De niño a mujer

22 abril 2018 3:08 am

Compartir:

En el difícil camino de la transición o cambio de género lo mas común es darse cuenta desde muy temprana edad que se es diferente, que el género no coincide con el cuerpo, que si nací niño me siento niña, o viceversa, pero esto no es regla general, y como toda regla tiene sus excepciones.

Mirando videos y leyendo diferentes crónicas y artículos en toda la red, es muy común encontrar casos de mujeres trans que descubrieron desde los 3 o 4 años que no eran hombres como todos sus familiares y conocidos creían, y que por esto empezaron a tener comportamientos “contrarios a lo esperado”, el niño que se pone los tacones de la mamá, la ropa de la hermanita o la prima, el maquillaje de la tía, o en el caso de los niños trans la niña que se pone la ropa del hermanito, y prefiere jugar con carritos y balones en lugar de muñecas y vajillas, y que con el pasar de los años, se convierten en lindas niñas (Ellos) y apuestos niños (Ellas).

Sin embargo, existimos un pequeño grupo de personas que no encajamos en esta tendencia, ya que no pasamos de niño a niña, sino de niño a mujer adulta, y algunos ya a mujer muy adulta. En mi caso, como es del conocimiento de todos, nací niño, toda mi niñez y adolescencia fue masculina, y aunque sentía muy en el fondo que algo no andaba bien y que por eso no encajaba en el mundo de los niños, tuve miedo de descubrir que era, y me acomodé a la situación, apliqué el viejo refrán que dice: “Donde quiera que fueres, haz lo que vieres” … Simple instinto de auto protección.

Nunca sentí la necesidad de jugar con muñecas, ni de ponerme ropa de niña en mi etapa infantil o adolescencia, algunas veces jugué a la casita, al papá y la mamá con algunas de mis amigas de infancia, pero haciendo el rol masculino, y con la inocencia característica de esas tempranas edades. Al llegar a la adolescencia, sentí mucha atracción hacia las mujeres, y me lancé muchas veces a la aventura de la conquista romántica sin mayor éxito, pues nunca fui el chico varonil, fuerte y galante que todas las chicas (O casi todas, valga la aclaración) esperan, pues aunque siempre he tenido un romanticismo muy marcado, nunca supe transmitirle la masculinidad a ninguna de mis adoradas, tal vez por la simple razón de que uno no puede proyectar lo que no tiene.

Al terminar mi etapa académica e iniciar la vida laboral, la situación no cambió mucho, pues en los diversos trabajos que realicé conocí a muchas mujeres, y varias de ellas me interesaron, lancé mis redes intentando atrapar una sirena, pero ni tan siquiera un bagrecito pude coger, tal vez por la misma razón que no pude lograr nada en el colegio o la universidad, porque la masculinidad si bien es algo que se desarrolla con el tiempo, si no se tiene pues no se puede proyectar.

Y solo fue hasta esta época, luego de los 40 años que vi la luz, que descubrí lo que tanto tiempo me negué a aceptar, pues no quería desatar la ira de Dios o del diablo, aún no sé de quién, que aunque mi cuerpo y mi apariencia eran masculinos, mi alma, mi corazón, mi ser, mi esencia, o como la quieran llamar, es femenina.

Es todo un proceso que puede tomar bastante tiempo el darse cuenta y mas aún, aceptar este hecho, pues aunque la sociedad contemporánea ha avanzado en temas de inclusión y diversidad de género, todavía se maneja mucho rechazo, discriminación y bastantes tabúes en lo que se refiere a la personas transgénero. Muchos sectores de la sociedad nos ven como viciosas, malvivientes, inmorales, depravadas, y por causa de la marginación y discriminación a las que somos expuestas, la gran mayoría de compañeras se ven obligadas a ejercer la prostitución e incluso a cometer delitos para poder subsistir, mientras refuerzan esta mala imagen que la comunidad en general tiene de nosotras.

Sin embargo, como en toda parte hay de todo, la comunidad trans no es la excepción, aunque seamos poquitas las mujeres que no hacemos trabajo sexual, que estudiamos, que queremos superarnos y tumbar todos los tabúes y mitos negativos que hay a nuestro alrededor, que luchamos por nuestros derechos y por lograr una verdadera inclusión, que no hacemos daño a nadie, que respetamos a todos, pues aquí estamos, así muchos no nos puedan o no nos quieran ver…

El Quindiano le recomienda

Anuncio intermedio contenido