El pasado 15 de julio se cumplieron ocho años del asesinato de Rommel Hurtado, un abogado quindiano que entre los 90 y los primeros años del nuevo siglo hizo parte de hechos relevantes de la vida nacional. Muy cercano a Álvaro Gómez Hurtado fue relacionado con el supuesto golpe de Estado contra el presidente Ernesto Samper. Otro hecho destacado fue su testimonio en contra del excongresista Carlos Alberto Oviedo Alfaro, finalmente condenado por enriquecimiento ilícito y homicidio. Además, estuvo vinculado con el cartel de Cali. En sus últimos meses de vida, ya alejado del contexto nacional, fue protagonista a nivel local por sus denuncias que comprometían a varios políticos y dirigentes quindianos.
Para el año 2010 Rommel se había convertido en un asiduo visitante de emisoras locales. Con decenas de documentos bajo el brazo lanzaba datos, cifras y demostraba con contundencia la corrupción de varios personajes de la vida pública del departamento. Claro está; Rommel no era periodista, pero hacía el trabajo.
Tal crisis había en ese entonces sobre la investigación periodística que, insisto, aunque Rommel no era periodista era el que hacía tal trabajo y por eso las continuas visitas a emisoras, canales y salas de redacción, buscando aliados en la prensa que hicieran eco de sus conclusiones investigativas.
El disparo que acabó con la vida de Rommel también lo hizo con el periodismo de investigación, los autores intelectuales de ese escabroso hecho, siguieron – y siguen- sin responder, y el caso se ha mantenido en la impunidad, logrando que la corrupción se mantenga vigente sin que alguien la haga visible –salvo las autoridades en un porcentaje minúsculo-.
Por causas similares al homicidio del abogado, en el Quindío años atrás mataron varios periodistas de la región, como el caso de Ernesto Acero Cadena, recordado y llorado todavía por muchos. Dedicados al periodismo de investigación, hubo hombres y mujeres que buscaban, indagaban, registraban y dejaban en evidencia las maniobras corruptas de los círculos de poder del Quindío.
La nula investigación periodística tiene sus razones: la autocensura, por el miedo propio que generan los perversos con poder; la censura que imparten otros de manera directa hacia el periodista que se atreve a hacer una pregunta incómoda; o la simple y llana comodidad que genera hacer el trabajo más fácil, sin miedo y con poco riesgo. Hay quienes se han ido de la región por amenazas, otros prefieren callar para poder vivir en su tierra.
Desaparecido el periodismo de investigación en el Quindío ¿habrá alguien dispuesto a revivirlo?