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PROTEGIENDO SENDEROS DEL PAISAJE: Pradera Alta -Calarcá

Por: José Yesid Sabogal V. [email protected]
14 octubre 2024 10:34 pm
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En junio pasado se cumplieron 13 años de la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero de Colombia como patrimonio de la humanidad. Como se ha señalado insistentemente, estas declaratorias de la UNESCO buscan fundamentalmente preservar paisajes y culturas en riesgo. Los que enfrenta el Quindío son enormes, entre ellos la disminución drástica y persistente del área sembrada en café; el crecimiento urbano “planificado” por la corrupción y la negligencia; el aumento paulatino pero constante de la siembra de pinos durante décadas; la potrerización de numerosas tierras para ganadería; multinacionales que siguen al acecho del oro pulverizado que se encuentra en gran parte de nuestras montañas; y, claro, el turismo predador, porque lo que el capitalismo salvaje entiende por preservar el paisaje y la cultura es exprimir el uno intensivamente y subastar la otra.

Hay otra amenaza que es más sutil pero no por ello menos perversa, es la que intenta suprimir el paisaje de la mente de quienes vivimos en él. Se trata de obstruir el paso por las trochas, senderos, caminos y vías establecidos muchos desde tiempos prehispánicos y que después de la invasión española sirvieron para que las colonas y colonos antioqueños, santandereanos, cundí-boyacenses, etc., instalaran sus parcelas y regaran por doquier la semilla del café, es decir, de la cultura cafetera.

Ahora, resulta que del patrimonio de la humanidad los locales no podemos disfrutarlo recorriendo sus caminos para la salud física y mental.  En 2021 la Fundación Ecológica Cosmos de Calarcá se vio en la obligación de clausurar su programa bandera “Reencuentro con Nuestro Entorno Natural”, que consistía en caminar por la zona rural del municipio “para la apropiación social y cultural del paisaje y el territorio”, programa que a lo largo de sus 30 años de vigencia realizó 350 caminatas en Calarcá. La causa: puertas y cercas con alambre de púas y/o eléctricas, puertas de hierro con cadenas, avisos intimidantes como propiedad privada, prohibido el paso, no pasar, o el descaro de exigir pago de peaje.  https://elquindiano.com/noticia/149420/policia-investiga-denuncias-formuladas-por-la-fundacion-ecologica-cosmos-de-calarca/

Pues bien, la ruta La Pradera -Alto del Calvario- barrio Gaitán lleva varios años cerrada en su tramo final (salida al barrio Gaitán) con puerta de hierro de 2.5 mts de alto. Un reconocido y prestante calarqueño compro varios predios contiguos en ese tramo y convirtió la ruta en vía interna, es decir, suprimió la servidumbre. Luego, una trocha que servía de atajo de la carretera entre la finca El Pensil (frente la Escuela Pradera Alta) y el barrio Gaitán, está cerrada con broche de alambre de púas y el libre crecimiento de la hierba que va borrando las huellas de la servidumbre. Recientemente, el camino de herradura que del Alto del Calvario conduce a las torres repetidoras fue cerrado con broche y en un costado se colocó el letrero Propiedad Privada, y si alguien pasa -como muchas y muchos lo siguen haciendo con todo derecho- corre el riesgo de encontrarse a un señor, con machete al cinto, exigiendo peaje.

Esta ruta tiene diversos atributos que invitan a recorrerla: oxigeno de calidad. temperatura siempre agradable; cara a cara -de subida- con la montaña verde de todos los colores; vista panorámica -de bajada- de parte del departamento, en especial de Calarcá y Armenia; cultivos de pan coger, cafetales y plataneras; pequeñas y sonoras cascadas de agua cristalina; pajaritos cantores multicolores, vacas, búfalos; y bordeando el camino, en fin, guayacanes amarillos y rosados, cedros negros, yarumos plateados, tulipanes, nogales cafeteros, etc.

Se entiende perfectamente que se protejan los predios, que nadie tiene derecho a ingresar en ellos sin permiso y mucho menos de aprovechar sus productos. Que haya cada vez más usuarios recreativos de la ruta contribuiría, sin duda, a la seguridad de los predios y de quienes viven en ellos. Más aún, promover en los operadores turísticos y en las instituciones educativas recorridos pedagógicos por estas rutas estimularía la convivencia, la cultura ciudadana, la seguridad, el cuidado del resto de la naturaleza, de nuestro paisaje. En ese mismo sentido, puede fomentarse en los pequeños y medianos propietarios una mayor oferta de productos agropecuarios (frutas, lácteos, huevos, pollos, hortalizas, etc.) y gastronómicos y lsu consumo por parte de los caminantes.

Por todo lo anterior, más de cien caminantes han decidido enviar una carta a los propietarios de las fincas aledañas a dicha ruta, solicitando respetuosa y cordialmente facilitar el paso, no obstruirlo y, por el contrario, colaborar en el propósito de convertirlo en ruta ecológica.

¿Comprenderán las y los propietarios de los predios –pequeños, medianos y grandes- vecinos de estas rutas que ellas son parte del patrimonio de la humanidad, en particular de la ciudadanía de Calarcá y de sus visitantes?  ¿Terminarán por aceptar que acoger a los caminantes es, finalmente, una oportunidad de emprendimiento?

Un paseo masivo, caluroso, entusiasta de tradicionales y nuevos usuarios –niñas, jóvenes, adultos, mujeres y hombres- a lo largo de la ruta puede contribuir a persuadirlos (as). 

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