En la historia del país no existe un gobierno más autodestructivo que el actual. No necesita que la oposición lo ataque, ni que le den un golpe de Estado. El mismo ha hecho todo lo posible para ser derrotado en las próximas elecciones. Arrancó su mandato cazando peleas con los demás poderes del Estado, los gobernadores, los alcaldes, los gremios económicos, los medios de comunicación, etc. En vez de buscar la unión y la concertación, logró la división y la polarización.
El fuego amigo es el encargado de demolerlo. Cuando no son los hijos, la mujer o el hermano del presidente, son altos funcionarios del gobierno por peleas de egos o escándalos de corrupción, o el mismo presidente con sus imprudentes, agresivas e irrespetuosas afirmaciones. Los inmaduros e impresentables Benedetti, Sarabia y Roa, lo tienen de rehén y le imponen sus condiciones, a cambio de no denunciar los graves hechos que conocen de Gustavo Petro y la financiación de la campaña. Porque si lo dijeran, se caería el gobierno y todos se irían a la cárcel.
Por carencia de disciplina y diplomacia, incurrió en la torpeza de irrespetarlos con desplantes o tardanzas que provocaron molestias y enemistades. Invitó a la Corte Suprema de Justicia a la posesión de unos magistrados y a una cena en el Palacio de Nariño, pero el incumplido Petro no llegó. Posteriormente de manera inamistosa y desobligante dijo del presidente de la CSJ, que no concebía a un negro y conservador. Después de más de 2 años quiere recomponer las deterioradas relaciones, anunciándoles que les va a otorgar una condecoración, y por obvias razones es rechazada. Máxime, cuando la CSJ está actualmente investigando a 6 congresistas que al parecer participaron del cohecho de recibir contratos en la UNGRD a cambio de aprobar créditos al gobierno. Por un cohecho similar fueron condenados los ministros de gobierno y de salud y 2 secretarios generales de la presidencia de la República en el gobierno Uribe Vélez. Por lo que los exminisitros Ricardo Bonilla y Luis Fernando Velasco también podrían ser condenados.
El gobierno perdió legitimidad y credibilidad desde que fueron publicados los petrovideos donde en presencia de Petro se autoriza traspasar la línea ética y moral. Y al autorizar el cohecho de la compra de votos de congresistas con puestos, contratos y dinero a cambio del apoyo a las reformas, algunas de las cuales han sido aprobadas bien motiladitas. Perdió además el respaldo popular como lo indican las encuestas, por su accionar errático, ineptitud e ineficiencia del inexperto equipo de gobierno. Por la mediocre ejecución presupuestal y el mínimo cumplimiento de sus promesas de campaña. El ejemplo del fantasma Francia Márquez y su invisible e inoperante Ministerio de la Igualdad es patético.
El gobierno se destaca más por los escándalos, metidas de pata, mentiras, demagogia y populismo, que por sus ejecutorias. Ante los escándalos utiliza la estrategia del negacionismo, de declararse perseguido y víctima de una conspiración de un golpe de Estado (disco rayado que repite desde la posesión). De victimizarse, de hacerse el mártir con supuestas amenazas de muerte en su contra. De que no lo quieren dejar gobernar.
El último escándalo tapa el anterior, que sirve de sofisma de distracción de un escándalo mayor. Como ocurrió últimamente. La gravísima denuncia de la asesora del Minhacienda sobre que el ministro sabía de los contratos a los congresistas a cambio de su voto, fue opacado por el escándalo del tráfico de influencias y colusión de su hijo adoptivo Nicolás Alcocer y su amigo Ricardo Roa, por presiones a la Junta directiva de la Hidroeléctrica de Urra, para la entrega de contratación a sus amigos por 1.4 billones de pesos. Y a este lo oculta con el oso internacional de hacer un costoso viaje (en medio de una crisis fiscal) a Montevideo Uruguay, para condecorar de manera improvisada y sin protocolos al expresidente José Mujica. En la que pretendía izar las banderas de los movimientos subversivos Tupamaros y el M-19, a lo que se opuso el atinado expresidente uruguayo. Sin embargo Petro obsesionado con su pasado guerrillero como miliciano hizo exhibir en el suelo la bandera del M-19. Lo que constituyó un irrespeto a la bandera de Colombia.
El cinismo y la hipocresía del gobierno no tienen parangón. El ministro de hacienda asegura que es inocente, que no incurrió en delitos. Como cree al pueblo idiota, el presidente Petro defiende a su amigo con el argumento que fue víctima de una trampa, de una extorsión. Por qué no la denunciaron? Si es inocente porque le solicitó la renuncia? Por qué renunció el ministro si supuestamente no ha incurrido en ningún delito?
El egocentrismo, la soberbia y la terquedad de Petro le impiden reconocer sus errores y dar un viraje a su gobierno. En vez de dedicarse a gobernar, la molicie solo le deja tiempo para pronunciar largos, repetitivos y deshilvanados discursos y enviar alrededor de 23 trinos diarios, algunos demasiados extensos, donde escribe de todo y contra todo. Discursos y trinos son un barrullo, un sancocho, un salpicón.
Debería aprender del expresidente Mujica que no hizo ostentación de su pasado guerrillero a pesar de que fue combatiente y gobernó con eficiencia, humildad, austeridad, transparencia y cumplimiento de sus promesas. Rechazó la segura reelección pero le dio continuidad al proyecto político progresista. También, de Andrés Manuel López Obrador en México que se dedicó a administrar con humildad, transparencia, austeridad y demostración de gran liderazgo al construir y consolidar el partido Movimiento de Regeneración Nacional, democrático, con centro de pensamiento y escuela de liderazgo. Gracias a su buen gobierno fue posible la elección de su sucesora Claudia Sheiumbaun.
Fidel Castro, Evo Morales, Rafael Correa, Hugo Chávez, Lula da Silva, José Mujica y AMLO, no incurrieron en escándalos de corrupción, ni de clientelismo, ni de politiquería, todos hicieron buenos gobiernos, la mayoría fueron reelegidos y los otros hicieron posible la elección de sucesores afines al proyecto progresista. Petro al contrario saldrá desprestigiado, derrotado y enterrando el proyecto político de cambio.