Quisiera ser más elástico, más rápido.
Tener visión nocturna y poder bañarme con mi lengua.
Quisiera demostrar amor solo cuando me dé la gana.
Mirar a los ojos de otros sin parpadear. Intimidar.
Quisiera oler a tostada vieja.
Quisiera ser Siri, Dante, Ágata, Frida, Lulú y Pepe.
Un gato.
Quisiera que todos fuéramos gatos. Que de la nada apareciera un rayo gatovertidor y nos transformara a todos, como el rayo homosexualizador del burribismo que convirtió en homosexuales a miles de hombres y mujeres.
Si fuéramos gatos hubiéramos sido los primeros en haber llegado a la Tierra, a Colombia, antes que cualquier animal; que las ratas, los zorros o los lagartos, que abundan en nuestro país.
Cualquier gobierno que nos tratara de meter los dedos a la boca, sufriría, porque nosotros los gatos somos difíciles de domar. Los gatos de la sociedad que se dedicarán exclusivamente a cazar ratas, serían valorados, adorados, no como en la actualidad que a los personajes que hacen esa labor los tratan de mamertos, castrochavistas y guerrilleros asesinos, y muchas veces tratados a balazos.
Por lo general los gatos son zurdos, imagínense a todos teniendo la zurda de Maradona, siendo los mejores del mundo. Todos seriamos flacos, esbeltos, porque no tendríamos papilas gustativas para identificar lo dulce. Tendríamos muy buena memoria a largo plazo, nos serviría para no votar siempre por los mismos, para identificar a los Robertos, a las Sandras, a las Luzpis a los filosofines, los camellos, y a muchos otros que son y han sido lo mismo de lo mismo.
Tendríamos un oído sorprendente, seriamos capaces de escuchar sonidos a 64 kHz., no tendríamos que preguntar el chisme, sino que lo escucharíamos de una, además también podríamos oler por la boca y sobrevivir a más de una desgracia a la que estamos expuestos en Colombia.
Personalmente quisiera ser gato para saltar de cama en cama sin preocuparme de nada, dormir donde me diera sueño y hacerlo por 16 horas o durar todo el día y la noche dando vueltas por ahí, irritando a todos lo que estuvieran alrededor.
Quisiera ser un gato para quitarme el prejuicio de la hora. Salir de mi casa a dar una vuelta a la hora que fuera, comer a la hora que me diera hambre, caerle bien a las personas que me agradan, ser más envidioso, más odioso y rencoroso y para gustarle mucho más a las chicas.
Ojalá algún día el rayo gatovertidor nos convierta a todos en gatos, o por lo menos a mí.