Sí, mucho mejor la poesía que la política. Recordemos hoy, en sus 115 años de nacimiento al poeta Baudilio Montoya, uno de los insignes del Quindío. Baudilio no dejó de ser un hombre del siglo XIX, como lo era casi toda la sociedad colombiana, y mucho más la sociedad campesina y cafetera del Quindío hasta muy avanzado los años sesenta del siglo XX, cuando murió. Hay algunas cosas que nos revelan esa condición decimonónica de Baudilio. La primera, el café. Lugar predilecto de los hombres, referencia obligada a donde acudían a cualquier hora del día. Allí charlaban, escuchaban música y componían poemas, como en el caso de Baudilio, acompañado de una costeñita bien helada. Los cafés eran una especie de clubes sociales, pero públicos, donde transcurría la vida masculina.
El periodista Germán Gómez Ospina (q.e.p.d.) me contó que un día fue al hospital a visitar al poeta Baudilio Montoya que estaba enfermo. Como lo vio con una bolsa de suero pegada a su pellejo, le preguntó: “¿Y esto que le están poniendo qué es, compadre?” Y el poeta con su tradicional humor le contestó: “¡Ojalá fuera costeñita helada!”.
Otro aspecto era el tradicional lazo de moño que usaba el poeta para que lo identificaran como rapsoda. Esta moda fue muy prolija entre escritores y pintores en el siglo XIX en Europa. Cuando todos los ciudadanos usaban corbata, el bardo calarqueño se ponía su lazo de moño y entonces era muy fácil saber que su oficio era filosofar con la retórica poética.
Y el otro elemento era la corona de laureles que le pusieron, como a Cristo, para coronarlo como El Poeta del Quindío. Lo hicieron en la plaza Bolívar, sentado en un trono, como se hace hoy en día con las reinas de belleza. Debió de haber sido un acto conmovedor, pero muy propio de la mentalidad decimonónica que tenía nuestra sociedad. Y que aún conservan muchos, sobre todo a la hora de elegir presidente de la República en un día como ayer.
Un tema recurrente del poeta en sus canciones era la muerte. /Yo soy un muerto que anda,/ cada cosa que toco se contagia con mi frío/ y hoy por la vida ciega y dolorosa / voy como un leño que se lleva el río/. En este aspecto no podemos olvidar el poema Señora Muerte: Señora muerte, espera un poco, / señora muerte ya nos vamos / a tu país de adormideras /y de luctuosos jaramagos/ .Temas recurrentes también en los poetas franceses del siglo XIX, como Baudelaire y Arthur Rimbaud, que seguramente cautivaron en forma especial a nuestro rapsoda.
Para ratificar su condición decimonónica, hay que ver sus poemas compuestos con versos campesinos y de influencia clerical, como lo era todo el país del siglo antepasado y muy avanzado el siglo XX. El bosque, los árboles, los caminos, las fondas, las mujeres del campo, los miedos metafísicos que incidieron tanto en la vida bucólica: Ya es la hora de los trasgos / que buscan brujas bohemias / con sus candiles de cráneos/.
En fin, Baudilio Montoya vivió en el siglo XX, en busca de la modernidad, pero con las costumbres y las influencias sociales y literarias del siglo XIX. Por estos días, el viernes precisamente, se cumplieron 115 años de su nacimiento, aún estamos a tiempo para celebrarlo.