“Si he logrado ver más lejos, es porque me he parado sobre hombros de gigantes”. Esta frase del célebre científico Isaac Newton revela dos cosas fundamentales: Una, que el progreso es un proceso acumulativo, en el cual recogemos los frutos del trabajo de otros, que vivieron en otros tiempos, otros lugares, otras vidas y con esos frutos enriquecemos nuestra propia cosecha.
Lo segundo que nos revela esta frase es que la humildad es virtud que debe distinguir a los pueblos, porque nuestra existencia en este preciso espacio y momento obedece a una compleja y afortunada serie de acontecimientos en la que no tuvimos ninguna participación.
No estaríamos aquí en Montenegro de no ser porque hace más de 134 años, hombres y mujeres ante cuya valentía y bravura temblaríamos, decidieron domar la espesura de la montaña, infestada de jaguares y serpientes, de hambre y de frío, de oscuridad y de misterio.
No estaríamos aquí en Montenegro si no fuera por las firmes pisadas de los primeros valientes, los que transformaron la adversidad en prosperidad, el hambre en riqueza, el miedo en esperanza. Miguel, Nicolás, Silverio, la indomable Toñita y muchos otros, levantaron sueños en este rincón del imponente Quindío, para hacerlo nuestro hogar.
Ellos son los verdaderos gigantes, sobre cuyos hombros estamos hoy parados mirando más allá, construyendo la ciudad del mañana. Hoy nos rendimos ante los fundadores, reconocemos que si existe algo de virtud en nosotros es gracias a su grandeza, si algún camino digno hemos recorrido es porque hemos seguido sus pasos.
Reciban, fundadores de Montenegro, este humilde canto en honor a Ustedes, gigantes, de nosotros, sus hijos, los hijos de Montenegro.