Por Eduardo Urrea Arbeláez
Indudablemente la profesión de abogado, como ninguna otra en el mundo, le permite a quienes obtuvieron dicho título desempeñarse en diversos roles y es así como encontramos “juristas” ocupando distintas posiciones en el engranaje de la sociedad, como administradores, en la política, en el comercio; sin embargo como lo dijo Ángel Ortega el verdadero abogado es aquel que se desempeña como tal en el foro, el que se unta de expediente, el que sabe amarrar la cuerda procesal y el que día a día trasega en los estrados judiciales, un abogado fuera del foro es como un médico fuera del quirófano, un labriego fuera de su parcela, un marinero fuera de altamar, en otras palabras no es más que un huérfano de la profesión y definitivamente para estar en el foro es menester que los que trasegamos día a día en esta hermosa profesión dominemos al dedillo la Ciencia Procesal.
Para nadie es un secreto la eterna discusión bizantina entre los procesalistas y los sustancialitas para establecer si es más importante el derecho adjetivo o el derecho sustantivo y al igual que los cardenales de Bizancio, que tuvieron que guardar la desilusión de no poder establecer cuál era el sexo de los ángeles, los procesalistas y los sustancialitas debieron resignarse y aceptar que es tan importante un área del derecho como la otra, no se puede hacer café con leche utilizando solo café o solo leche. Es tan importante la norma que reconoce la existencia del derecho perse como la que nos entrega las herramientas necesarias para poder hacer valer ese derecho frente a otros coasociados.
Para efectos pedagógicos, imaginémonos que compramos el auto de nuestros sueños y el día que nos lo entregan en el concesionario olvidan dotarlo del gato, salimos de paseo y en la mitad del camino, bien lejos de la civilización, nuestro flamante coche pincha una de sus llantas, oh sorpresa, tenemos llanta de repuesto, tenemos llave de pernos, pero no tenemos el gato que nos ayudará a elevar el carro mientras cambiamos la llanta. Lo anterior no es más que un paradigma de lo que nos ocurriría a los togados si solo contáramos con normas sustantivas, pues así como el gato es la herramienta para que nuestro coche vuelva a funcionar, el derecho adjetivo es la herramienta que sin dubitación alguna requerimos los abogados para poder lograr que el derecho sustancial no sea un mero sofisma.
El derecho procesal no es más que un instrumento para lograr la satisfacción de los derechos consagrados en la Ley Sustancial, pero de no existir este los derechos consagrados en la norma sustancial, cualesquiera que esta sea, no serían más que meras quimeras. Reitero que no se puede dejar el conocimiento del derecho adjetivo a la praxis de los despachos judiciales que en ocasiones terminan volviéndose verdaderos legisladores al crear sus propias normas basadas en la costumbre o en el mejor de los casos cada juzgado interpreta la norma de una manera diferente, lo que lleva a que para los litigantes el ejercicio de la profesión en el foro se convierta en una verdadera torre de babel.
Lo anterior en verdad es una justificación para darle el valor de su peso en oro a la ciencia procesal, pues en la compresión de esta radica la diferencia entre un práctico (tinterillo, rábula o como lo quiera llamar) y el togado que se ha preocupado por conocer de donde provienen las diferentes normas que se aplican en el día a día del foro, pero ello no quiere decir que el estudioso del derecho deba leerse y aprenderse, cual poesía extensos escritos en los cuales se repite una y otra vez lo mismo al mejor estilo de "La ley de los audaces", serie que le hace honor a la memoria que solo es la inteligencia de los brutos.
En realidad, lo verdaderamente importante radica en la mezcla perfecta entre la disciplina académica y la praxis, pues aunque “la práctica es la que hace el maestro”, también es cierto como bien lo dijo el profesor Eduardo Couture en los Mandamientos del abogado: “Estudia o cada día serás menos abogado”. síntesis: El conocimiento académico sin la práctica y viceversa harían del litigante y del juez seres incompletos en el complejo mundo jurídico del foro.
Sin embargo, el nuevo reto para los juristas no es dilucidar si es más importante el derecho sustancial o el derecho procesal, sino aprender de manera urgente el uso de la tecnología y de las "nuevas" formas de comunicación procesal tales como: Los mensajes de datos, la presentación de demandas escaneadas y en archivos pdf y las audiencias virtuales, entre otras. Ahora sí nos tocó a los litigantes y a los jueces estudiar para estar a tono con la nueva realidad procesal y no precisamente derecho y jurisprudencia, sino todo aquello que tiene que ver con las "nuevas tecnologías" y que a golpe de caja nos tocó aprender para no quedarnos por fuera del foro.
¡En hora buena!