el mundo e intentar hacérnoslo sentir con sus palabras, sin acomodar sus poemas a las exigencias de este movimiento. De eso no hay duda cuando se lee un libro como El desvaneciente mediodía. Por ejemplo, esta estrofa del poema llamado Algo vuela: “Algo vuela, reciente, /como si la medida/ fuera talar el agua/más allá de su orilla. /Algo vuela, reciente/”. Musicalidad y objetos claros que el verso señala. Sin embargo, el poema adquiere extrañas transparencias sintácticas que no son familiares, como atrás lo señalo, para lectores de poesía tradicional. Entre los poetas de esta región, Juan Restrepo es quien emplea imágenes y lenguaje más etéreo en sus descripciones. No olvidemos que Rafael Alberti prologó su primer libro, La idea que verdece. Quisiera saber cómo fue eso. Y qué amistad hubo entre ambos poetas. Y dónde se conocieron. Algún estudioso de su obra nos lo dirá algún día. “Amarra el tiempo, cruje, /ladran los galgos de la resurrección”.

EL CALLEJÓN DE LA CIGARRA

Gustavo Rubio Guerrero

Poesía

Tramar Ediciones Armenia 2014.

Autores Quindianos, no.9

Dirección de la colección: Luis E. Isaza García.

82 páginas.

“Cigarra es el nombre que doy al amor y a la distancia”. Libro compuesto porsesenta y cinco poemas de sólida unidad filosófica y discursiva donde el sarcasmo con nombres propios, y la cavilación existencial despojándolo a sí mismo de tabúes y moralismos, marchan juntos para definir al individuo en su metafísica callejera. Autobiográfico en alta proporción, tanto en este como en todos sus libros, Gustavo se fotografía directo o indirecto con todos sus gustos y disgustos, entre el marco histórico de personajes de su región, de Colombia y del mundo. Entre su sicología barrial. Con su antropología de parques, calles, avenidas, tabernas, cafés, tiendas, y su estética habitual de hombres citadinos. Rubio es el confidente y vocero mayor, en nuestra región, de la poesía urbana que induce a filosofar. Es el profeta sarcástico de los lamentos y confesiones de objetos, barrios, seres humanos, eventos, lugares por donde la gente camina aprisa, sin escuchar ni identificar nunca cuanto Gustavo Rubio como poeta y narrador, caminante siempre solo por  callejones de las cigarras sí sabe escuchar escucha y nos revela desde sus poemas, omitiendo signos de puntuación para darle relevancia a la imagen escueta y fluida  de transparencias conceptuales heideggerianas, filosofando entre lo cotidiano no, pero dándole relevancia gráfica a mayúsculas iniciales cuando comienza versos, alcanza con esta obra altos vértices de expresión poética mediante vivencias intelectuales con momentos emotivos que no puede silenciar. Todo en ellos, forma y disposición versual, temas cercanos a su trayectoria vital, rupturas de sintaxis y espaciados entre un verso, conforman una de las más sólidas obras poéticas entre escritores de su generación.  Es el escritor por cuya obra desfilamos con nombres propios, falencias y virtudes, numerosos escritores quindianos y nacionales, sin dejar por fuera las imputaciones, con sus nombres, a políticos que han menoscabado de tantas maneras nuestra región. Rubio Guerrero consigue con su libro “enfrentar en la construcción de poemas, enfoques de lo macro y de lo micro”, como lo señala él mismo en la presentación del libro, agregando, “en El callejón de la cigarra hice notoria la soledad individual”.  “Sombras densas caen en la Armenia de hace veinte años”.

DE CAMINOS Y ANDARES. HISTORIA DE UNA VIDA

Guillermo Sepúlveda

Prosa, poesía y narrativa

Autobiografía

Edición rústica sin datos bibliográficos de ningún tipo.

Armenia, 2012.

Con numerosas fotografías y dibujos interiores.

168 págs.

“Yo no creo en el más allá ni en la otra vida y por eso soy un apasionado enamorado de la muerte, a la que le he dedicado muchos de mis sonetos”. Este libro de encuentros y memorias, franco en su fragmentada prosa, íntimo collage literario de anécdotas, fotografías, recortes de periódicos, textos en prosa y verso de Guillermo selectivo en sus recuerdos, es un componente más para consolidar la necesaria e ineludible microhistoria que delinea la historia quindiana. Son recuerdos que en sus plácidos años otoñales, el poeta Sepúlveda, decidió recoger, escribir y darles forma de libro para resaltar pormenores humanos, literarios, políticos, sociales, comerciales y de variado tipo en nuestra historia. Sus múltiples viajes, los oficios que desempeñó, los escritores, pintores, músicos, artistas, políticos, gente del mundo empresarial, periodistas, mencionados en circunstancias precisas. En particular, escenas y escenarios del Quindío y Colombia en época de la violencia partidista entre liberales y conservadores. En una lamentable edición fotocopiada, se imprimieron pocos ejemplares. A petición de Guillermo, a quien por aquellos días frecuentaba en Sevilla a raíz de algunas entrevistas que le hice, repartí diez de estos aquí en el Quindío. Y otros diez, de edición semejante cada uno con carátula amarilla y dibujos de portada que no mencionan al dibujante, llamado Sigo soñando, poesía elemental donde recoge 64 poemas, varios publicados en diferentes etapas de su vida. En próximo comentario, me referiré a este libro de Sepúlveda. Hoy por hoy, ambos se convierten en rarezas bibliográficas de considerable valor físico y literario por su contenido. Y en particular, De caminos y andares, lúcidos recuerdos de Guillermo donde docenas de personajes quindianos, caldenses, colombianos y foráneos, se asoman a la historia de nuestra región.  Guillermo Sepúlveda, junto con Carmelina Soto, y Noel Estrada Roldán son los más notables sonetistas del Quindío.  Falleció a avanzada edad, lúcido, lleno de anécdotas en sus diálogos, pleno de recuerdos por donde desfilaban con intimidades de todo tipo autores del Quindío, Colombia y otros lugares de Suramérica. Este libro, articulado con fotocopias y pésimamente impreso, del cual circularon pocos ejemplares, tiene incalculable valor por ser recuento de múltiples aspectos de su vida dentro y fuera de Colombia. Autobiográfico del principio al final. Un libro para encontrarse con sus procesos literarios, con su agitada vida política, con su exilio, sus amores y desamores relatados con prosa despejada, sin regodeos estilísticos para rememorar escenas de su cotidianidad familiar y social. Valioso documento para hacer un amplio mural humano de personajes que conoció el poeta. Escritores del viejo Caldas, pintores, músicos, líderes políticos y religiosos ocupan espacios de reconocimiento histórico para ampliar la perspectiva humana y social del Quindío. El tono anecdótico, informal, sin pretensiones literarias, predomina en este libro donde Sepúlveda, reconstruyéndose a sí mismo, repasa momentos del ámbito literario y cultural de la región y de Colombia. Volumen ideal para ser editado en la Biblioteca de autores quindianos. “A Lucelly la conocí cuando ella tenía 17 años y yo cerca de 50, una inocente locura que nos permitió gozar sin prejuicios el arrebatado ejercicio de todos nuestros sentidos”.

CRISIS

Gustavo Alberto Ospina Salgado

Poesía

Impresión Nexo Media.

Armenia. Junio 2012.

Ilustración interior del pintor Abiézer Agudelo.

Edición en tapa dura. Cubierta ilustrada por El grito, de Munch.

Solapa de Jorge Eliécer Echeverri y contracarátula con palabras del poeta montenegrino Hugo Mario Cárdenas Palacio.

Prólogo de Julio Ernesto Ospina.

Presentaciones del escritor Francisco Cifuentes y del poeta calarqueño Elías Mejía.

128 páginas.

“Ay, Federico García: /Regresa con tus cantares /para que crezcan racimos /en las esquinas del aire”. Este elegante libro de tapa dura, contiene 47 poemas en verso libre escritos a lo largo de varias décadas de su vida. Gustavo Alberto nació y falleció en Calarcá, ciudad por algunas de cuyas calles zigzagueaba casi siempre ebrio. Por las mañanas y las tardes. Inofensivo. Saludando a sus amigos y hablando de la poesía que había leído. Y de la que ya no escribía. Federico era su iterativo tema. Y aunque nada nuevo formulaba de él, cuanto hablaba sobre el asesinado poeta granadino, por la emoción que lo embargaba, y casi siempre mascullando los versos por efectos del barato licor que bebía, era un intempestivo homenaje que a pocos calarqueños, en la astillada cuna de poetas, les importaba. En numerosas ocasiones que lo encontré y le invitaba a comer algo, me decía de memoria los mismos versos de A las cinco de la tarde: “Un ataúd con ruedas es la cama/a las cinco de la tarde. /Huesos y flautas suenan en su oído/a las cinco de la tarde. /El toro ya mugía por su frente/a las cinco de la tarde. /El cuarto se irisaba de agonía/a las cinco de la tarde”.  Concluía el fragmento recomendándome leer y memorizar el poema completo. Llanto por Ignacio Sánchez Mejías. Nunca te dije, Gustavo, que en la vasta biblioteca de mi padre Humberto Jaramillo Ángel estaban las obras completas de Federico. Nunca te lo dije, poeta amigo, porque me bastaba con escucharte roer esos versos de García Lorca, con miradas tristes revelándome dolores tuyos y del dramaturgo granadino. Me despedía de Ospina, quien se quedaba repitiendo: “…a las cinco de la tarde, a las cinco de la tarde, a las cinco de la tarde…”  Desde mis 15 años de edad había leído todos aquellos volúmenes por recomendación de mi padre. Junto con varias biografías. Nunca atendiste mi recomendación de escuchar, en Lorquiana, de Ana Belén, el Pequeño vals vienés.

No encuentro explicación lógica para la manera como algunos poetas distribuyen los versos del poema, centrándolos en la página. Sin orden ni simetría y poco gratos a la vista. Nada acogedora la lectura. Le sucedió a Gustavo con su libro Crisis, donde se observa la trayectoria discontinua de quien pudo haber sido poeta distinguido en su pueblo y su región pero que, por sus particulares crisis, visibles para cuantos nos lo encontrábamos vagando con rumbo incierto por las calles de Calarcá, solicitando alguna moneda, dejó inconcluso su talento poético. Poemas con notoria influencia métrico-musical de Federico García Lorca, escritos desde su juventud y que andaban dispersos en periódicos de provincia y revistas donde Gustavo Alberto fue promocionado con afecto y esperanzas. Crisis queda, para la bibliografía de la poesía calarqueña y regional, como libro que tiene aciertos y esbozos líricos sobrevolando en verso libre lo social y lo familiar con metáforas encendiéndose y apagándose durante el poema. Las presentaciones que de este libro hacen el escritor Francisco Cifuentes y el poeta calarqueño Elías Mejía, son páginas congruentes con la la obra y vida de Ospina Salgado. “Hoy yo ya no soy ni aspirar puedo/a volver ser el dueño de azulados confines…”

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