Por Carlos Eduardo Urrea Arbeláez
Perdón por que muchas veces no te amé por encima de todas las cosas, perdón por idolatrar autos en forma de estrella, relojes en forma de corona y computadores en forma de manzana, perdón por venerar ídolos de barro como los políticos, los famosos, los artistas, las personas “importantes”, cuando todo honor y toda gloria solo debe ser para ti Señor.
Perdón Señor por tener mi armario lleno de ropa y quejarme cuando hay tantas personas que andan en harapos o desnudas, perdón por quejarme por mis zapatos rotos cuando hay tantas personas que no tienen pies para caminar.
Perdón por utilizar tu nombre de forma necia e innecesaria, perdón, pues ningún acto del hombre es tan importante que merezca tenerte de testigo.
Perdón por utilizar tu día para calmar la resaca de mi embriaguez o quizás para satisfacer mi gula y mi pereza, cuando tantos hermanos no tienen una migaja de pan sobre su mesa, agua para saciar su sed, una cama donde descansar o un techo donde guarnecerse.
Perdón por deshonrar a mis padres, cuando le presto más atención a mi teléfono y a las redes sociales que a ellos y a sus sabios consejos; sabiendo como lo sé, que el tiempo se extingue y quizás no haya una próxima vez para compartir con ellos.
Perdón Padre por prestarle más importancia a los de afuera, descuidando a veces, muchas veces el tiempo y el afecto que le debo a mis hijas, a mi esposa, a mis padres, a mis hermanos y a sus familias.
Perdón por ser tan indolente frente al hermano que me necesita, pues no solo se mata con cuchillo, sino también con la indiferencia y con las palabras.
Perdón por pensar y actuar de forma impura, al ser tolerante cuando con una canción se ofenda a mis hijas, a mi esposa, a mi madre, a mis hermanas; pues la música se hizo para expresar la belleza y no para degradarla.
Perdón por la infidelidad, cualquiera que esta sea material, mental o virtual, perdón por la inmoralidad cualquiera que esta sea sexual, política, financiera.
Perdón por haberme quedado con lo que no me pertenece, de hecho nada me pertenece, todo es prestado por ti Señor y cuando yo no uso lo que me prestas para ayudar a los que lo necesitan me estoy quedando con lo que no me pertenece.
Perdón, de rodillas perdón, por hablar de mi prójimo e inventar o exagerar cosas, pues la honra es como las plumas de un ave una vez las arrojas al viento ya nunca podrás ponerlas en su lugar.
Perdón por envidiar y codiciar las posesiones y bienes que tú les prestas a otros hermanos, mirando solo aquel al que le diste más talentos y nunca mirando al que le diste menos talentos.
Perdón mi Señor por no hacer esto con más frecuencia, por no suplicar clemencia por mis yerros y solo acordarme de ti cuando las cosas se ponen duras, casi siempre olvidándote cuando me has aumentado las alegrías en este valle de lágrimas.
Perdón por no recibir tu cuerpo y tu sangre todos los días o por lo menos una vez a la semana cuando hay tantos hermanos que no pueden porque se los impiden regímenes de terror.
Perdón por no acordarme que mi iglesia necesita de mi ayuda espiritual y material para ayudar a otros hermanos que recibieron menos dones que yo.
Perdón por mi soberbia Señor, pues tú siendo Dios todo poderoso, me diste lecciones de humildad al venir a redimirnos como un carpintero, sin merecerlo
Perdón por la lujuria que se siente en el aire, por haber perdido la moral justificando lo injustificable, presumiendo una mentalidad abierta y liberal.
Perdón y misericordia Dios mío por querer atesorar los bienes que me has prestado en mi paso por este mundo, apegándome a lo que no es mío y queriendo cada día ser más rico en esta vida a sabiendas que en tu reino es inversamente proporcional.
Perdón por perder la paciencia tan fácil y dejar salir la ira con la que a veces hacemos tanto daño a los seres que amamos y a nuestro prójimo.
Perdón por no compartir la sabiduría que me has prestado, por no dar un consejo a tiempo y más bien mofarnos de la ignorancia del hermano, perdón por no tenerle paciencia a los ancianos, a los niños y a los jóvenes; pues quién no fue un niño travieso, un joven rebelde o si tú nos das licencia quién no será un anciano chocho y decadente
Perdón por ser débil al corregir a los que amamos y severos al perdonar las injurias y los defectos del prójimo, perdón por no consolar al afligido y por olvidar tan rápido a nuestros muertos.
Perdón Señor por tratar de encontrar en estas líneas la astilla que tiene mi hermano en sus ojos e ignorar la viga propia, perdón Señor por ser tan imperfecto teniendo un padre tan perfecto, perdón Señor por no ser un digno hijo tuyo.