El Congreso de la República de Colombia otorgó al pintor y escultor quindiano Duván López La Orden de la Democracia Simón Bolívar, en un acto que tuvo lugar en el Capitolio Nacional. Duván López es un artista nacido en Quimbaya Quindío, y ha escalado, con su talento y disciplinas grandes peldaños en la plástica nacional e internacional. Radicado en Barcelona España, este quindiano tiene exposiciones en toda Europa, en Asia y en América, incluyendo los Estados Unidos.
En el homenaje, al que asistió el congresista quindiano Jhon Édgar Pérez Rojas, el artista Duván López expresó sus agradecimientos en los siguientes términos:
“Queridos amigos, me siento profundamente afortunado. Su presencia aquí y la razón que nos
reúne son la prueba viviente de que mis sueños se han materializado. La vida me otorgó un
propósito, y Dios me dio la fortaleza para alcanzarlo.
Quiero agradecer al honorable congresista Jhon Edgar Pérez, oriundo de Quimbaya. En su
mandato como alcalde, logró los recursos para la creación de la Sala Duván, un espacio que
alberga una pequeña muestra de mi obra y que es el inicio de lo que algún día será la Escuela
Museo Duván. Hoy, desde su digna posición, sigue trabajando incansablemente por nuestra tierra
y ha sido él quien propuso mi nombre para este prestigioso galardón que me entrega el Congreso
de la República de Colombia. Este reconocimiento no solo me llena de orgullo, sino que también
me impulsa a seguir adelante en la creación de un espacio museístico y didáctico que coloque a
nuestra tierra como un ejemplo de cultura de paz y armonía social, tanto en Colombia como en el
mundo.
Este honor no es solo mío. Es un homenaje a mis padres, Don Quintiliano López López y Doña
Martha Emilia Yepes Villegas, quienes con su ejemplo marcaron mi camino, enseñándome a
buscar lo grande, lo digno y lo admirable. También es para mis hermanos y para todas las
personas que, con amor y fe, me han acompañado en este largo trayecto, creyendo siempre que
los sueños que perseguía eran alcanzables.
Quiero destacar también la figura del Señor Alberto Canals Roura, quien ha sido un pilar en el
proceso de internacionalización y madurez de mi obra. Su trabajo incansable y su absoluta
confianza en mi propuesta artística han creado el ambiente propicio donde mis ideas han podido
florecer. Sin su valiosa presencia, hoy no estaría en este lugar.
El hacer define al Ser.
El proceso vital que acompaña el acto de existir es el escenario donde lo humano se materializa. Son los actos los que trazan el perfil de quienes los realizan, influyendo de manera profunda en el entorno social en el que cada individuo se desenvuelve. Las acciones de quienes construyen la sociedad dejan huellas que ésta interioriza y repite, moldeando así su futuro.

Estas acciones no son exclusivas de unos pocos; pertenecen al campo cotidiano de todas las personas que conforman los grupos humanos. La historia no está escrita únicamente por los grandes hitos, sino que se construye también en los gestos y hechos cotidianos que definen la convivencia ciudadana. Cada individuo es, en esencia, el artífice de su propia vida y, por ende, de la vida social que lo rodea.
Es en este marco de compromiso personal donde los logros individuales se entrelazan con el relato colectivo, aquello que llamamos cultura.
Otorgar los derechos y las responsabilidades a toda la sociedad es clave para abrirnos a nuevas y diversas formas de crear ideas que contribuyan a un mundo más justo y feliz. El arte reemplaza la daga con el pincel, porque no es una mera actividad trivial; es una misión que debería estar presente en todas las esferas de la vida civil. Como decía Platón, el arte busca y construye lo bueno, lo bello y lo útil.
El derecho a la belleza, que nace del derecho a una vida plena, debe ser un proyecto vital si realmente aspiramos a habitar un espacio humano donde reinen la paz y la cordialidad. Sin un terreno fértil, las semillas no prosperan.
Gracias al espacio físico y espiritual en el que crecí, he podido desarrollar una obra que hoy me trasciende, y que comparto con el mundo. Ese espacio, necesario para el crecimiento, es la contribución que todos podemos hacer al desarrollo de ideas y procesos creativos.
Cuando nací, Quimbaya era apenas un pequeño pueblo, pero habitado por almas grandes. No era solo un lugar geográfico, era un espacio donde, a pesar de las contradicciones de la época, la confianza y la familiaridad eran el pan de cada día. Soy heredero de esa conciencia, que me lleva a ver el mundo como un pueblo donde cada uno tiene su derecho y su lugar.

Mi hogar y mi pueblo fueron el laboratorio donde construí mi universo. Rodeado de amor y respeto, junto a seres que entendían su dignidad, crecí inmerso en la decencia y el decoro, escuchando palabras que me inculcaban la responsabilidad hacia mí mismo y hacia la sociedad.
En los momentos difíciles que me ha tocado vivir, siempre encontré una mano amiga que me sostuvo. Son muchos los nombres de aquellos que mi alma jamás olvidará.
Hoy, quiero aprovechar esta oportunidad para invitar a todos los colombianos a redefinir los paradigmas sobre los que nuestra cultura se asienta. Es momento de convertirnos en actores de nuestra historia y nuestro futuro, asumiendo la responsabilidad social que por derecho nos corresponde.
La educación es la base sobre la que se construye la democracia. La dignidad proviene del orgullo de conocer y aplicar nuestras fuerzas para el bien común. Somos una nación joven, pero si aprendemos de nuestro pasado y de la historia del mundo, podemos abrir nuevos caminos para alcanzar el sueño de todo ser humano: llegar a donde merece estar.
El futuro pertenece a quienes lo sueñan y, con su trabajo, lo construyen