domingo 14 Dic 2025
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No castigarás

Por José A Soto
30 septiembre 2024 1:00 am
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No soy nada amigo del castigo. Entiendo que en el entorno penal se considere necesario reprimir comportamientos que se suponen dañinos para la sociedad en general. El castigo pretende cortar de manera definitiva algo que se supone malo y que debe ser eliminado de raíz, mutilado; cercenado para que nunca más vuelva a brotar.

En el ámbito del deporte es muy frecuente utilizar el castigo como método de aprendizaje. Lamentablemente es una práctica muy extendida y apoyada por gran parte de los actores que intervienen o que están alrededor de la práctica deportiva.

Constantemente vemos que quien se equivoca es rápidamente sustituido. Las enseñanzas de las que nos podemos nutrir cuando fallamos, se transforman en miedo, en la obligación de no volver a intentarlo porque al fallar, nuevamente aparecerá el castigo. Así que, la estrategia es construir miedo, amedrantar mediante el castigo.

Prefiero la enseñanza, la oportunidad de mejora, incluso la corrección como métodos para superar los fallos. Cuando se castiga se quita la posibilidad de, mediante un nuevo intento, mejorar, superarse y conseguir una mejor versión.

Muchos entrenadores, mas no formadores, utilizan sus jugadores como material desechable, quito a este y pongo a otro, igual hay miles afuera esperando una oportunidad. Bajo el falso discurso de la competitividad y la mentalidad ganadora, destruyen la autoestima de niños y adolescentes porque en lugar de contribuir a desarrollar las capacidades de sus dirigidos los obligan a jugar de la manera en que el entrenador entiende el juego. Los grandes entrenadores se adaptan y sacan el mejor provecho de los jugadores con los que cuentan, los que no lo son, le echan la culpa a sus dirigidos porque no hacen o no se adaptan a su modelo de juego.

El miedo acumulado produce estrés permanente, anula el sistema inmunológico, se anula la protección del cuerpo. Las hormonas del estrés causan que se cierren los vasos sanguíneos y las vísceras: paraliza; también causa que la parte frontal del cerebro, la parte pensante, se anule, o sea que bajo el estrés somos menos inteligentes, porque no estamos pensando, estamos reaccionando, sobreviviendo.

Más enseñanza y menos castigos, más inteligencia y menos fuerza bruta, más dejar hacer, menos gritar y dirigir. Déjenlos ser, de eso se trata.

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