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LA DESHUMANIZACIÓN DEL FÚTBOL.

18 noviembre 2024 10:05 pm
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Tenemos la tendencia a confundir el avance de la tecnología con el progreso. Puede que la tecnología nos haga la vida más fácil pero no necesariamente mejor.

Deshumanizar el fútbol no es solamente lo relacionado con la violencia que a veces implica su juego o las prácticas mafiosas de muchos de sus actores que se aprovechan de los jugadores o que pretenden ganar a caulquier costo. Esto no deshumaniza, al contrario lo hace más humano, más terrenal, pues la violencia y la maldad también son caraterísticas propias de nuestra condición.

La deshumanización de la que aquí se habla tiene que ver con la tendencia, cada vez mayor, de reemplazar, en un comienzo, la percepción o la intuición por los datos recogidos con GPS y a las personas por las máquinas en el control del juego, representado por el VAR.

La historia nos ha demostrado hasta la saciedad que como consideramos las decisiones humanas falibles, debemos entregar esa responsabilidad a la ciencia y en particular a la tecnología; realmente más a la tecnología que a la ciencia, pues esta tiene al menos algún sentido de la autocorrección. La tecnología, la actual en su máximo esplendor, representada por la inteligencia artificial está tomando carácter de infalible, la hemos convertido en un dios.

Recordemos que los libros que consideran las religiones como sagrados fueron recopilaciones de lo que supuestamente había sido la palabra de dios a algún mensajero, elegido, apóstol o profeta, con lo cual se elevaba a la categoría de infalible, inmutable, de verdad eterna e inmodificable.

La FIFA define como máximo valor del espectáculo del fútbol lo impredecible de cada partido o de cada torneo. Una de las banderas más importante del Fair Play es la de mantener ese nivel de incertidumbre. “Porque en el terreno de juego somos once contra once y cualquier cosa puede pasar”. Se supone pues, que en el campo todos tenemos las mismas posibilidades de ganar perder o empatar.

La tecnología atenta contra el nivel subjetivo que tienen las decisiones humanas, las elimina y las reemplaza por la objetividad y precisión de la máquina; que finalmente no deja de ser una ilusión, un propósito que hasta ahora es inalcanzable, porque, así como los libros sagrados dependen de la interpretación de sus exegetas, el fútbol todavía necesita de la mirada aguda del formador, del entrenador y del árbitro para detectar lo que la máquina no interpreta.

No olvidemos que la máquina copia, repite, pero no crea. La creación es tarea de dioses y los dioses han sido creaciones humanas.

Por favor, no vuelvan el fútbol predecible, ¿de qué vamos a discutir?

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