El acoso escolar y la ausencia de autoridad

7 diciembre 2017 1:45 am

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"El horror del niño víctima de acoso se produce porque, al no pasar su deseo por la mediación del reconocimiento y quedar así desamparado por la autoridad que no lo protege, se encuentra a merced del empuje del Otro a avasallarlo" (Héctor Gallo)

Me imagino que todos los lectores, o la mayoría, ha oído hablar de bullying, acoso o violencia escolar, pero sin dedicarle la atención que merece, a pesar de los estragos que causa en nuestra sociedad, incluyendo deserción y muerte de niños para quienes la vida deja de tener sentido o la escuela se convierte en un calvario insoportable. Tampoco pretendo llamar la atención para que conductas, verdaderamente normales en el contexto escolar, sean cobijadas con estos términos, me refiero a los empujones, trompadas, críticas, choques fortuitos, discusiones, burlas ocasionales, bromas graciosas sin interés cruel, etc.

La palabra bullying, en español acoso, pasó de ser una expresión de afecto a convertirse en agresión, desde el siglo XVI a nuestros días. Pero, qué es, realmente? Son esas situaciones violentas en las que se introduce un más allá de la lucha por el reconocimiento y, en consecuencia, se manifiesta, ya no un fracaso del diálogo, sino una ausencia radical del mismo; la palabra queda por fuera, no hace parte del discurso y es reemplazada por el grito, la vociferación, el insulto, el improperio y el sarcasmo. Aquí, las acciones agresivas son calculadas, sistemáticas y siempre se dirigen al mismo blanco que no ha hecho nada para ser atacado; tampoco hace algo para dejar de ser atacado.

Con base en lo anterior, hay varios elementos que son comunes en el acoso:

– El cálculo anticipado, por parte del acosador, de dañar al otro

– La repetición sistemática del daño

– La permanencia del objeto al que se dirige la agresión y su indefensión

– Cálculo inconsciente de la víctima para no hacer nada por salir de la situación a la que se ve sometido

– Cálculo relacionado con un beneficio del cual no tiene noticia.

-Hay una satisfacción de parte del acosado, que no puede sentirla como tal en la conciencia, más la satisfacción sádica del acosador, que casi siempre es consciente.

– Causa dolor y sufrimiento

– Hace posible la intimidación de la víctima

El acosador se fascina por dañar al más débil, a aquél que no tiene idea de cómo hacerse valer, que es incapaz de impedir que se aprovechen de él; es presa de un empuje a someter, mientras el acosado se muestra frágil, indefenso y miedoso, pasando a ser objeto de burla, humillación y acoso.

El niño víctima de acoso, generalmente, aparece excluido del coraje, es alguien sin agallas, sin valentía y muchas veces prefiere suicidarse para descansar, en lugar de enfrentarse al riesgo de seguir viviendo.

En nuestro tiempo, la autoridad se ha debilitado o paralizado en su funcionamiento, hecho que estimula la proliferación del acoso del más fuerte sobre el más débil, además, incentiva formas de desafío a quien ostenta la autoridad. En todas las relaciones se presenta un ejercicio de poder, unas veces, consentido, otras, no. El paso de la tensión agresiva a la violencia se ve facilitado entre los pares y entre superiores y alumnos porque la autoridad se muestra "cada vez más inestable, caduca incluso" (Lacan).

Para Gallo (2017), el problema es que la autoridad que debería neutralizar el conflicto y ordenar la vida grupal con base en principios de civilidad que impiden chocar a toda hora con el semejante, ya no opera con eficacia en el orden simbólico actual; de allí que predomine la promoción del "yo", conforme a la concepción utilitarista del hombre que la secunda, a realizar cada vez más al hombre como individuo, es decir, en un aislamiento del alma cada vez más emparentado con su abandono original; la promoción de la individualidad empuja a que cada quien se las arregle como pueda y a sentirse tan desamparado como cuando vino al mundo.

Según algunos pensadores, el modelo más apropiado de autoridad que no asedie ni maltrate, es la autoridad analítica, pues el poder de ésta no se define a partir de la dominación, el adoctrinamiento, la amenaza o la vigilancia excesiva; por el contrario, no le ofrece identificaciones al sujeto ni responde siempre a la demanda.

La autoridad no cumple su verdadera función creadora sino allí donde hay posibilidad de crítica y cuestionamiento, ya que donde es acogida pasivamente queda negada la invención. Mientras los profesores de primaria, bachillerato y universidad consientan en apegarse sin crítica ni reserva a estándares de enseñanza, se quedarán sin captar dónde está la razón de ser de su pretendida autoridad.

En las anteriores líneas se propone asumir un nuevo modelo de autoridad y cambiar enfoques de educación obsoletos como una manera de luchar contra esos tiranos llamados acosadores.

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