Por Libaniel Marulanda
Los artistas del Quindío en tiempos de la peste
Toma uno: El Fondo Mixto, Corpocultura y los contratos.
Comienzo por declarar que he sido usuario del Fondo Mixto para las artes del Quindío varias veces. Ahora bien, digo usuario y no beneficiario porque, lejos de considerar que es un privilegio haber figurado en la chequera del Fondo, he sido un realizador de labores artísticas, igual que los demás, a quienes no les queda remedio diferente que hacer cola, cerrar el pico (no por cobardía sino por impotencia total…) ¡y pagar para que se les pague!
(¿Recuerdan el tango “Jornalero”? , que dice :“ Si te gusta bien o si no te vas)
Para aquellos lectores que no saben cómo es la mano con el Fondo Mixto, trataré de explicarlo del siguiente modo:
Usted es un empleado más a quien la tesorería de su empresa, como a todo el mundo, le paga su sueldo o sus honorarios mediante un cheque que, justo, le entregan un minuto antes del cierre bancario de un viernes de puente festivo.
Y claro, necesita tener la disponibilidad inmediata del valor que le ha sido pagado. Sabe que por más que se apresure no va a encontrar abierta la puerta del banco.
¿Qué haría? (y aquí le echo mano a mis recuerdos de empleado) Simple: alrededor de los bancos existían (¿todavía existirán?) ventanillas o casas de cambio donde reciben cheques de empresas reconocidas, en las cuales mediante un porcentaje (1%, por ejemplo) le cambian el cheque.
Ve por qué se dice que se paga para que se le pague. Es decir, esas casas de cambio funcionan porque los pagos no se hacen en horarios que permitan un cobro normal.
¿Y eso qué tiene que ver con Los Fondos Mixtos?: Hombre, que son iguales, pero creados por aquellos mismos que nos pagan a deshoras o sobre el tiempo o retrasados, con la lentitud de cópula de dinosaurio. Viven y reinan en modo parasitario.
El Fondo Mixto del Quindío, no es más que un peaje. Y es igual a los peajes que se crean para que los usuarios paguen por usar aquellas obras que siendo del Estado deberían ser hechas y administrada por el mismo. Y eso es uno de los capullos del neoliberalismo privatizador, las finanzas “gota a gota”.
Siempre se echa mano del argumento del sofá de la mujer infiel: vender el sofá. En este y multitud de casos, como el recaudo de las multas, como hay mucha corrupción (amamantada por la politiquería) el mismo sistema corrupto, mediante sus legisladores, también corruptos, se inventan un aparato que se alimenta con el dinero del Estado pero al que se da el tramposo carácter de privado, con el fin de eludir la vigilancia de los entes de control del país. ¿Sabían ustedes que los Fondos Mixtos, permanecen en el ámbito del derecho privado?
Yo quisiera saber y lo pregunto en público: ¿Quiénes son aportantes del sector privado en el Fondo Mixto del Quindío? Y sobre todo: ¿De qué tamaño es la cuantía de sus aportes?
Los desembolsos, las gestiones, los procesos, los proyectos, las ejecuciones, los estudios previos, las interventorías, los controles…en fin, todo cuanto implique labor eficiente, oportuna y veraz de la cosa pública, siempre han sido deficientes, extemporáneas y falsas. Y gracias a ese despelotado reino de la burocracia oficial, los trabajadores del arte de aquí y de allá, se ven obligados a pagar el peaje por la ineficiencia oficial.
Dicho esto, debemos volver al comienzo de estas notas: Corpocultura y los contratos con el Fondo Mixto del Quindío. Pero eso será en la próxima nota.
(Continuará)
Calarcá, abril 10 de 2020