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Una comparación inicua

29 enero 2018 3:37 am
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“…comparar la situación general de Colombia con la de Venezuela, es tratar de meter gato por liebre: ¡nada qué ver!”

 

No son pocos los despistados que han pretendido “defender” el régimen chavista, comparando sus problemas con los nuestros. Pero comparar la situación general de Colombia con la de Venezuela, es tratar de meter gato por liebre: ¡nada qué ver! Pueden decirme que las estadísticas, que los indicadores económicos, que el Pnud, o lo que sea, colocan a Venezuela en un lugar de privilegio frente a Colombia. Pero en la práctica, con todo y lo complejo que sea el problema de nuestro país, éste es un paraíso al lado del infierno que les legó Chávez a nuestros vecinos. La pretendida “revolución socialista” de Maduro y sus secuaces, es una charada macabra que ha llevado a su pueblo a la humillación extrema. Ciertamente, es inocultable el sufrimiento de una amplia franja de nuestra población, agobiada por los impuestos, la inseguridad, la corrupción, las deplorables falencias en la educación, la salud y la justicia, y una maquinaria política que hace nugatorio cualquier intento de renovar la dirigencia y elegir otro rumbo que reivindique a los desposeídos, legislando para todos, no en igualdad, sino en equidad. Con todo y eso, todavía nos queda la esperanza: numerosas fuerzas sociales, que se mueven en cada región como cardúmenes de peces, luchan, denuncian, construyen, debaten, inventan opciones, estudian y se preparan, investigan, aúnan esfuerzos, se toman las redes sociales y siembran semillas de esperanza, en un pueblo que asume una paciente resistencia frente a los desaciertos de la plutocracia. Así, sin dispararle a nadie, utilizando los mecanismos jurídicos que ofrece la Constitución, la consulta popular contra la minería se ha abierto paso en todos los lugares en que se ha realizado. Mal que bien, la acción de tutela ha sido una importante herramienta en la defensa de los derechos fundamentales del ciudadano común. Y aunque los mecanismos de control como la Contraloría, la Procuraduría y la Fiscalía no dan abasto para frenar la corruptela oficial, alivia un poco saber que muchos de los grandes “pájaros” que tanto daño han hecho al país, están a buen recaudo, tras las rejas, o expatriados huyendo de la justicia. Algunas libertades como la desmesurada libertad de expresión en Colombia, no puede compararse con la infame mordaza que la dictadura ha impuesto al pueblo de Venezuela, reprimido a sangre y fuego. Ni la mal llamada “oposición política” en Colombia que ha funcionado como una talanquera en la rueda del proceso de paz, con miras a mantenerse en el poder para construir burladeros a su propia iniquidad, puede compararse con la oposición venezolana, que ha visto masacrar recientemente al teniente Pérez y su grupo. En vano pretenden achacar a los Estados Unidos, con el bloqueo y sanciones económicas, la escasez de alimentos, medicinas y demás elementos necesarios para la vida. El desabastecimiento comenzó en vida de Chávez con las expropiaciones “a dedo”, y con sus gestos megalómanos y populistas, tales como subsidiar con su petróleo a los “pobres” de otros países. Ahora, también el petróleo escasea, desde que convirtieron a PDVSA en la bolsa que financia los desmanes del régimen, hasta arruinarla: ha reducido su producción al 15% y la gasolina no alcanza para cubrir la demanda interna. Y sí, es cierto, en Colombia puede que la situación no sea nada fácil para muchos. Pero todavía nos queda la esperanza.

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