Después de disparar los misiles, bajaron de los carros para constatar a la distancia que los edificios seguían intactos, le dijo Juanita Lectora, esta vez la escuela estaba en pie donde se refugiaban mujeres, niños y jóvenes palestinos para orar en Gaza. Rusbel, leí que los soldados genocidas habían utilizado bombas especiales para rastrear los humanos y asesinarlos sin afectar las instalaciones. Los muertos inocentes no valen nada, añadió Rusbel Caminante, el colmo la respuesta a los superiores militares: No hubo daños graves.
Apoyo la denuncia de Reinaldo Spitaletta en El Espectador, casi una centena de refugiados asesinados en la escuela del segundo piso de una mezquita. Juanita Lectora le confesó a Rusbel Caminante, ni el tablero se desplomó, la alta precisión de los misiles cae del cielo para explotar los cuerpos en pedazos. Como son refugiados merecen la muerte, dicen los israelitas, mientras el olor de sangre impide sentir el olor del polvo de los edificios. Horrible, Juanita, expresó Rusbel, el exterminio llega casi a 50.000, a los palestinos hay que aniquilarlos, parecen decir; pero somos indulgentes porque las edificaciones quedan para la historia de Gaza.
Leí en aquella denuncia que la nueva masacre con misiles dirigidos a los refugiados ocurrió en la escuela Al Tabalin, barrio de Al Darai. Rusbel, si antes arrasaron hospitales, barrios, escuelas, bibliotecas, museos e iglesias, ahora dirigen este armamento de alta precisión para ver arder solo a la población. Espantoso Juanita, los palestinos no valen nada, comentó Rusbel, los misiles estallan en candela al contacto del cuerpo; igual al sufrimiento que sufrieron sus antepasados judíos en los hornos crematorios nazis.
“¿Qué clase de mundo es éste que puede mandar máquinas a Marte y no hace nada para detener el asesinato de un ser Humano?”, lo escribió el portugués José Saramago. Rusbel, te comento que el apoyo militar a Israel se mantiene. Israel compró 50 nuevos aviones de combate F-15, 30 misiles de alcance medio, 33.000 cartuchos para tanques y 50.000 morteros. Terrible Juanita, la muerte crece sin control por los países hegemónicos, hipócritamente se preocupan por la muerte de niños, mujeres, ancianos y jóvenes palestinos, pero surten de armas al genocida.
Rusbel, la sexta de los Nazarís surgió en Persia, siglos XI al XII. Sociedad secreta que utilizó el crimen como arma contra sus adversarios, de manera especial hacia los cristianos de las Cruzadas. Es la versión más aceptada sobre el origen de la palabra asesino. Juanita, esa es la palabra justa para lo que hacen los israelitas en Gaza. Rusbel, te cuento que los Nazarís bebían hachís, en árabe has’ sas para acrecentar su valor al disparar las armas. Dichos bebedores fueron llamados has’ sas’ sin. Los franceses assassins y después pasó al castellano como asesinos. Juanita, triste la perfidia con la cual aquellos asesinos de los palestinos utilizan tales mísiles que dejan el rastro de olor a carne quemada. Cierto Rusbel, lo dijo la escritora Alice Sebold, “Los asesinos no son monstruos, son hombres. Y eso es los más aterrador sobre ellos”.