Por Francisco A. Cifuentes S.
“Colombia, tierra querida, himno de fe y armonía
Cantemos, cantemos todos grito de paz y alegría
Vivemos siempre vivemos a nuestra patria querida
Su suelo es una oración y es un canto de la vida
Colombia, te hiciste grande con el furor de tu gloria
La América toda canta la floración de tu historia
Vivemos, siempre vivemos a nuestra patria querida
Su suelo es una oración y es un canto de la vida.”
(Colombia Tierra Querida. Lucho Bermúdez)
Fue precisamente en 1864 cuando se publicó un curioso texto titulado “Diálogo en el infierno entre Montesquieu y Maquiavelo” escrito por Maurice Joly, donde sienta dos grandes de la filosofía política a conversar acerca del totalitarismo, la democracia, las ansias por el poder, el odio de clases y los estragos sociales e institucionales de ciertos discursos, que vienen de vieja data y han sobrevivido hasta las tribunas que hoy conocemos. Por lo menos estos pensadores escribían grandes textos como “El espíritu de las leyes” y “El príncipe”, que a su manera han inspirado de una parte el respeto y la interpretación de las normas para ser aplicadas y poder vivir en sociedad; de donde nace precisamente la separación de poderes que hoy está amenazada. Pero, además, el historiador de la República de Florencia establece los consejos para gobernar, manual del cual han tomado las izquierdas y las derechas, cada uno con su ropaje, sin mediar escrúpulos.
En esta ocasión deseamos citar a dos viejos amigos como lo son Meditabundo y Meditavirus, para que intenten dialogar, así sea por las ramas de un discurso difícil de asir, aprovechando que me los he topado en el purgatorio, para que se expresen un poco a pesar de su inestabilidad e inquietud. De todas maneras, allá en el purgatorio también estaban en navidad.
- Hombre Meditavirus, ¿cuál es la canción que más canta usted por esta época? – inquiere Meditabundo a su viejo amigo –
- Hermano, por ahí tarareo la de Richy Rey y Bobby Cruz “Bella es la navidad”, pero cuando se acerca el fin de año, siempre escucho “El Año Viejo” del inolvidable Crescencio Salcedo. Claro home que no puede faltar el que a todos nos pone a llorar.
- Pero usted si llora Meditavirus, siendo un man tan valiente?
- ¿Cómo qué no? Apenitas se oye “Cinco pa las doce” de ese tal Oswaldo Oropeza, todo el mundo corre a dar besos, hacer llamadas y a chillar. Pero eso mi doctor, antes de ese lloriqueo, ya bien prendido, he azotado baldosa con “Satanás” de mi querido Darío Gómez, que en paz descanse el cucho.
“Satanás es un negro yo lo conozco, yo lo conozco
tiene cachos y cola y es más bien tosco y es más bien tosco
a veces se presenta como un buey y otras como un marrano
como un perro como un gran señor.
Y le gustan las viejas que son muy habladoras
y que tienen la lengua más larga que un guaral
que quitan honras que hablan de sus maridos
y que en vez de hacer bien hacen mal.”
Y Meditabundo le interrumpe la canción para decirle que sería muy bueno que Lucifer llegara de verdad por estas tierras colombianas para calmar esas habladurías de las tales bodegas petristas y uribistas que tienen dañado este País del Corazón de Jesús; tanto, que están es echándole candela por todos lados y que tal que venga otra violencia más.
Ahí es preciso donde hago tercio y me permito apuntar lo siguiente: El gran Lucho Bermúdez sacó a la luz pública su canción “Colombia Patria Querida” en 1970, como autor de su letra y de su música, quedando así inscrita en la memoria popular como una insignia de identidad nacional, desde siempre. Y justo en esta época de navidad y cuando nuestra Selección Colombia gana o por lo menos mete goles, todos a viva voz cantan ese segundo himno nacional. Es muy sencillo denotar allí los grandes temas que concitan a los colombianos para seguir adelante por encima de todas las tormentas de la vida diaria y de las crisis producidas por los todos miembros del “país político” para desgracia del “país nacional”: la fe en su gente, la hermosura de su naturaleza, la armonía que deberíamos tener, la paz necesaria para vivir mejor y progresar y la elevación permanente de una oración por el bienestar de todos, ya que este es un país profundamente católico y, con creyentes o no, socialmente se suelen celebrar los ritos fundamentales; por ejemplo la natividad y el año nuevo. A propósito, es necesario darle el crédito al caudillo Jorge Eliecer Gaitán, cuando acuñó estas dos categorías por allá el 20 de abril de 1946 en El Teatro Nacional, justamente en tiempos de profunda crisis que no cesaría, sino que se acrecentó con su magnicidio el 9 de abril de 1948.
Eran más o menos las doce y media del día y el sol calentaba como nunca, los rayos del rey se colaban por entre los árboles de la avenida, los conductores acelerados hacían pitar estruendosa e irrespetuosamente sus aparatos, los transeúntes faltos de cultura ciudadana se atravesaban sin advertir los peligros de evadir las normas de tránsito y qué decir de los motociclistas haciendo piruetas al estilo serpiente para evadir los colores del semáforo y llevar como fuera a sus pasajeros sin permiso ni bondad. Se sentía que la gente ya tenía hambre y la gastritis hacía de las suyas en los estómagos, mientras otros bostezaban sin esperanza ninguna. Definitivamente este país está en crisis, hay hambre y el odio se está sembrando no solo en el monte sino en edificios y calles por doquier.
Antes de que el reloj de la catedral marcara la una de la tarde, Meditabundo invitó a Meditaviruso a un sabroso almuerzo colombo-francés.
- Hermano, usted que es todo un bacán va almorzar bien o que desea a esta hora, con este mono ardiendo?
- Para lo que alcance. Usted sabe que yo soy pa las que sea – precisó Meditavirus-
Inmediatamente Meditabundo se bajó de unas lucas y compró pan francés, de ese bien duro, y una colombiana litro. Con eso bastaba para continuar la parla entre este par de amigos que solían encontrarse en la catorce para examinar el ritmo del país, desde el sentido común y algunas anotaciones literarias, políticas y culturales.
- Meditavirus, usted que, si conoce bien la movida por toda la patria de las cuyabras, ¿cómo así que aquí todos son fascistas, asesinos y narcotraficantes?
- Aquí casi nadie es un santo, mejor dicho, home, el único santo que yo reconozco es Daniel Santos y eso porque canta muy bien “Virgen de media noche”. Qué temaso, ¿no?
- Pero permítame Meditaviruso yo le agrego otro al santuario nacional. Se trata, para mí, no se para usted, de Juan Manuel Santos y, eso porque le dieron el Nobel de la Paz, aunque esta esté vuelta mil pedazos y con Petroski eso haya hecho metástasis como todos los cánceres de todos los virus y todos los colores.
- Bueno hermano, en La Ciudad Milagro como en Colombia entera ya vivimos justamente de milagro. Aquí tuvimos a Ledher y Oviedo, quien defendió precisamente al tal Samper, ese que ahora también lo quieren elevar al cielo inmaculado, eso sí, después de que bendiga aquí en la tierra a Maduro, Ortega y todos sus amigos. Asesinos, sí ha habido muchos, desde que mataron al Cacique Calarcá, a los Pijaos y en la violencia sí que se campearon por todos lados disfrazados de banderas rojas y azules, mientras el resto no sabía ni leer ni escribir, pero sí gritar vivas con el estómago vacío ¡Qué horror!
Después de acabar con ese manjar colombo francés, se sentaron a tintiar, precisamente aquí donde la cultura del café ha sido centenaria y ahora se decanta para que los visitantes la disfruten, mientras otros especulan acerca del Paisaje Cultural Cafetero, aunque con poco café y mucho aguacate. No tocaron el tema del fascismo, tal vez para no meterse en camisa de once varas. Eso sí, yo que los observaba con detenimiento, recordé que el italiano Umberto Eco, que todos lo conocen por la rosa aquella, en 1995 había publicado un texto breve titulado “Contra el fascismo”, exponiendo con sencillez y lucidez 14 claves para detectarlo.
Y de él valga destacar algunas perlas que pueden endilgársele a sendos bandos políticos hoy dizque en franca contienda: el desacuerdo es traición, surge de la frustración individual o social, los seguidores deben sentirse humillados por la riqueza que ostentan sus enemigos, no hay lucha por la vida hay vida para la lucha, se predica un “elitismo popular” donde los ciudadanos pertenecen al mejor pueblo del mundo y en su partido político están los mejores ciudadanos, cada ciudadano debe convertirse en un héroe, el individuo no vale pues el pueblo es una cualidad monolítica, se crea un neolenguaje donde el lenguaje sencillo y vulgar debe ser superior al de los expertos, se predica el no a los otros y el sí a los tuyos y en cada caso el gobierno siempre tiene la razón.
Habría que realizar muchas explicaciones para tratar de dilucidarlo y aplicarlo a nuestra realidad política; pero es bueno incitar a los lectores a realizar sus propias deducciones y comparaciones. Pues no se pretende aquí que sea Meditabundo o Meditavirus quienes se terminen sesgando después de esta comilona colombo francés. Claro que es bueno recordar que en estas tierras los greco-caldenses fueron fieles seguidos de Don Benito y lectores asiduos de “El Manifesto”; pero, además, conservadores y liberales le rendían culto a Álzate Avendaño hijo putativo de Franco. De otro lado, valga decir la verdad, el otro Manifiesto ha sido la cartilla de todas las vertientes de la izquierda que pregonan el paraíso en la tierra, a costa de los derechos, las libertades y una pobreza generalizada mientras llega la redención definitiva.
- Ya con más tranquilidad y menos hambre, ¿cómo te ha parecido el estilo de la oratoria de los colombianos más ilustres?
- ¿Me hablas acaso de Gaitán, Galán y Petro?
- Creo que si, en parte, aunque se nos escapan Alberto Lleras, Laureano Gómez, Alfonso López Michelsen y Alberto Santofimio. Pero no, los que usted nombró al principio.
- Si claro, ellos tres tienen los mismos ademanes que el italiano, son salvadores y siempre recurren al pueblo. Gaitán y Galán estuvieron en Roma y a Petro le gusta Italia, donde ahora vive Alcocer. Claro que eso no es problema, son ademanes, son ademanes, son estilos, son estilos…
Para ir terminando el año sería bueno hacer una pausa, me refiero a las diatribas de odio, a los atentados y tomas guerrilleras, al sicariato; porque eso sí, el narcotráfico no para y menos en esta época de tanto polvo y tanta pólvora. ¿Qué tal? Todos los poderes públicos y sus respectivos jefes, sean negros, conservadores o blancos, liberales o de izquierda deberían sentarse a ver cómo arreglan el país o diseñan unas reglas mínimas de entendimiento nacional; pues en última instancia aquí debemos caber todos, aunque el pesebre sea muy pequeño y no haya paja pa tanta gente
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Empezamos este corto coloquio con las canciones de navidad y por ahí fuimos incitando no al odio, sino al amor, a la fe y a la oración. Por eso rememoro ya no a Luchito, sino a Borges, cuando en 1976 publicó su cuento “Ulrika”, en el cual un personaje que dice ser profesor de la Universidad de los Andes, afirma que “Ser colombiano es un acto de fe”, declaración adaptada del escritor Zevasco, quién ya había planteado que “la historia es un aco de fe”. Por el momento, sin adentrarnos en el historicismo y en el fideísmo, dejemos en el ambiente que es necesario seguir creyendo en Colombia, en sus ciudadanos, en sus potencialidades y en su capacidad para superar las adversidades y, que la solución no es solamente política y menos, que los salvadores son los políticos de cualquier estirpe; no, cada persona, cada familia y cada comunidad tiene mucho por hacer en su país, empezando en la comarca, antes de salvar el universo entero.