Si las distintas fuerzas que actúan sobre un cuerpo son capaces de vencerse entre sí, de tal forma que ninguna supere a la otra, el resultado esperado es que dicho cuerpo logre mantenerse equilibrado de una forma ideal. Si para obtener el “equilibrio” es necesario cambiar la homogeneidad de esas fuerzas, dando mas peso a unas que a otras, el resultado será un desgaste que en cualquier momento desequilibra la armonía ideal llevando a un desgaste y a un funcionamiento errático. Esta norma es aplicable a cualquier situación de tal forma que traspalando el concepto al comportamiento humano encontraremos que se cumple inexorablemente. Actualmente el mundo está atravesando un momento ejemplarizante de lo que significa la perdida de equilibrio y de continuar así, los pronósticos son devastadores para el futuro de la humanidad. Cada vez son menos los hogares conformados con un plan de vida férreo y comprometido, la tendencia es, en la juventud, a tener mas mascotas y menos hijos, el trato a la tercera edad es displicente, el amor por el dinero supera al valor por sí mismo, la cultura de las formas plásticas del cuerpo tiene mas peso que el moldeamiento de un espíritu sano y a pesar de exageradas teorías, reuniones, talleres, Ongs, estudios, seminarios y similares cuyo objetivo es salvar al planeta o erradicar la pobreza y lograr un mundo mas digno para todos, la verdad es que los resultados finales son frustrantes y ambivalentes: muchos de los adalides de la justicia y la dignidad resultan ser verdaderos manipuladores, expertos en conseguir recursos que terminan al servicio de todo lo contrario parar lo que en un principio se plantearon. Cuando el egoísmo se impone en la actividad humana, se desencadena una cascada de antivalores que alteran gravemente el entorno. Y por eso las guerras, ahora inmisericordes y cobardes; la indiferencia de lideres mundiales, cuando la motivación no es el conflicto en sí mismo sino “que me gano yo con eso”. Por eso la soledad de la juventud, el auge de la producción y consumo de sustancias psicoactivas, auspiciado por gobiernos que dicen combatirlo, pero muestra resultados sociales desastrosos. Por eso el aumento desaforado de los suicidios en niños y adolescentes. Por eso la cultura del odio y la mentira como estrategia de batalla para dominar y apoderarse de la vida de los demás destruyendo, tergiversando y manteniéndolos en la pobreza y la ignorancia. Es muy claro: los valores se alteraron de forma tal que el orden social se extravío. Ahora el criminal goza de beneficios, el ladrón se torna en consejero, el asesino en gestor de paz, el mentiroso en congresista, el estafador en candidato al poder… la inteligencia artificial se torna en amenaza: no porque no se interesante y útil sino porque quien la desarrolla termina por voltearla conta si mismo: si señores, que raro y contradictorio el ser humano: crea las herramientas para terminar utilizándolas para su propia destrucción. Así como muchas cirugías plásticas son innecesarias y mas bien inconvenientes pues no mejoran realidades sino profundizan conflictos internos, así como tantos diálogos de paz son una gran mentira, así como miles de promesas de campaña se tornan en desesperanza y burla; así como el amor al dinero convierte a una persona en un monstruo, así como la perdida de capacidad de asombro, de fe, de admiración y de “temor de Dios” (no temor a Dios que es muy distinto) se han ido esfumando, con la misma intensidad el ser humano, la sociedad, el planeta están perdiendo el rumbo dirigiendo la proa hacia un abismo pavoroso ¿será entonces que se acerca una catástrofe? Porque, aunque parezca pesimista y negativo, nada bueno se puede esperar de una sociedad que, a pesar de la luz, prefiere taparse los ojos del alma y seguir la senda de la destrucción. ¿Defender a bandidos y rendirle culto a la mentira? [email protected]