Álvaro Ayala Tamayo
Desde hace más de 100 años los políticos de todos los partidos llegan al departamento de la Guajira, construyen un jagüey, cavan un pozo de agua, reparten mil galones del líquido en dos carrotanques y pasan la cuenta por un acueducto.
Acto seguido, el gobierno nacional en Bogotá gira un cheque por 15.000 millones de pesos, para pagar esa obra que ha tenido un costo de 150 millones. El resto se lo roban el ministro, el contratista, el interventor, el congresista, el gobernador, el alcalde, el secretario de obras y el asesor que redacta el otro si de las minutas.
En Colombia ya nadie roba cien millones, todo es por miles. De ñapa, en la fiscalía regional prescriben todos los procesos adelantados por corrupción administrativa. Así ha pasado con hospitales, escuelas, colegios y carreteras. Están tan llevados los wayúu que se van de rebusque a Venezuela.
Un día antes de cada votación, a los indígenas los encierran en rancherías, les dan ron con chivo para quitarles la cédula y el cacique político los pone a votar sin presencialidad en las urnas. Hay algo más asombroso, muchos no cargan cédula y aparecen votando. ¿Saben cuál es el truquito? Cuando cumplieron 18 años los llevaron a la Registraduría y un político muy servicial reclamó los documentos y los tiene encaletados para sacarlos cada que hay elecciones.
Otra peor. Los wayúu mueren y en un ritual muy de ellos los sepultan sin expedir acta de defunción. Ese es el motivo por el cual en la Guajira votan tantos muertos. Milagros de la democracia y eso que ninguno se llama Lázaro.
El palabrero es el jefe que lleva la vocería y representación absoluta de la comunidad Wayúu. En wayúunaiki, la lengua autóctona de la etnia, llaman alijunas a los no nativos. Es decir: a mulatos, afros, blancos, rubios, mestizos y todo lo demás.
Ellos saben que el presidente Gustavo Petro arribó a lo mismo y arañar los votos del próximo 29 de octubre. Como todos los bogotanos, paisas, vallunos, santandereanos, costeños, etc, llegan desde la capital a imponer las soluciones desconociendo su entorno y su cultura.
La Península es el santo grial de las energías del futuro. Todos los políticos y empresarios la quieren, la miman y le han declarado amor eterno. Ese romance hipócrita solo busca permisos para montar parques eólicos, hidrógeno verde y granjas solares para ganar euros y pagarles beneficios en desvalorizados pesos. El pie de página del contrato dirá que las regalías son para obras en municipios, es decir para los políticos ladrones de siempre. Al final, el wayúu seguirá paupérrimo. Antes que energías limpias se necesitan gobiernos limpios.
En la comitiva presidencial se nota que hay wayúus vendidos a los alijunas. Indígenas traicionando a los indígenas. Como el finado bogotano, Samuel Moreno, robándose el erario del Distrito Capital, con los Nule, Inocencio Meléndez, Emilio Tapias y demás plagas humanas.
El presidente considera que a cambio de la visita con su tribu cachaca los palabreros y comunidad los tratarán como el mesías. Ellos saben que es la historia de cada cuatro años del alijuna pidiendo votos por soluciones pasajeras sin consultarles. Contratando desde Bogota y dejándoles las migajas.
Los indígenas saben que la izquierda, el centro y la derecha son iguales de pícaros.
En su arquetipo no tienen estructuras políticas porque los wayúu no se dejan dividir por esa descomposición partidista montada por las tres ramas del poder público. Eso no lo practican en sus territorios y comunidades por ser un modelo que les quieren imponer los alijunas.
Todos los presidentes firman las propuestas en una línea de arena y los wayúu saben mucho de vientos y tempestades.
Conocen que el alijuna Petro, quiere quitar el carbón a cambio de montar megaproyectos de energía solar, verde y eólica, para que sus amigos, alijunas extranjeros, se lleven las millonarias ganancias.
Palabrero no come historia a cuentero alijuna presidente.
Recuerdan al alijuna Juan Manuel Santos, cuándo se hizo bautizar por los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta a cambio de mejorarles su vida ? Ahí están, nueve años después, más jodidos que nunca haciendo fila en el carrusel de Petro.
La etnia wayúu se ha convertido en paisaje donde los burócratas de Bogotá y Riohacha hacen turismo de contratación para conseguir apartamentos en Cartagena y Miami.