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Europa, agobiada por la pesadilla multicultural

14 marzo 2018 10:22 pm
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Dos discursos están destruyendo a las sociedades modernas y abiertas del mundo, sin distinción geográfica o de tradición histórica: el multiculturalismo y la corrección política, que se alimentan mutuamente para propagarse a través de los poderosos aparatos de propaganda estatal y de medios masivos de comunicación, así como para ser impuestos con sutileza en el sistema educativo y en la vida social. El fin del siglo XX, con el agotamiento de los debates ideológicos tradicionales, generó un vacío ético en Occidente, donde la ausencia de conflictividad y turbulencia propias de la Guerra Fría, condujo a una explosión de altruismo reflejado en la solidaridad con los nuevos pobladores. Inicialmente, el objetivo era la integración de cientos de miles de inmigrantes provenientes de Oriente Medio y África Subsahariana, en la próspera y nueva Unión Europea. Ahora se ha convertido en el discurso oficial de la élite política en Suecia, Dinamarca o Alemania, pero las consecuencias de intentar hacer realidad la utopía multicultural se han manifestado con rigor.

Esta semana, el diario británico Sunday Mirror ha revelado un escándalo sobre abusos sexuales en las ciudades de Rotherham y Telford. Por dos décadas, más de mil niñas y adolescentes fueron violadas por individuos de origen pakistaní o árabe, y las autoridades locales se negaron a investigar los crímenes, por temor a parecer racistas o xenófobos. Algunas de ellas fueron asesinadas por sus violadores, otras se suicidaron, y sus casos fueron invisibilizados por varios años, pues las altas cifras de delitos sexuales y de homicidios cometidos por inmigrantes mayormente musulmanes, arriesgaban el prestigio de la política migratoria del Reino Unido.

El documental Suecia: muriendo para ser multicultural (Sweden: dying to be multicultural), de 2017, ilustra la situación dramática del país nórdico, por causa de las irresponsables medidas migratorias de los últimos años. De diez millones de habitantes, casi dos millones son de origen extranjero, o sea el 17% de la población, y el 8% son musulmanes. Las proyecciones de los organismos públicos y de centros de investigación independientes, apuntan a que para el año 2050 el 31% de la población del país será musulmana. Aunque la clase intelectual y la propaganda oficial muestran un mundo feliz, de concordia entre suecos originarios e inmigrantes, el escenario real es el de un país sin rumbo, con cifras de criminalidad alarmantes, violencia sin control en los suburbios de ciudades como Malmö, alto desempleo juvenil entre inmigrantes y un sistema de seguridad social al borde del colapso. Toda crítica o alusión al tema es silenciada, y quienes promueven la discusión sobre la crisis actual son marginados, despedidos de sus trabajos o marcados con el rótulo de fascistas, nazis o islamófobos.

Aquí es donde el pensamiento políticamente correcto se une al multiculturalismo: la negación o el disfraz de la realidad con el propósito de evitar ofender a otros, al tiempo que se asume como un valor absoluto la aceptación de todas las tradiciones y valores de otras sociedades, con exclusión o en desmedro de la cultura propia. Justin Trudeau, el primer ministro de Canadá, afirmó que la cultura del hombre blanco occidental era decadente y reemplazable, y que su país francamente debía superarla para sustituirla por experiencias más valiosas. Durante muchos años, numerosos líderes políticos y académicos europeos advirtieron sobre el doble filo de esta visión del mundo, pero muy pocos los escucharon y ahora deben padecer la pesadilla multicultural.

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