La palabra encuesta viene del latín "IN" -en- y QUAERERE -indagar o preguntar-; se refiere a un grupo, conjunto o recopilación de preguntas tipificadas que está representado mediante una muestra representativa de un grupo social para indagar estados de opinión o también mediante una cuestión que lo afectan. Se trata de una aproximación a una tendencia en un momento dado.
Pero una cosa es tipificar -según la RAE-, ajustar varias cosas semejantes a un tipo o norma común; representar el tipo de la especie o clase a que pertenece) y otra, manipularlas de acuerdo con necesidades particulares de los medios de comunicación o los directorios políticos.
Cuando cursé estudios de pregrado y posgrado me enseñaron que la encuesta era un instrumento para recolectar información cuantitativa o cuantificable y que existían técnicas específicas para elaborar las preguntas de acuerdo con los objetivos propuestos, como también, para realizar el proceso de interacción con el encuestado. Mis profesores eran muy cansones cuando se trataba de definir la población y la muestra. A la hora de recolectar y sistematizar la información no nos dejaban respirar. Pero, la cosa se ponía más peluda a la hora de analizar, interpretar y presentar los resultados; daba la impresión de que íbamos a montar una firma encuestadora.
En la vida real, las cosas tienen otras condiciones en Colombia, pues hay que mirar quién paga la encuesta; generalmente, quien paga es el que gana, llámese medio de comunicación, partido político, colectivo ciudadano o grupo de presión. Además, al momento de seleccionar la muestra y su ubicación no se tiene en cuenta la dinámica poblacional o rotación de las poblaciones, de allí que los resultados no reflejen lo que piensa la gran mayoría colombiana.
Algo que hay que tener en cuenta es que se les pregunta a los encuestados por el sentimiento que tienen hoy y esa foto puede cambiar con el tiempo, gracias a campañas o guerras sucias a través de los medios de comunicación o las redes sociales; basta recordar mensajes que han hecho tambalear candidaturas, decisiones y acuerdos: "Timochenko va a ser el próximo presidente", "Colombia se va a convertir en una Venezuela", "El castrochavismo se va a establecer en nuestro país", "Humberto de la Calle es el candidato de las Farc", "Con Santos va a desaparecer Familias en Acción", "Los pensionados van a perder sus pensiones". Iguales expresiones han buscado el enojo y la ira de los electores en otros países, como Estados Unidos e Inglaterra, con los resultados que ya conocemos. Demeritar al contrario, denigrar de él o inventar tragedias a costa de los otros candidatos es la forma de hacer política hoy para conseguir votos de los asustados e ingenuos colombianos.
Ahora bien, la presentación de los resultados es un verdadero show mediático en el cual no se muestran las tendencias, sino que se marcan o redirigen de acuerdo con los gustos de los consumidores, en este caso, los que han contratado o pagan la encuesta; las gráficas o histogramas de frecuencia, con su colorido espectacular, más los análisis y conclusiones de los "expertos" invitados, no buscan otra cosa que predisponer el voto y la decisión de los incautos. En pocas palabras, eligen candidatos y predeterminan nuestras decisiones.
Tengo algunas preguntas para los lectores: ¿Saben ustedes cómo interpretan los periodistas y expertos los resultados? ¿Cuál es el interés de quien los interpreta? ¿Quién contesta la encuesta? ¿A quién representa esa persona? ¿A qué hora se hace la encuesta? -en horas de trabajo-, ¿Cómo se hace la distribución geográfica, con qué criterios, al azar? ¿Quién y cómo revisa el marco muestral? ¿Es representativa la muestra definida?. Creo que ni ustedes ni yo lo sabemos. Lo que sí se sabe es que cada medio de comunicación tiene su propia firma encuestadora y la focaliza como si se tratase de una encuesta de mercadeo para soportar sus agendas particulares.
Afortunadamente, el Consejo Nacional Electoral, debido a las innumerables quejas sobre estas "empresas del dato", ha iniciado serias investigaciones sobre las mismas; "el día de la quema se verá el humo" era la sentencia del maestro de Matemáticas cuando nos quería asustar. Ojalá no vuelva a pasar el fiasco vivido por Antanas Mockus cuando fue candidato a la presidencia y encabezó las encuestas durante todo el tiempo que precedió a las elecciones; a la hora del té no salió elegido; la gran explicación de Jorge Londoño fue: “La opinión pública no es lineal y a Mockus todas las encuestadoras lo ubicamos arriba, pero en el último momento, la tendencia bajó". Como decía mi abuela: "Este si descubrió el agua tibia".