Por Eduardo Urrea Arbeláez
Los viajes indudablemente se disfrutan tres veces: Primero cuando se están planeando, segundo cuando se están realizando y tercero cuando ya hacen parte de nuestros recuerdos; esta columna aunque fue escrita hace algún tiempo, es pertinente ahora que todos extrañamos viajar y lo vemos como algo no tan posible por lo menos a corto plazo, pero ojalá si a mediano, sin más preámbulos mi crónica de Nuestra Señora:
La primera vez que escuche el nombre de Notre Dame fue a mediados de la década de los alocados años 80s cuando llegó a mis manos por azar la obra maestra de Victor Hugo, en la cual se narra la historia de Cuasimodo el hijo de una gitana que habitó la Catedral de Nuestra Señora, soportando el karma de ver solo por un ojo, pues el otro se encontraba casi tapado por la deformidad de su rostro, además de soportar una joroba que le hacía caminar con dificultad, aunado a una sordera parcial causada por escuchar tan cerca el repicar de las campanas de Nuestra Señora cada día y como si lo anterior fuera poco condenado al encierro por su benefactor y carcelero el archidiácono Claude Frollo, encierro que solo soportaba por la compañía de sus amigas las gárgolas, que de una u otra forma lo llevaron a escapar para conocer a su compañera de aventuras Esmeralda.
En esa época nunca pude columbrar que casi 40 años después iba a conocer la casa de Cuasimodo y las gárgolas en vísperas de una de sus más grandes pruebas a lo largo de su historia, el incendio del 15 de abril de 2019. Acababa de llegar al Hotel en Mestre después de conocer la también épica Venecia, cuando mi hija menor me sorprendió con la fatal noticia de que en ese momento se encontraba ardiendo la Catedral de Notre Dame, por un momento pensé que se trataba de una broma de mi pequeña, pero ante la insistencia de esta decidí indagar un poco más, pues también podía tratarse de un Fake News, pero justo en ese momento recibí un mensaje de un amigo que vivía en Paris en el cual me confirmaba la triste noticia, la Catedral se encontraba ardiendo en llamas y con tristeza expreso: “Mi Viejo siquiera conoció Notre Dame el jueves, porque en este momento se encuentra ardiendo”
En ese momento se erizo mi piel y no sabría explicar ese raro sentimiento que me embargaba, parecido a un escalofrío pues por un lado sentía dolor y tristeza frente a la perdida de semejante maravilla, pero por otro lado me sentía orgulloso y bendecido por ser uno de los últimos seres de este planeta en haber podido ver en todo su esplendor la Catedral de Notradame y allí recostado en la cama viendo algunas fotos empecé a recordar lo que había hecho solo cuatro días atrás el jueves 11 de abril de 2019, cuando me levanté temprano con mi esposa e hijas para dirigirme desde el hotel hasta la plaza de la concordia, para comprar un encargo de un amigo en una de las selectas boutiques ubicadas allí, luego de cumplir la tarea empezamos a caminar para conocer entre otras cosas la Ópera Garnier, la Plaza Vendome y allí perdido en Paris por fin llegamos al Puente que cruza el rio Sena rumbo a la Isla en la cual se encuentra Nuestra Señora de Paris, no sin antes admirar el Palacio de Justicia donde se encuentra la Corte de Casación de Francia.
Lo primero que vimos al llegar a la plaza donde se encuentra edificada la catedral fue una parvada de palomas que de manera confianzuda se acercan a los turistas en busca de algo de alimento, también me llamo la atención sobre un costado de la plaza la estatua de Carlomagno, personaje histórico a quien siempre he admirado, por eso antes de entrar a la catedral aproveche para tomar unas cuantas fotografías, luego cerca de las 5 de la tarde decidí hacer la fila para conocer la Catedral que para fortuna de mi familia y mía era corta y ahí fue cuando empezó el espectáculo, sobre la entrada se encuentra una placa conmemorativa en la cual aparece plasmada la fecha en la cual se construyó la catedral y la cual dice en Francés así : “En el año de 1163 bajo el pontificado del Papa Alejandro III y el reinado del Rey Luis VII, así como el Obispado de Maurice ne a Sully, empezó la construcción de esta Catedral en honor de la Santísima Virgen María bajo el nombre de Nuestra Señora de Paris”
Luego de leer con atención la placa mis ojos quedaron maravillados con el colorido de los vitrales y el esplendor de los frescos que había sobre sus paredes y techos y como una bendición adicional nos topamos con su párroco quien nos bendijo y además mando una bendición especial para nuestra amada ciudad pues dijo tener amigos en Colombia, entre tanta belleza, llamó mi atención una Virgen con rasgos o facciones Japonesas que era visitada asiduamente por personas de esa nacionalidad, así mismo me impacto unas maquetas que se encontraban en la parte posterior y que reconstruían en miniatura el proceso de Construcción de la Catedral y que ruego a Nuestra Señora para que no se hallan quemado pues sería una estupenda herramienta para la reconstrucción de esta maravilla de la humanidad. Al salir de manera desprevenida compre en una maquina como un suvenir más unas monedas conmemorativas sin saber que estas se convertirían en testigo fiel de mi imborrable paso por nuestra señora de Paris.