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Colombia, sueños y coherencia

29 mayo 2018 2:39 pm
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En Armenia, el Eje Cafetero y Colombia entera, la gente demostró que ya no traga entero y que está cansada de lo mismo, una fuerza alternativa se abre paso como respuesta a las maquinarias y su corrupción, y a los extremos inconvenientes pero aferrados a nuestra cultura.

Hemos demostrado con creces que como sociedad somos violentos en la defensa de nuestros pensamientos u ocurrencias, con, o sin argumentos, parece que no importara ser alcahuetas de líderes cuestionados por la ética y la justicia y que pasar por encima de la dignidad de los millones de víctimas de un conflicto que parecía eterno, fuera normal. Este último ojalá y no se repita, sea cual sea nuestro próximo presidente.

Ya no más un país en guerra, es muy fácil hacerla con hijos ajenos y verla en el noticiero desde el sofá, es muy cómodo, y que en el ADN de muchos colombianos ya no persista la manía de aniquilar al que piensa diferente. Vivimos en un país donde los políticos que piden castigo, permanecen impunes, y la demagogia sin ejecución parece ser bandera en casi todos, pero evidente en sólo algunos. Somos pura emoción, por lo tanto, un ramillete de incoherencias, muy poca empatía y compasión entre compatriotas.

La Coalición Colombia, guiada por el profesor matemático Sergio Fajardo, nos enseñó que se puede pensar en un mejor país, aunque se haya esfumado por el momento la posibilidad de una Colombia mediadora, que resuelve sus diferencias con decencia hasta donde sea posible, porque es evidente la guerra constante entre extremos. Los 4.589.696 de colombianos que depositaron su confianza en él, demuestran que se consolida la Fuerza de la Esperanza para seguir avanzando hacia un futuro promisorio con base a puntos de convergencia y no de división. Ya podemos soñar más tranquilos.

En términos políticos, me hubiera gustado ser testigo del comienzo de una Colombia distinta, siendo consciente que la verdadera transformación para nuestro país comienza desde cada uno de nosotros. Pero ahora, solo espero que quien sea elegido como presidente, tome decisiones sensatas, en bien de todos y ajenas a extremos ideológicos, que no desaparezca ni el periodismo libre, voz de quienes no tienen voz, y que tampoco desaparezca la libre empresa, forjadora de economías sólidas y bienestar económico para todos.

Espero que se gobierne bajo la convicción de la necesidad de tener ciudadanos preparados, pujantes y trabajadores. Un gobierno que sepa y entienda que el mejor subsidio es un buen empleo y las oportunidades de emprendimiento, y que además sepa trasladar esa premisa a la gente.

Que el empleo sea digno para todos, y con educación de calidad, con un especial énfasis en análisis de contexto, historia y pensamiento crítico para que menos colombianos caigan en falacias como el “castrochavismoateomosesual" y de paso fortalecemos la democracia.

Lo más importante es que sea una obligación la defensa de la vida de los colombianos, que se proteja nuestra biodiversidad y el agua, no queremos fracking, no queremos que nos envenenen más, el agua vale más que el petróleo y el oro, sabemos que es plata para hoy, hambre, miseria y enfermedad para mañana, podemos ser mejores que eso. La nuestro es la vocación agrícola, hagámosla sostenible.

Y que la lucha contra la corrupción no se quede en palabras, para que las bandolas responsables de escándalos aberrantes como Reficar, Odebebrecht, el robo a la alimentación infantil, entre muchos otros, no tengan participación en el nuevo gobierno. Y como un broche de oro, que, por favor, no se siga mancillando nuestra constitución, que no sea de bolsillo, seamos coherentes.

 

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