Juan Fernández Cerón
A un amigo, a un líder, a un buen hombre, no se lo despide, siempre se lo recuerda. Es verdad que todos dejamos huellas en la vida, pero no es menos cierto que nuestras huellas deben ser el producto del razonamiento, de la reflexión, del buen ejemplo, de la creatividad, de la experiencia del buen existir, de todas las decisiones tomadas a conciencia y para el bien de todos.
Siempre se cree o creemos que sabemos algo y en realidad, a la luz de la razón y la reflexión, no lo sabemos.
Este debe ser el reflexionar consciente, para construir el verdadero sentido de la vida y de las cosas. ¿Pero, cómo construirlo, cuando se ufanan de saberlo todo, sin saber acerca del sentido que no tienen?, cuando a nuestros jóvenes y adultos, les cuesta distinguir entre datos y diversión, verdad y mentira, diferenciar un mensaje o noticia patrocinada a un mensaje o noticia real…
La sociedad en la actualidad, ha venido recuperando los desarrollos y avances tecnológicos, su papel central en la agenda de discusiones de políticas públicas y el estado del debate cultural, como personas inteligentes, abren el paso a nuevas reflexiones, sobre la forma de actuar e interrogarnos, para que se constituyan en un proceso de creación y comprensión de la realidad.
Una lectura del contexto, donde participen todos sus actores sociales, en sentido contemporáneo, nos lleva a la pregunta por el presente. Esto quiere decir que debe conectarse permanentemente con su devenir, con lo que está siendo, con los interrogantes que le plantean las situaciones que se viven en dicho presente.
Una sociedad afirmada sobre su especificidad y su diferencia, se relaciona de otra manera con lo que se le presenta como demandas, desafíos, exigencias, retos que le hacen la economía, la política, la educación etc. Por supuesto, esto no quiere decir que no se relacione con ellas, pero una cosa es que entre en diálogo, que interrogue y se deje interrogar, y otra cosa, es que se trate como una estructura pasiva que solamente obedece a las exigencias de esos otros sectores, o con arreglo a unos fines que son del interés consumista, productivo y explotador.
Pensar en la transformación de nuestro sistema social, implica pensar en el quehacer de todo ser social, que se concibe como intelectual, interesado en plantear alternativas frente a la crisis social, como un sistema complejo de relaciones, considerándose él mismo como poseedor de un saber, consciente de sus acciones en el presente, de su poder y de su compromiso en el avance y crecimiento de su comunidad.
A diferencia de los estudios sobre la sociedad actual, una propuesta social emancipadora, presta más atención al fenómeno en su complejidad, es decir, al despliegue de diversos diálogos y prácticas que habitan la realidad. Con ello estamos indicando que no se trata de evaluar la marcha de una u otra política, o programas específicos, sino de mostrar las múltiples facetas que se expresan en la vida social como acontecimiento cultural diverso y complejo.
En consecuencia, se hace necesario pensar en una propuesta, que proponga una postura diferente frente a las nuevas realidades que enfrenta hoy el mundo, la nación y la cultura. Un propósito, construido por los diversos actores de una comunidad, que deje atrás los modelos rígidos y cerrados, planteándolo como un proceso abierto, que oriente en el marco de una región, que pueda mantenerse en el tiempo, plantear cambios y mostrar resultados importantes.
Un cambio emancipador que nazca de un deseo social y cultural, a través de la construcción colectiva de saberes dentro de la sociedad, donde realicen una lectura crítica del mundo, del hombre y del conocimiento, repensando su práctica y valorando su quehacer, lo que quiere decir, que exprese y muestre lo que día a día hace, desde su actuación y sus saberes, haciendo visible su comunidad desde sus propias construcciones y experiencias.
La emancipación de nuestro actuar personal e intelectual, acaba con el conformismo, la obediencia servil, la sumisión del obrero, del trabajador, del ciudadano y va encaminada a la creatividad de procesos humanos.
La filosofía emancipadora es una estructura dinámica, abierta, con actitud reflexiva a movimientos, al crecimiento. Este recorrido se realiza en virtud de operadores como el sentido real de preguntarnos, la capacidad de dudar, sospechar, asombrarse, desequilibrarse, de tolerancia, de análisis, confianza, curiosidad, de verdad, de sentir y ser humano, que hace posible el desarrollo del pensamiento crítico creativo, al actuar inteligente, ético y dia-lógico, que promueve un juicio equilibrado, comprensión de un mayor número de posibilidades y perspectivas, la valoración que exige que lo entendido y actuado, argumentado, es una realización verdadera en la cotidianidad, personal, social para consolidar el bien común.
El camino a seguir es el movimiento que nos lleva del sentir al imaginar, al entender, juzgar, criticar, discernir, valorar, optar, actuar, dar sentido a la vida, a opinar con nuestras propias palabras. Este es el camino para realizarnos por sí mismo, darnos cuenta que somos y para donde vamos como verdaderos pensadores.
El comportamiento emancipador, es poner en acción acuerdos reales, libres, innovadores, que abran el camino recto para que posibiliten la generación y la reconstrucción de alternativas sociales, culturales, con el buen empleo de enfoques que analicen y profundicen el verdadero actuar y la creatividad humana
Su incorporación, no es una acumulación indiscriminada de opiniones, tampoco habrá lugar para el agravio y el reclamo que inmoviliza. Es, más bien, una nueva sensibilidad que deja ver los rostros de aquellos actores y las particularidades de cada experiencia, en sus diversas formas de expresión, en sus historias, en fin, aquel conjunto de huellas que constituyen un germen importante del potencial que se tiene.
Será, pues, un cambio que implica una reescritura de lo que somos, para reconocernos en la complejidad de lo otro y producir así una forma de actuar distinta sobre nosotros mismos.
Se trata de buscar un cambio, donde la comunidad se expresará libremente. Por supuesto, tienen cuerpos y formas que se manifiestan a través de los sujetos que actualizan y ponen en constante movimiento su buena acción. Por eso, es fundamental preguntarse, quiénes somos como seres humanos sociables, que habitamos en la familia, en la ciudad, en el país, porque conociendo las particularidades, las realidades y las condiciones de su existencia, se inauguran nuevas perspectivas en la organización de la familia, la comunidad en su real forma de actuar.
Si logramos reconocernos, potenciamos nuestras acciones y fortalecemos las perspectivas políticas, económicas en bien de todos.
Además, estaremos en posibilidad de incorporar como nuestras las decisiones políticas, los programas y los proyectos, dejando de participar como si se estuvieran realizando tareas ajenas.
Es aquí donde se conectan dos planos, que por lo general existen divorciados: las decisiones políticas, económicas, educativas y las prácticas, las experiencias. Propiciar ese encuentro abre un horizonte para que las decisiones sustenten el compromiso y la participación de amplios sectores en su diseño y ejecución.
En este sentido, el conjunto de alternativas y estrategias que configuran el escenario deseable sobre el cual es posible plantear la función de la sociedad, está dado por la construcción emancipadora y puesta en marcha.
Un cambio emancipador, con estas características, posibilitará relacionarse mejor con el mundo contemporáneo porque, actualizada desde sus propios interrogantes, podrá acercarnos a una relación más activa con el presente, y de esa manera, ayudarnos a saber en dónde estamos. Por este camino se piensa como una fuerza activa que propone y no simplemente como el mecanismo a través del cual se debe alcanzar el ideal de sociedad.
Cambio, que, además de ser viable a corto plazo, es ante todo un cambio de largo aliento, pensando en la realización intelectual y ética para la afirmación cultural de la comunidad.
Ahora bien, no se trata sólo de la formulación de un proyecto, sino de la generación de una dinámica que desencadene un proceso de opinión sobre la problemática, que sensibilice a los mandatarios, a la comunidad y hagan caso a la ciencia, para marcar un centro de modulación de una cultura social, para vivir dignamente, de la importancia de reconocer, valorar y reflexionar sobre el saber de las experiencias que se han configurado al interior de la sociedad actual, con un proceso razonable, para el desarrollo de una reflexión y actuar crítico, de cambio de sus integrantes y lograr así, pueblos con razonabilidad.
Ese es el padre de familia, el maestro, el gobernante, la sociedad y de todo profesional, que tenemos que recordar y complementar su razón de ser humano, por eso, es que estas huellas no mueren, sino que vivirán siempre, porque nos mantienen viva su huella de ser humano, de ser padre, de ser buen ciudadano, de ser buen gobernante, buen profesional, de líder y de amigo, porque llevaron y predicaron con amor una vida digna de ser vivida para ser sometida a la reflexión y a la acción de la transformación.
Nuestro andar por el mundo y con mi mundo, va dejando ese ejemplo, ese rastro para actuar en bien del mundo y de mi mundo, esta es la formación filosófica de la vida y más que todo humana, la que nos impulsa a luchar, a buscar, retar y derrotar la incapacidad de ser un digno ser humano en todo quehacer de la vida social, profesional y pública.
La pobreza y humildad no son impedimentos para alcanzar nuestra realización humana, ya sea, como hijo, padre, obrero o gran profesional, al contrario, estos espacios, nos dan la fuerza suficiente para ingresar y convivir dignamente y triunfar en la vida.
En los caminos de la vida, de la crisis y las alegrías, nos vamos conociendo más y más, cuando sus senderos dignos, inteligentes, humanos, nos conducen a la realidad clara y concreta de lo que somos y podemos ser, a valorar el hacer y el sentir del hombre honesto en todo su afán de crear una verdadera forma de vivir en paz y como buenos seres humanos, es lo que todos nuestros pueblos necesitan, para cuestionar y comprender lo grandes que somos, hoy tratados y desesperanzados ante el desconocimiento, el atropello, la ignorancia, de los que compran y venden la ley, las normas, para evadir sus crímenes y la corrupción.
En la vida llevaremos siempre el recuerdo de los buenos sentimientos y pensamientos de los que dejan huella, como lema de construcción del saber, del ser, así no se conozca algo o no se sepa nada de esto. Podemos ser ignorantes, pero es distinto saber que lo somos a ignorar que somos ignorantes.
El verdadero y real conocimiento y nuestra comunicación ética, son insuperables para entendernos y entender la realidad de cada experiencia, que es conocimiento propio y en beneficio de los demás, porque somos dueños de nuestro propio conocimiento real, para vivir en la forma como lo empleamos en bien de todos
A estas huellas todos le rendiremos tributo, al saber y experiencia, continuaremos en la etapa definitiva del trabajo y la construcción de una vida digna como verdaderos seres humanos, para toda la existencia y para el desarrollo de nuestra sociedad. ´Podrán morir las personas, pero jamás sus ideas” Ernesto Ché Guevara
Este es el mejor reconocimiento a la memoria de los que dejan huellas inteligentes, humanas y seguir luchando por un mundo de vida de calidad, intelectual, esa es la presencia de todos aquellos que amaron y crearon el sentido de un buen vivir, en que nos empeñamos a dar la respuesta a quienes no creen en todo lo que los humanos podemos construir y hacer con honestidad y honradez.