Una pareja de ancianos tiene en Armenia su casa en el aire. Es una pareja habitante de calle que deambula por el norte de la ciudad. Duerme al aire libre en la puerta de entrada de un local comercial cerca al parque Fundadores, refugiada bajo su alero para evitar el agua lluvia, arrunchada en sus sucios harapos y en una vieja cobija para hacerle el quite al frío que inclemente abraza las noches en esta zona de la capital quindiana.

Como esta, hay varias parejas habitantes de calle que tienen sus “casas en el aire” en este sector de Armenia. Las entradas de muchos locales comerciales y de residencias se convierten en las noches en sus camas que, aunque duras y frías, son su único lugar de descanso.
En los últimos meses ha crecido el número de habitantes de calle en Armenia. Deambulan por las calles del norte, del centro y de los barrios del occidente y del sur de la ciudad. Van en aumento. Deambulan con sus costales o bolsas, buscan en las basuras alguna sobra de comida o piden en los restaurantes, cafeterías o a los transeúntes una moneda para calmar su hambre o las ansias propias, en muchos, de sus cuerpos contaminados por la drogadicción.

Están solos, abandonados ante la indiferencia de un gobierno que no alcanza a comprender la tragedia de sus vidas, el origen que los convirtió en habitantes de calle. Ante la indiferencia de un gobierno incapaz de crear un proyecto que remedie en algo su diario vivir, su drama humano.
“Una avalancha de servicios para los habitantes en condición de calle” pidió el presidente Petro a finales de diciembre del año pasado. Destacó el mandatario nacional la importancia de estas personas como sujetos de derecho y especialmente como seres humanos y recordó que de acuerdo con la Constitución del 91 todo funcionario público, todo miembro del Estado debe servirles, no al contrario”.

A la administración municipal de Armenia se le debe exigir el cumplir con la Constitución como lo mencionó el presidente. La alcaldía de Armenia debe, cuanto antes, darle solución a este problema social que no solo afecta a los habitantes de calle sino a la ciudadanía en general y a la ciudad como sitio turístico en donde no escapa a los ojos de los visitantes la desigualdad y poca atención que se les presta a estos seres humanos.
Que se le vea “el queso a la tostada”, es decir que se vea la tan cacarea inversión social de la que tanto habló el alcalde en su campaña política.



