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LAS NUEVAS CARANGAS RESUCITADAS

7 septiembre 2020 10:14 pm
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Por Eduardo Urrea Arbeláez

Han pasado muchos años, desde que escuche por primera vez la expresión: "Caranga Resucitada” y quien la utilizó lo hizo para referirse a una señora antipática, mal educada y prepotente que según él, era una "levantada" que había tenido un golpe de suerte en un negocio, alcanzado una prosperidad económica inusitada, lo cual la había convertido en un ser detestable que alucinaba e irradiaba superioridad frente a los demás por los centavos de más que tenía.

En el diccionario Caranga es un insecto hemíptero que pertenece en su denominación a la familia de los Cimidos, llamado también el chinche de las camas o pulga. Ahora bien, resucitado es alguien que vuelve a la vida después de morir. Así las cosas en su sentido literal deberíamos entender por Caranga Resucitada a un insecto insignificante que ha vuelto a la vida después de la muerte y es que se quiere con este apelativo, degradar a la más baja expresión a este tipo de personas que pasan de ser "insignificantes" a ser prepotentes por su recién adquirido estatus social.

En el poema costumbrista del maestro Carlos Tierra, las Carangas Resucitadas son aquellas personas provenientes del campo, que al irse a vivir a la ciudad tienen algún progreso económico e intelectual y por ello se avergüenzan de su origen campesino y de su núcleo familiar y social primigenio, en otras palabras las Carangas Resucitadas, no son más que personas que logran de un momento a otro, una mejoría en su situación social y económica y en virtud a sus nuevos conocimientos y situación boyante se tornan entonces engreídos, arrogantes y por ello pasan a tener un "mejor estatus", teniendo así una vida llena de excesos y excentricidades o por qué no de mal gusto y lobería; no les importa dejar atrás su condición social original solo por aparentar lo que ahora son o creen que son, cuando en realidad solo son unos personajes pletóricos pero de materialismo y prepotencia.

En su novela "Las carangas resucitadas" la escritora costumbrista Blanca Irene Arbeláez, nos muestra como dos de sus personajes cambian su humildad de campesinos por la de hombres citadinos, olvidando el lugar en el cual crecieron y donde se formó su personalidad; en esta novela que se desarrolla en la década de los cuarenta se narra de manera muy bien contada y entretenida, en un lenguaje transparente la verdadera esencia del ser humano, su arribismo y superficialidad, pero eso sí, dejando muchas lecciones de vida.

Hoy en día existe una gran variedad de Carangas Resucitadas, pues la especie ha mutado y ha mutado porque encontramos diferentes tipos de ella en nuestra "zoociedad", por ejemplo los mal llamados "Empresarios de alto riesgo” que acompañados de sus "lavaperros" y sus "grillas" llegan a los eventos sociales montados en sus camperos japoneses 4×4, cual pancarta de Gucci, Prada o Dolce & Gabbana de pies a cabeza. También conozco a los que pasan de "lagartos" del político de turno a ocupar cargos de mando medio en las alcaldías, gobernaciones y demás instituciones del Estado cuando sus jefecitos ganan las elecciones y que caminan o levitan como si fueran el mismísimo Presidente de la Republica o alguno de sus ministros.

Otra especie de Caranga es la que recién se estrena en un título profesional y disfruta que lo llamen "dotor", aun a sabiendas de que no lo son, pues aún les falta pasar por las especializaciones y las maestrías para llegar al doctorado, título que muy pocas personas en realidad ostentan en nuestro país.

La lista perfectamente se podría alargar con los emigrantes, los protagonistas de novela, los you-tubers, los instagramers, las novias de los sugar daddy y todos los nuevos ricos, pero basta decir que: "La mona aunque se vista de seda, mona se queda" y que por más dinero, títulos, belleza o fama que tengamos, si en nuestra casa no nos enseñaron a tratar bien a las personas, a saludar y despedirnos, a decir permiso o simplemente a decir por favor y gracias a la mejor manera del dinosaurio Barney, no seremos más que Carangas Resucitadas.

Y no es que las personas no tengamos derecho a trabajar y a superarnos con un legítimo esfuerzo.

Por supuesto que podemos. Pero lo que no podemos es olvidar de dónde venimos y confundir superación con prepotencia y lobería, porque la verdad los ciudadanos del común estamos hartos de esta clase emergente que solo sabe decir: ¿Usted no sabe quién soy yo? A lo que habría que responderles: Por supuesto que se quién es usted… ¡Una Caranga R

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