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China, Latinoamérica y Colombia

24 septiembre 2024 10:04 pm
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Hans-Peter Knudsen*

El relacionamiento entre China y América Latina ha experimentado una notable transformación en los últimos 50 años, evolucionando de una relación marginal a una de gran relevancia económica, política y diplomática. Este proceso ha pasado por varias fases clave desde el inicio de relaciones diplomáticas en los años 70  impulsadas por la entrada de China en las Naciones Unidas, pasando por la apertura económica de China y su proceso de expansión comercial hasta el boom de las materias primas y la inversión China. Durante la década de 2010 la relación entre China y América Latina comenzó un proceso de diversificación mediante inversiones en infraestructura, manufactura y tecnología. Los bancos chinos aumentaron sus préstamos a gobiernos latinoamericanos, reemplazando en muchos casos a las instituciones financieras tradicionales, como el Banco Mundial o el FMI. Esta realidad no genera precisamente tranquilidad en los socios económicos y políticos tradicionales de la región.

A nivel diplomático, China ha reforzado su presencia a través de mecanismos como el Foro China-CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), creado en 2015, lo que formalizó una plataforma multilateral de diálogo. En años recientes, China ha promovido su Iniciativa conocida como la «Nueva Ruta de la Seda», buscando que América Latina se una a este proyecto global de comercio e infraestructura. Varios países de la región han firmado acuerdos para formar parte de esta iniciativa, lo que refleja la creciente importancia de China como socio comercial y financiero. Durante la pandemia del COVID-19, China también fortaleció su papel mediante la «diplomacia de las vacunas», proveyendo millones de dosis de vacunas a la región, lo que consolidó aún más su influencia.

Como vemos, la dinámica entre China y América Latina claramente ha pasado de una relación diplomática simbólica a una asociación estratégica y multifacética. Hoy en día, China es uno de los principales socios comerciales de América Latina y una fuente clave de inversiones. Esta realidad ha generado debates sobre la dependencia de América Latina de la exportación de materias primas y la influencia de China en las decisiones políticas y económicas de la región.

Las cifras sustentan lo mencionado. En el año 2000, el comercio bilateral entre China y América Latina era de aproximadamente $12.000 millones de dólares. Para 2020, este comercio superó los $315.000 millones de dólares, convirtiendo a China en el segundo mayor socio comercial de la región, solo por detrás de Estados Unidos. En cuanto a inversión, desde 2005 hasta 2020, China invirtió más de $160.000 millones de dólares en América Latina, principalmente en sectores como minería, energía e infraestructura. Brasil, Perú y Argentina son algunos de los principales receptores de esta inversión china, así como Argentina y Ecuador en proyectos importantes en ferrocarriles, carreteras, puertos y telecomunicaciones.

La relación entre China y Colombia ha experimentado un crecimiento significativo en las últimas dos décadas, aunque no con la misma intensidad que con otros países de América Latina como Brasil, Chile o Perú. En 2021, el comercio bilateral entre Colombia y China alcanzó alrededor de $19.600 millones de dólares. Los principales productos que Colombia exporta a China son petróleo crudo, carbón, ferroníquel, café y flores. Lamentablemente, con China Colombia también concentra sus exportaciones en los productos tradicionales, con una altísima dependencia del sector minero-energético. Los productos importados de China incluyen electrodomésticos, maquinaria, vehículos, teléfonos celulares, computadoras, productos electrónicos y textiles, es decir bienes con valor agregado. La balanza comercial es deficitaria para Colombia en más de $9.000 millones de dólares.

A diferencia de otros países latinoamericanos, como Brasil o Perú, que han recibido importantes inversiones chinas en sectores como la minería y la energía, la inversión china en Colombia ha sido más modesta. En el año 2020, las inversiones chinas en Colombia sumaron alrededor de $800 millones de dólares, principalmente en sectores de infraestructura y telecomunicaciones. Un hito importante en la relación económica ha sido la adjudicación del metro de Bogotá, el proyecto de infraestructura más grande en la historia de la ciudad, con un presupuesto de alrededor de $4.500 millones de dólares.

Indiscutiblemente China representa una gran oportunidad para Colombia, y para sus regiones, con el reto de diversificar significativamente nuestra canasta exportadora. Esta situación es bien conocida, por cuanto es válida para casi todos nuestros mercados externos. El reto, y la inmensa oportunidad, de la inversión China debe ir de la mano de una estrategia inteligente y cautelosa que limite su influencia política en nuestro país.

¡Reflexionar racionalmente es el primer paso para actuar acertadamente!

*Rector Universidad del Rosario (2002-2014), Embajador de Colombia en Alemania (2018-2022)

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