<<Miren, si en esta vida
nos dieran otra oportunidad.
Miren, si se pudiera
parar el tiempo, volverlo atrás.
Miren, si se pudiera
Con la experiencia recomenzar
Miren, si se pudiera
Borrar las cosas que hicimos mal
¿Usted qué haría?>>
Johan Andrés Rodríguez Lugo
La pregunta de Diego Verdaguer siempre me ha parecido interesante y, probablemente, con la certeza de una vida eterna, de regresar, o de tener nueve vidas, haría exactamente lo que hizo Gato: vivir ocho en extremo y pensarme la novena. Lastimosamente vivimos siempre en la última, la única. Es esta vida y ya, según parece. Es lo que hagamos en este momento, en este instante, o simplemente lo que no hagamos que es también completamente válido.
Gato llegó a su novena vida, porque todos sabemos que los gatos tienen nueve vidas, aunque dicen también los teóricos, expertos y Lizandro Meza que “siete son los pecados capitales, siete son las maravillas del mundo, (…) siete son las vidas del gato”, pero estamos hablando de ficción y de cuentos de hadas, así que regresaremos al concepto propuesto por la última película de DreamWorks que trae una apuesta en diseño que cambia según escenas y un desarrollo de personajes del que hablaremos a continuación.
La muerte persigue a Gato y esto es algo que no había ocurrido, pues como siempre vociferó, se reía en la cara de la muerte. Sus habilidades felinas tan propias para escapar de situaciones específicas permitieron que sus vidas transitaran en el hedonismo, el exceso y las aventuras, sin embargo, en la película “Gato con Botas: El último deseo”, llegó a su última vida. Nuestro Gato reconoce entonces que es la última oportunidad que tiene de ser lo que solía ser y los sentimientos de repente aparecieron: el miedo, la duda, la angustia, el saberse mortal, efímero y prescindible. La leyenda llegaba a su fin.
La apuesta de DreamWorks ya nos había acostumbrado con Shrek al multiverso de los cuentos de hadas. Una historia clásica en donde el personaje principal cambia su cotidianidad acosado por una situación, acompañado de un amigo, sabio o guía y con la misión de salvar el mundo, su familia o una princesa. Shrek, sabemos, fue una burla completa a la producción de princesas de Disney en donde se nos hizo creer que había un mundo maravilloso y que la fantasía era totalmente bella. Cuando nos trasladamos a los cuentos originales, los clásicos cuentos infantiles toman otro color. En el cuento original del Gato con Botas, por ejemplo, el gato hace que un hijo pobre se convierta en rey usando su astucia e inteligencia para matar al ogro que gobernaba un castillo, algo que se conserva en las producciones de DreamWorks y que desde el inicio puso a Gato como un personaje temible, recuerden que el papá de Fiona lo contrató para matar a Shrek.
Gato se encuentra con la muerte, un personaje muy bien logrado, un antagonista que nos hace sentir el mismo miedo y el terror que siente nuestro “héroe” al encontrarse cara a cara con quien viene a llevárselo. Gato ve pasar sus ocho vidas, siente cómo un corrientazo camina sobre sus brazos, su cuerpo y hace poner los pelos de punta. Gato siente miedo, sudoración, preocupación, se le acaban las ideas y Lobo solo sonríe al ver ante él a un simple mortal que ya no alardea de su fortuna. A Lobo le añaden ese silbido característico del inicio del peligro, un sonido que parece de flauta que es como el preámbulo del final, la tensa calma que llaman algunos y que es tan preciso que sin duda sabemos lo que viene después.
El personaje de la muerte es uno de los mejores movilizadores que he visto, porque la película tiene además un villano con sus propias características: malo, caprichoso, engreído, rencoroso, vanidoso, pero que no logramos amar como en el caso del Mal hombre de Helenita Vargas porque simplemente es lo que es y ya, en cambio Lobo, como la muerte, nos genera sensaciones y consciencias que logran aterrarnos por su capacidad de oler el miedo y la duda en quienes se enfrenta o a quienes reclama. La muerte nos persigue constantemente, nos mira, nos vigila, sabe todo sobre nosotros y solo tiene la paciencia eterna de la certeza del final, es ella, realmente, la que se ríe de nosotros al sabernos en ocasiones inmortales.
Es importante regresar a los clásicos que llamamos infantiles, pero que tienen la mirada precisa de quienes a partir de historias “sencillas” reinterpretan lo que todos nos preguntamos, vivimos y añoramos. El tema de la salud mental se hizo evidente con Perrito, quien merece una columna completa, una apuesta que he visto en varias producciones infantiles y que hoy debería ser un tema más central. Con Soul, de Pixar, han querido poner en el debate lo que se nos ha dicho respecto al “más allá”. La pregunta sobre la muerte y lo que sucede con ella es el eje central para explicarles de cierto modo a las nuevas generaciones sobre el vivir a partir de la certeza del fin.
Quienes hemos estado “cercanos a la muerte” o la hemos visto en el desvanecimiento de nuestros seres queridos, recordamos que a veces basta con hacer de este instante uno apropiado pues la etapa final nos estará esperando de todos modos. En la serie “Sadman” ya había un astuto personaje que retó al dios del sueño y lleva viviendo una vida eterna que, al igual que Gato, inició con el exceso y terminó con una especie de sabiduría sobre lo que se debe hacer para vivir en plenitud, también la encontramos en ese “cuento para niños” que se incluye en esa “producción para niños” que fue Harry Potter y que permitió de cierto modo entender que en cualquier momento, y luego de todo, recibiremos a la muerte como una vieja amiga.