sábado 13 Jun 2026
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Infundir miedo, campaña política de un medio de comunicación

17 enero 2025 10:00 pm
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Detrás de las campañas de algunos medios de comunicación del país para generar miedo entre la población, siempre hay una o varias campañas políticas, y detrás de las campañas políticas están los intereses del poder económico de los más ricos de los países. Y no sucede solo en Colombia, sino también en el llamado primer mundo, como en Estados Unidos, en Francia, Israel y España, ahora mismo.

El anuncio hecho por la revista Semana en Colombia sobre la estrategia de las disidencias de las FARC para expandirse al Eje Cafetero, no deja de ser lo mismo, una campaña para generar miedo, para infundir temores, para forzar las mentes de los ciudadanos a una política de endurecimiento militar que casi siempre está en los programas de algunos partidos políticos. Y que, como se sabe, ha provocado las desapariciones forzosas, los llamados falsos positivos, y los operativos contra aquellos que son sus contrarios electorales.

Lo increíble de este tipo de información del miedo y de infundir temores, es que la publicación deja de lado los análisis históricos de la guerra subversiva en el país, por un lado, y los acontecimientos geo-políticos contemporáneos.

Lo primero que hay que analizar es la poca capacidad que tienen las disidencias de las Farc para expandirse, cuando más allá de una guerra con el Estado, están enfrentando una guerra contra el ELN y otros actores armados como el Clan de Golfo, donde van perdiendo la batalla, además de las bajas sufridas con el propio Ejército colombiano.

Las FARC fueron un ejército de 25.000 hombres cuando los acuerdos del Caguán, en el 2000, pero al momento de llegar al acuerdo con el presidente Santos, se habían diezmado por cuenta de la política de combate que aplicó el expresidente Uribe, y no superaban los 14.000 combatientes. Incluso, desde el 2008, en el Quindío, fue extirpado el único frente en la región, y, para entonces, su baja capacidad no les permitió crear uno nuevo. Ni se diga ahora que son apenas una disidencia que, según cifras serias, no alcanzan los 3.000 hombre en todo el país.

El anuncio de la revista Semana es tan político que ya lo había hecho hace 7 meses, en boca de su entonces directora Vicky Dávila, ahora precandidata presidencial. Crear miedo, generar temores ha sido una constante en el debate electoral en Colombia.

El otro análisis ausente en la publicación es la diferencia de las regiones colombianas. Una cosa es la selva del Catatumbo, o la selva del Chocó, o las del Urabá o el Arauca, incluso las montañas alejadas del Antioquia o el Cauca, otra muy distinta es el Quindío, en la ‘pepa’ del país, en la nuez de la nación, en el puro centro de Colombia, donde está rodeado de batallones del Ejército por todos los costados: Armenia, Cali, Ibagué, Pereira.

Como bien lo dijeron el gobernador del Quindío y los comandantes de la Octava Brigada del Ejército y de la Policía, aquí no se han presentado escaramuzas, y las extorsiones descubiertas a nombre de las Farc pertenecen a delincuencia común. Y tanto el gobierno, como las fuerzas militares están en permanente alerta, mientras que la ciudadanía en un 100% rodea la institucionalidad. Para que la subversión entre a una población tiene que tener fuertes aliados, y en el Quindío no los ha encontrado, históricamente, desde hace más de tres décadas.

El hecho de que Colombia tenga hoy como presidente un antiguo combatiente guerrillero, un hombre de izquierda, tampoco es argumento para que, en los territorios, como el Quindío, se tolere el ingreso de disidencias como las Farc. Esa idea es otro caballito de batalla de los partidos políticos en campaña electoral, a la que no hay que creerle porque sí. Debemos ser más racionales y darnos cuenta que la revista que hace esas publicaciones tiene candidata presidencial, y, ahora, todo lo que diga está orientado a promover esa candidatura, y nada mejor que desprestigiar al gobierno, promoviendo la guerra para las regiones, solo por oposición a la política de paz que, aunque fracasada hasta el momento, sigue siendo una esperanza para muchos colombianos.

El Quindío, por su posición geopolítica, por su historia, sus sufrimientos en la guerra de los años cincuenta y sesenta, por ser uno de los departamentos con menor índice de necesidades básicas insatisfechas, es un territorio que no tolera la subversión, ni de izquierda ni de derecha.

Apoyamos al Ejército, a la Policía, al gobierno departamental en su pronunciamiento de seguir protegiendo el territorio, pero tenemos que ser conscientes, también, que más que los peligros de la expansión de la disidencia de las Farc al Quindío, tenemos que cuidarnos del peligro de un medio de comunicación que, por el afán de promover su candidato presidencial, infunde miedo promoviendo la guerra para una región que, como ninguna en Colombia, goza de una relativa paz.

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