Esta circunstancia actual, exige recurrir al equipaje emocional que hemos acumulado a lo largo de tantos años, y que nunca pensamos, lo teníamos que desempacar en una situación como esta. Estar guardados en casa, con los que hemos compartido muchas décadas de vida, juntos, y revueltos, en equipo, viviendo, existiendo, gozando, sufriendo, modificando actitudes, sembrando terquedades, asumiendo responsabilidades ajenas y propias. Enfrentando frustraciones porque estas, son los obstáculos que se interponen entre el inicio de una acción y su culminación, así, en el quehacer diario, esta entidad psicológica, es una constante amiga. Desarrollamos máxima resistencia a la frustración, para poder subsistir en este mundo acelerado, que exige hacer cosas antes que llegue el momento de hacerlas, sin aceptar las limitaciones de cada día. De advertir que se dió un cambio en la velocidad del cambio. El nuevo día es una página en blanco, que es necesario llenar, actuando por encima de las circunstancias. Soy mucho más que mis acciones. Es necesario renunciar a la fantasía de un mundo ordenado, y hacer amistad con los problemas. Porque vivir bien es tanto un arte, y una disciplina, y HOY seamos disciplinados, por calidad de vida, antes que sea por decreto.
Estamos en modo pausa. Cuando a una máquina se le oprime pausa, esta se detiene, cuando a nosotros se nos dice pausa, es cuando más activos nos ponemos. Tiempo de entrar en escena dos reconocidas damas, las hermanitas Paciencia y Templanza. La primera como la capacidad para esperar por lo que ha de suceder. “Esto también pasará”. Aprender a detenernos. Desaprender y reaprender. Los antiguos creían que en la paciencia estaba la sabiduría. La paciencia nos permite reflexionar, reconsiderar supuestos, de imaginar de nuevo lo que es posible, de reconectarnos con nuestras convicciones. Mala época para dejar de pensar, o para hablar con argumentos prestados o de hipotecar los juicios. “En este mundo todo tiene su hora, hay un momento para nacer, y un momento para morir, un momento para destruir y un momento para construir, un momento para abrazarte, y un momento para separarse…” Y la templanza, como la sobriedad y moderación en el actuar. Reconocer límites. Usar adecuadamente los recursos disponibles. Dar y recibir con mesura. Es una virtud activa que lleva a la acción, moderando la atracción que traen uno o varios actos más sensibles, aplicando el autocontrol supremo en sus bienes o dones dados por el Creador. Es tener el dominio propio en sí mismo, ligado con la cordura y la sobriedad, evitando las emociones que estallan en la cólera o en apasionamiento. La templanza, en estos momentos es mantener o restablecer el orden en el interior del ser, surgiendo de la tranquilidad de espíritu, que actuando sobre la persona lo lleva a actos de mejora y revirtiendo los malos hábitos.
Y definitivamente hay necesidad de eliminar de nuestro repertorio de respuestas los mecanismos de defensa, aquellas estrategias psicológicas inconscientes, que utilizamos para hacer frente a la realidad y mantener la estabilidad emocional. Con las cuales pretendemos vencer, evitar, escapar, ignorar, darle rodeos, a las angustias frustraciones y amenazas, por medio del retiro de los estímulos cognitivos que las producen. En estos momentos de efervescencia social, son muy utilizados porque su propósito es proteger la mente, el sí mismo, el YO, de la ansiedad, de la incertidumbre, como fuente de certeza. O proporcionar un refugio a esta situación a la que no podemos hacer frente por el momento, porque no solo es grave, sino desconocida, diferente. En estos momentos de retiro espiritual nacional obligatorio un mecanismo de defensa a evitar es de la negación.
Al utilizar este mecanismo de defensa, tratamos factores obvios de la realidad como si no existieran. Como si el dejar de oír noticias, o no creer en ciertos noticieros, aminorara los efectos de la pandemia, en mi vida y mi entorno. O sí el encerrarse en sí mismo, en su soledad, en su libertad egoísta, el que nada importa, aportara algo a la prevención. Nadie se salva solo, pero solo usted puede salvarse. El estar desinformado por negarse a acceder a los medios de comunicación en estos momentos es cuestión de vida, y vida en comunidad.
Cambiemos la negación insensata por la intervención artística de las afamadas hermanitas Paciencia Y Templanza, como teloneras de la artista principal, que es la Resiliencia.