Por Fáber Bedoya Cadena.
Es necesario partir de una premisa, la verdad siempre ha estado con nosotros. Desde el día que nacemos, somos realidad. “Nuda veritas”, en latín. En mis largas décadas, me ha acompañado la verdad. Que ha tenido sus problemitas, se ha disfrazado, camuflado, escondido, se hace la de la vista gorda. Como la vida.
El papa Francisco, en su visita a Nueva York, en la intervención ante el Congreso de los Estados Unidos en Septiembre de 2015, habló de la verdad, y enunció que en la “cultura contemporánea se tiende a menudo a aceptar como verdad solo la verdad tecnológica, lo que el hombre consigue construir y medir con su ciencia, es verdad porque funciona y hace más fácil y cómoda la vida.” Y hoy adquieren superlativa vigencia estas palabras, cuando asistimos al dominio de la tecnología, expresada en los medios de comunicación, o a través de las redes sociales. Más adelante añade, “estarían después las verdades del individuo que consisten en la autenticidad con lo que cada uno siente dentro de sí, válidas sólo para uno mismo, y que no se pueden proponer a los demás con la pretensión de contribuir al bien común”.
Nos presenta el papa Francisco dos insumos para caminar con la verdad, la tecnológica y las verdades individuales.
Nosotros los muchachos de antes, usamos la tecnología muy tarde, por lo tanto, no tuvimos, en los primeros años de vida, esa influencia. La primera fuente de evidencia, para nosotros, fue la naturaleza. La verdad expresada en los amaneceres, en el sol naciente, en el trabajo en el campo, en coger café, traer el ganado para ordeñar. Vino luego la religión que nos enseñó, o impuso, como dogma de fé, verdades, las cuales, sin ninguna fórmula de juicio, había que aceptarse. Y siguió la educación, dogmática como su compañera de aula, la religión. La verdad era propiedad de los mayores y trasladada de generación en generación, integra, sin discusiones. Permanecía, no era relativa, única. Individual, con presencia colectiva. Andar con la verdad, era libertad.
Este panorama presentado así, es verdadero, sino pregúntele a un mayorcito en edad, dignidad y gobierno.
Pero hoy todo ha cambiado. Existe una presentación atractiva de la verdad. Nueva temporada. Estreno espectacular. Con protagonistas nuevos, escenarios relucientes, efectos especiales, rostros sexis. Con versiones en todos los idiomas, disponible en todos los formatos, asequible para todos los públicos, y en todas las regiones del mundo, gratuita, de venta libre, sin restricciones ni condiciones, al alcance de los niños. Con efectos secundarios conocidos, pero a los cuales nadie da importancia. Es dominante y puede llegar a ser adictiva. Su consumo excesivo puede ser perjudicial para la salud mental. No es prohibida para los menores de edad. Parece que ellos son los que más la consumen. Es tan cambiante, que hoy es una y al rato puede ser otra. Generalmente viene en presentaciones de mandatarios, funcionarios que la pregonan a diario y no la cumplen. Es la verdad de los políticos y administradores. De religiosos, educadores, comunicadores sociales, candidatos, votantes, deportistas. Parodias, antinomias, de la verdad que crean fanatismos, polarizaciones. Cizaña, rencores, odios. La verdad de la justicia. Cuando es pronunciada por un juez, se llama sentencia, y no se ha promulgado cuando ya se ha demandado. Tiene esguinces. Es temporal, no se sabe cuánto dura. Es flexible, acomodada, gira para el lado que le conviene. Hecha a la medida de quien manda. Una nueva verdad en el deporte, el VAR. La emoción del gol, dura lo que demora el Var, en negarlo o aprobarlo.
Este panorama presentado así, es verdadero, sino pregúntele al joven vecino suyo que anda con audífonos, o a su compañera de toda la vida, que nos cambió hace rato, por un celular. Todo lo conversado es sujeto a verificación por Google, o es una repetición de lo leído o escuchado. Es un tercero en discordia. Con mucho peso en la vida en comunidad o en pareja. No podemos archivar o darle suprimir a la verdad legada por nuestros mayores, y que ciertamente nos ha mantenido invictos ante la vida y ante los organismos de control.