lunes 8 Dic 2025
Pico y placa: 5 - 6

HAN KANG: SÍ… (PREMIO NOBEL DE LITERATURA 2024)

Por: Carlos Alberto Agudelo Arcila
14 octubre 2024 10:31 pm
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Han Kang: Sí… Hoy es el día de la carne única, Yeong-hye. La carne conecta con el alma de vivos y muertos.  Se requieren Actos humanos para impedir la masacre y luego escribir El libro blanco. Su hermana ya lo sabe, Han. La consecuencia del tormento es impredecible. Fantástico mundo después del silencio, donde se teje el año 2024; para más tarde, Decir adiós es imposible.

Hoy es el día de la peste, de silencios sobresaltados y de sentir como los años se acercan al desagüe de su propia nada. Es un momento para abrir la puerta a un mundo paralelo, donde se vive el instante como duración impar en un tiempo incierto. Es el día perfecto para medir distancias entre hojas secas, desde aquí hasta el otro lado del continente, y para contemplar el salivar insensato y el momento sin nombre, o quizás el del anciano en la penumbra.

Es un día de lágrimas por los anfibios, sin acercarse a la frontera del polvo y del humo en la olla vacía, donde la indicación carece de perspectiva, y la hambruna se siente en la calle fantasmal, en un nido aún sin construir. Un día listo para dar albergue a la muerte, junto al arnés de cristal.

Hoy es el día de la grieta por donde brotan garras y miradas alucinantes. Un día putrefacto, de estertores pavorosos y de sombras enclaustradas. Es un día para escribir prosas y lenguajes poéticos sobre la rotación del pan, la sopa mitológica en el olfato del pordiosero, o el eco del concierto danzarín en el pedrusco. Hoy, queda repleto el bosque de árboles secos.

Las masacres son noticia, un eco constante desgarra el silencio. Se apaga la esperanza. Se asfixian los entornos. Se busca espantar a las almas con el olor a podredumbre y abrir el conducto por donde descienden muertos a causa de la época asesina: tiempos apocalípticos.

Hoy es el día de sustraernos de nosotros mismos y de dejar la mente en blanco y cifrar en el ser su esencia original y de vigilar la garganta para no pronunciar nada y percibir de lejos el gesto y lanzar sonrisas dos metros antes de la presencia abismal y luego girar la palma de la mano para decir adiós… adiós… adiós… No se sabe hasta cuándo y no se sabe hasta dónde y no se sabe si para siempre ni tampoco se sabe cómo decir adiós.

Hoy es el día de dar pasos firmes hacia la pierna amputada, de fraguar recuerdos a la memoria lenta, del ladrido concentrado en la fisura del viento, del equilibrio en la punta del lápiz, del diente de león en las fauces del cocodrilo hambriento, del revestimiento donde habita la mujer hija del sol ante el paso de sombras somnolientas, del siglo por venir, del grito sin eco, del día sin pasado, del día imposible de ignorar, de la historia al revés, del día sin timón, del salto de una realidad a otra, del llanto primigenio, del día para partirle sus tinieblas al día a día, del día vacío de sí mismo, del impulso hacia otro caminar, del rocío de sangre, de la víscera del tiempo en pedazos, de las tumbas donde reposan historias para nunca más recordar, del tufillo a yerba húmeda, de dioses insensibles ante el dolor de los mortales, del día sin similitud a día alguno, del día con hiel disuelta en la hogaza de temporadas remotas, del día incógnito…

Hoy es el día de siempre, pronto a perder su luz en el portón abierto de la noche.

Han Kang: sí… hoy es… la soledad, siempre la soledad tras las cortinas de todos los tiempos.

*Capítulo de la novela Martes de nunca llegar.

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