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Diversidad biológica en Colombia

25 octubre 2024 10:20 pm
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Jhon Fáber Quintero Olaya

Todo el mundo habla en la última semana de la COP-16. No es para menos porque Colombia alberga uno de los eventos más importantes en medio de medio ambiente a nivel planetario. Las discusiones alrededor de las formas de salvar la vida humana y su hábitat están a la orden del día en los últimos años. El cambio climático y las vertiginosas transformaciones de la flora se conjugan con la extinción de diferentes especies animales. 

La escasez de agua en una ciudad como Bogotá acrecentó las diferencias entre su alcalde y el presidente de la República. Por un lado, vía x, se planteó el déficit del preciado líquido como la premonición de una catástrofe, a lo que respondió el mandatario local con un contundente mensaje de calma. El jefe de Estado dijo que en marzo los capitalinos no tendrían como bañarse por ausencia de reservas en los embalses y Galán adujo que eso no era cierto y que estaban preparados para contingencias. 

Este carteo virtual no es sano cuando centenares de naciones hacen presencia en Cali, pero si es señal de los desafíos que en el presente y en el cercano porvenir van a agobiar a las autoridades. Los incendios y la falta de agua han estado en centros urbanos importantes se encuentran en los titulares de los principales medios de comunicación. A nivel internacional los huracanes y desbordamiento de ríos también han sido captados por los lentes de los periodistas, así como el racionamiento de energía en países como Cuba o Ecuador. 

La COP llega al Valle del Cauca en un momento en el que el principal cuestionamiento parte de los compromisos que tienen todas las naciones frente a cambios económicos y específicamente alrededor del desarrollo sostenible. La agenda 2030 para los más escépticos es demasiado ambiciosa y no va cumplirse. Otros consideran que no podemos rendirnos a mitad de camino y se deben fortalecer los planes de acción para que no se fracase en la obtención de metas. Colombia, como anfitrión, presentó el suyo a través del Ministerio de Ambiente. 

El Amazonas como un pulmón del mundo implica un esfuerzo geoestratégico no sólo de los países que lo albergan, sino de todas las potencias industriales. Su protección para por el cambio en algunas medidas legislativas y el refuerzo al control de actividades como la ganadería, la agricultura, la minería y la caza ilegales. Se debe evitar a toda costa la deforestación de este importante ecosistema. 

El presidente Petro ha promovido la idea de cambiar deuda por acción climática, propuesta que sin duda es novedosa, interesante, pero aún sin el respaldo necesario para ser una realidad. Sin embargo, Colombia viene destacando por su infraestructura en materia ambiental y su impulso al cambio de visión económica en los diferentes foros internacionales de los que somos parte. La existencia de todo un Sistema Nacional Ambiental, la declaratoria de áreas de conservación y una abundante legislación que es benevolente con el medio ambiente sirven como punto de base para la transición energética o al menos como ejemplo para la COP-16. El camino es largo, pero se viene recorriendo. 

La consagración de derechos colectivos y del medio ambiente en la carta política, el  medio de control constitucional de protección de derechos e intereses colectivos y el activismo judicial en la materia, ponen a Colombia en el centro de las discusiones alrededor de la naturaleza desde diferentes dimensiones. La jurídica es apenas una complementaria, porque lo esencial está en la inmensa belleza de los paisajes, ríos, montañas, flora y fauna. Bienvenida la COP-16, los compromisos por un mejor mañana o al menos porque exista un mañana. La diversidad biológica es clave para ello.    

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