El ángel exterminador

26 abril 2024 2:39 am

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Pedro Elías Martínez

Hermógenes Maza, héroe de la independencia, vivió entre la leyenda y la realidad.  Oriundo de Bogotá, estudió en el Colegio del Rosario, donde también lo hicieron el sabio Caldas y otros próceres de su tiempo.

En 1813 acompañó a Bolívar en la Campaña Admirable y en Caracas cayó prisionero de los realistas. Las torturas y vejámenes a que fue sometido, alimentaron en él un odio cordial hacia los españoles. Luego de 17 meses de prisión logró fugarse y duró tres años en ir de Caracas a Bogotá, caminando de noche para no ser reconocido. Llegó a Santafé días antes de la batalla de Boyacá. Bolívar entró a Bogotá el 10 de agosto de 1819 y venía a galope, delante de sus tropas.  Como el virrey Sámano, para tener tiempo de huir, había propagado la noticia de que los realistas fueron los triunfadores, esa tarde Maza se apostó con una lanza a la entrada de Bogotá y confundiendo a Bolívar con el general Barreiro, se abalanzó sobre El Libertador, quien al reconocerlo le gritó: ¡Maza, no sea pendejo! ¡Yo soy Bolívar!

Maza fue reincorporado a la tropa y Bolívar le encargó la vigilancia del río Magdalena, donde aún quedaban soldados españoles, y en esa tarea a cuanto prisionero agarraba lo hacía pronunciar la palabra Francisco. A quien le notaba acento español, lo degollaba.  Alarmado Bolívar por este comportamiento, le escribió a Maza ordenándole no derramar más sangre española.  Y Maza cumplió la orden. Envolvía a los prisioneros en cueros de res y los arrojaba al Magdalena.  Cuando llegó a Mompós, expropió el convento de unos frailes para hacer el cuartel. Los monjes, con la paciencia propia de las órdenes religiosas, se vengaron de él inventando una serie de anécdotas donde lo presentan como atarván y grosero:

La dueña de una chichería bogotana denunció a Maza porque iba a su negocio a comer y beber, y antes de marcharse sacaba la espada y decía: «¿Cuánto le debo, mi señora?» La mujer respondía temblando: «Nada, general, no me debe nada». El Libertador manda llamar a Maza y le pregunta si amenazaba a la señora para no pagarle. «No señor, dijo Maza. Cuando pido la cuenta ella no me cobra». Saca la espada, voltea la vaina y caen al suelo unas monedas de oro.

Durante una fiesta, el general Maza andaba cortejando a la hermosa anfitriona. Cuando la invitó a bailar vio sus manos y le dijo:

—¡Como las tiene de blancas, sumercé!

—Es que uso guantes desde muy pequeña.

—Tan raro, dijo el general, yo uso calzoncillos desde chiquito y si viera la oscuridá en el túnel.

Otra muestra de las supuestas verdades:

Maza se enamora de una dama prestante de la sociedad bogotana, de apellido Cote, y su petición de mano la describe así el Prior del convento:

 

Ya viejo, Hermógenes Maza

quiso conseguir señora

linajuda y seductora

para prolongar su raza,

y con tal fin compró casa

cerca de una chichería.

Oliendo a sancochería,

con traje de chafarote

a la señorita Cote

detuvo en la calle un día.

 

Y a la joven asustada

con voz de mando le dijo:

«Tengamos los dos un hijo

y sea conmigo casada.

Usté es de familia Cote,

busquemos a un sacerdote

que eche ñudos de marrano.

Quiero que me dé su mano

y hagamos un mazacote».

 

Maza, llamado por Bolívar el ángel exterminador, murió alcoholizado.  Con la cara hacia la pared dijo sus últimas palabras: «Ahí les dejo su mundo de mierda».

 

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